Israel abre las urnas con la continuidad de Netanyahu en juego tras tres años de guerras
- Más de 7,3 millones de electores están llamados a votar en los primeros comicios desde el 7 de octubre
- La oposición encabezada por Eisenkot busca una mayoría alternativa tras una campaña marcada por Irán o el respaldo de Trump
A las 7:00 de la mañana, hora de Israel - las 6:00 en la España peninsular -, han abierto este martes los colegios electorales en los primeros comicios legislativos desde los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023. Más de 7,3 millones de ciudadanos están llamados a renovar los 120 escaños de la Knéset y decidir el futuro político de Benjamín Netanyahu después de tres años de guerras y profundas divisiones internas.
La votación se prolongará, con carácter general, hasta las 22:00 - las 21:00 española peninsular -, cuando las televisiones difundirán sus sondeos a pie de urna. Esas estimaciones ofrecerán una primera imagen del reparto parlamentario, pendiente del escrutinio y de unas negociaciones para formar Gobierno que pueden prolongarse durante semanas.
Una hora después del comienzo de la jornada, la Comisión Electoral Central ha comunicado que más del 95% de las mesas habían notificado su apertura. El organismo ha precisado que la falta de comunicación de las restantes no significa necesariamente que permanecieran cerradas, aunque podía haber retrasos puntuales.
Entre las primeras incidencias, la Policía investiga el incendio durante la noche de una valla electoral de Yashar, el partido de Gadi Eisenkot, a la entrada de Dimona, en el sur del país. En Beit Shemesh, medios locales han informado de que un grupo de manifestantes depositó basura ante el acceso a un colegio y colocó carteles llamando a no votar, sin precisar si el incidente interrumpió la votación.
El presidente israelí, Isaac Herzog, ha votado junto a su esposa, Michal, en el barrio de Rehavia, en Jerusalén. Antes de la apertura de los colegios, familiares de víctimas y secuestrados del 7 de octubre se han reunido en la Plaza de los Rehenes de Tel Aviv. A las 6:29, la hora a la que comenzó el ataque de 2023, han guardado silencio y llamado a votar en recuerdo de quienes murieron. Entre sus demandas figura apoyar a las formaciones comprometidas con una comisión estatal de investigación que esclarezca las responsabilidades por los fallos que permitieron la matanza.
Una mayoría todavía por construir
Netanyahu llega a las urnas frente a una oposición cuyo principal referente es Gadi Eisenkot, exjefe del Estado Mayor y líder de Yashar. Los últimos sondeos de las principales televisiones situaban a ambos bloques por debajo de los 61 diputados que constituyen la mayoría absoluta. La encuesta del Canal 12 otorgaba 56 escaños a las formaciones opositoras judías, 50 a los aliados del primer ministro y 14 a las dos listas de mayoría árabe.
La alternativa reúne a fuerzas que van desde la derecha hasta la izquierda sionista, con diferencias sobre los apoyos que aceptarían para gobernar. Ra’am, el partido islamista de Mansour Abbas, se ha mostrado dispuesto a colaborar, pero varias formaciones opositoras rechazan compartir Ejecutivo con él. También será relevante qué pequeñas listas superan el umbral electoral del 3,25% y cómo se distribuyen los votos entre los partidos que obtengan representación.
Además de las responsabilidades por el 7 de octubre, la campaña ha expuesto las divisiones sobre la independencia judicial y las exenciones del servicio militar para los ultraortodoxos. Eisenkot promete reforzar las instituciones y mejorar las relaciones internacionales; los seguidores de Netanyahu reivindican su liderazgo durante las guerras y su capacidad para proteger al país.
Anuncio de la campaña televisiva en el que aparecen el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu - a la derecha -, y su principal rival, el candidato opositor Gadi EisenkotAFP
Irán en el centro del mensaje electoral
El primer ministro ha situado la amenaza iraní en el centro de su mensaje final. El domingo compartió una publicación del activista derechista Yuval Bloomberg con una imagen generada por inteligencia artificial de una explosión nuclear sobre Tel Aviv. El texto advertía de un posible "segundo Holocausto" y presentaba como decisivo contar con un dirigente capaz de enfrentarse a Teherán junto a Donald Trump. La publicación planteaba un escenario hipotético, sin acreditar un ataque inminente, y contrastaba con las anteriores afirmaciones de Netanyahu sobre los daños infligidos al programa nuclear iraní.
Estas advertencias han coincidido con informaciones, rechazadas por el Gobierno, sobre gestiones para atacar Irán antes de las elecciones. CNN publicó el lunes, citando a dos funcionarios estadounidenses y una fuente de seguridad israelí, que Netanyahu había intentado obtener el respaldo de Trump para una operación conjunta. Según la cadena, Washington pidió esperar hasta estar preparado. La oficina del primer ministro calificó la información de falsa.
Por separado, el Canal 12 informó de discrepancias entre Netanyahu y el jefe del Estado Mayor, Eyal Zamir, sobre una acción militar no especificada que podía desencadenar una escalada con Irán. Netanyahu negó ese enfrentamiento. El ministro de Defensa, Israel Katz, rechazó tanto las supuestas discrepancias como la existencia de planes para iniciar un ataque antes de las urnas. El Ejército sostuvo que sus decisiones responden exclusivamente a criterios profesionales y de seguridad.
Trump sí ha pedido públicamente la reelección de Netanyahu y reiteró su apoyo el domingo, vinculándolo a los objetivos compartidos frente a Irán. Ese respaldo se ha convertido en uno de los principales argumentos del dirigente israelí para reivindicar su continuidad.
Las circunstancias de esa segunda intervención están, sin embargo, discutidas. Axios informó de que Netanyahu había solicitado nuevas muestras de apoyo ante la falta de un impulso suficiente en las encuestas, e incluso sugerido posibles fórmulas para expresarlo. El lunes, preguntado por esas gestiones, Trump negó haber hablado del asunto con él. El Likud también rechazó que su líder hubiera pedido el respaldo.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, llega a bordo del Air Force One al Aeropuerto Internacional Presidente Donald J. Trump, en West Palm Beach, Florida.Mark SchiefelbeinAP / Mark Schiefelbein
Las criptomonedas y el coste del aislamiento
La economía ha ocupado otro de los debates del final de campaña. Netanyahu planteó estudiar el uso de criptomonedas y de tecnología blockchain ante posibles sanciones contra los bancos israelíes. La propuesta llegó en un contexto de crecientes restricciones internacionales relacionadas con los asentamientos en la Cisjordania ocupada y provocó una respuesta pública del Banco de Israel.
La institución rechazó que las criptomonedas ofrezcan una vía para eludir sanciones y defendió preservar las relaciones con los principales socios comerciales y evitar nuevas restricciones. Netanyahu aseguró que tendría en cuenta sus objeciones, aunque mantuvo que decidiría según su criterio. La controversia ha situado el riesgo de aislamiento económico entre los asuntos de la recta final electoral.
Representación del bitcoin y otras criptomonedasREUTERS/Dado Ruvic
Conservar a los suyos y dificultar el relevo
Las advertencias de Netanyahu tienen como principal destinatario a su propio electorado, según interpreta la analista de opinión pública Dahlia Scheindlin en el podcast electoral de Haaretz. El columnista Joshua Leifer añade que el primer ministro también afronta competencia dentro de la derecha, donde las formaciones más radicales le disputan apoyos y cuestionan los resultados de la guerra desde sus aspiraciones territoriales.
Ambos discrepan sobre cuánto cálculo existe detrás de sus últimas intervenciones. Leifer considera que la propuesta sobre criptomonedas puede haber sido un tropiezo. Scheindlin evita atribuirle una intención que no puede demostrarse, pero identifica un efecto: Netanyahu vuelve a dominar los titulares y obliga a sus adversarios a responder. Incluso una declaración controvertida puede reforzar entre sus seguidores la percepción de que sigue siendo la figura que dirige la discusión política.
Esa fidelidad ayuda a explicar por qué el desgaste del Gobierno no se ha traducido en un vuelco electoral inequívoco. Scheindlin recuerda que parte de la pérdida de apoyos del Likud ya se había producido antes del 7 de octubre, durante la crisis provocada por la reforma judicial. La guerra tampoco ha borrado las lealtades: partidarios y detractores del primer ministro juzgan de forma opuesta unos mismos acontecimientos.
Frente a él, la oposición intenta atraer a votantes de derechas sin perder a quienes exigen una ruptura con el Gobierno. Leifer considera que esa búsqueda ha llevado a Eisenkot a una campaña excesivamente cautelosa, centrada en la unidad. Para Scheindlin, la actitud defensiva resulta especialmente visible en la cuestión de los partidos árabes: Netanyahu denuncia que sus rivales necesitan su respaldo, y estos responden distanciándose de unos apoyos que podrían resultar imprescindibles.
El desenlace dependerá de que sus adversarios conviertan el rechazo al primer ministro en un acuerdo para sustituirlo. Si nadie logra formar otro Gobierno y el país vuelve a elecciones, Netanyahu podrá permanecer en funciones. Su continuidad depende tanto de los apoyos que conserve como de la capacidad de sus rivales para pactar el relevo.

