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La Conferencia sobre Libia acuerda respetar el alto el fuego y el embargo de armas para lograr la paz

  • Los países implicados en el conflicto renuncian a toda interferencia en Libia en un acuerdo alcanzado en la cumbre en Berlín
  • Alemania ha resucitado la iniciativa europea sobre Libia frente a los intereses de Rusia y Turquía

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La Conferencia de Berlín sobre Libia acuerda respetar el alto el fuego y el embargo de armas

La canciller y anfitriona de la Conferencia sobre Libia celebrada este domingo en Berlín, Angela Merkel, ha anunciado el compromiso de los países asistentes, todos con intereses en el conflicto libio, a respetar el embargo de armas acordado en 2011 por Naciones Unidas. Su actual secretario general, el portugués António Guterres, ha señalado que "todos los participantes se han comprometido a renunciar a las interferencias tanto en el conflicto armado como en los asuntos internos del país".

Según este acuerdo, debería cesar tanto el apoyo militar de Turquía al gobierno de Fayed al Serraj, reconocido por la ONU, como el apoyo de Rusia al mariscal Jalifa Hafter, hombre fuerte de los rebeldes que dominan el este de Libia. 

Berlín ha sido durante todo este domingo el foro para discutir el futuro de del país norteafricano, inmerso en una guerra civil desde 2014 y agravada desde el pasado mes de abril, con el recrudecimiento de las hostilidades entre las dos principales facciones enfrentadas y con un saldo de 1.500 muertos entre combatientes y civiles y 100.000 desplazados por el conflicto.

En este contexto, se han reunido en la capital alemana el gobierno libio reconocido por la ONU y las fuerzas rebeldes. Cada una de estas facciones con sus respectivos aliados internacionales presentes también en la cita de Berlín. De Rusia a EEUU, pasando por Turquía, Francia, Italia y Alemania. Todos ellos, para tratar de sentar las bases de un proceso de paz.

Sin grandes expectativas

Dada la situación en el país norteafricano, el objetivo de la cita era modesto pero en absoluto sencillo: que las partes se comprometiesen a respetar un alto el fuego permanente (el acordado el pasado 12 de enero es violado a diario) y se empiece a cumplir de forma efectiva el embargo de armas, cuestión a la que también las potencias implicadas deben ceñirse.

A la cita de este domingo han asistido el jefe del Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA) de Libia, Fayed al Serraj, y el del Ejército Nacional Libio (LNA), Jalifa Hafter. A principios de semana ambos se dieron cita en Moscú y Hafter se marchó sin firmar la declaración de alto el fuego trabada con la mediación de Rusia y Turquía y con el "sí" del GNA.

En Berlín "se trata de apoyar los esfuerzos de la ONU para lograr una tregua y una vía para una solución política dentro de Libia", explicaba antes de la reunión el portavoz del Gobierno alemán, Steffen Seibert, quien, con realismo, ha considerado que "el problema de Libia no se puede arreglar en una conferencia".

En esta agenda de mínimos, los líderes mundiales han acordado en Berlín un compromiso de no intervención en Libia pero se ha aplazado la creación de una presencia internacional sobre el terreno con la misión de contirbuir a la paz. 

Una conferencia de grandes líderes y grandes intereses en juego 

La conferencia de Berlín, también llamada cumbre, ha convocado a los principales protagonistas directos e indirectos del conflicto: los presidentes de Rusia, Turquía y Francia, Vladímir PutinRecep Tayyip Erdogan y Emmanuel Macron, la canciller alemana, Angela Merkel, el secretario de Estado de EEUU, Mike Pompeo, la presidenta de la Comisión Europea (CE), Ursula von der Leyen, y secretario general de la ONU, António Guterres, con su representante especial para Libia, Ghassan Salameh.

Este póker de ases sugiere el complejo entramado de interferencias e influencias extranjeras en un conflicto alimentado por los intereses en las reservas de petróleo de Libia y las rivalidades políticas regionales en juego.

Hafter cuenta con el respaldo de Putin, que acusa a Occidente de haber sumido a Libia en el caos por propiciar la caída en 2011 del dictador libio, Muamar al Gadafi. También le apoyan Arabia Saudí, Egipto y Emiratos Árabes Unidos, además de contar con el músculo político de Francia y EE.UU. (que previamente estaba del lado contrario junto a la ONU, pero que juega aquí sólo un papel secundario).

Al GNA, por su parte, lo apoya políticamente la ONU y económicamente la UE, Italia y Catar, mientras que el respaldo militar, no sin polémica, se lo proporciona Turquía.

Un conflicto a las puertas de Europa

Alemania, en un intento de mediar que recuerda en cierta medida al agridulce esfuerzo en Ucrania, trata de estabilizar otro foco de problemas a las puertas de la UE, que dividida también en este asunto ha sido incapaz de ejercer liderazgo en el conflicto y buscar una salida diplomática.

Tanto a la UE como a Alemania les interesa la paz en Libia por su potencial energético, pero también porque es una de las rutas migratorias principales de África a Europa, y el caos favorece a los traficantes de personas e impide taponar esa vía con la controvertida fórmula que se empleó con Turquía.

Algunos expertos han apuntado a este respecto que los llamados vecindarios este y sur de la UE, hasta hace unos años separados y con problemas diferenciados, se están fusionando con una Rusia y una Turquía cada vez más activas en el tablero internacional, en busca de influencia en el Mediterráneo ante la impotencia comunitaria.

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