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Silenciados

Mujeres forzadas a huir

Las mujeres y niñas en tránsito afrontan mayores riesgos y ven agravadas sus necesidades médicas durante el desplazamiento.

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El 60% de las mujeres del Aquarius viajaban solas
El 60% de las mujeres del Aquarius viajaban solas Anthony Jean / SOS MEDITERRANEE.

Humaira es rohinyá y tiene dos hijos: Muhammad, de 7 años, y una bebé de unos meses, Ruzina. La violencia la apartó de su esposo. Consiguió escapar de Birmania con la única compañía de su hijo. Estaba embarazada, muy embarazada. Caminaron durante jornadas por el bosque, comieron hojas de los árboles y durmieron a la intemperie. Acabaron llegando a la lengua de marque separa Birmania de Bangladesh.

En el mismo bote en el que cruzaban, Humaira se puso de parto. "Los barqueros y otra mujer me ayudaron a dar a luz". Tres horas tardó Ruzina en nacer.

Muhammad juega con Ruzina en el centro de MSF en Jamtoli. ANNA SURINYACH

La familia de Humaira forma parte de los más de 700.000 rohinyás que desde agosto de 2017 han buscado seguridad en Bangladesh, huyendo de la violencia extrema en Birmania. La pequeña Ruzina forma parte ya de las más de 68 millones de personas que están desplazadas por la violencia, los desastres naturales o las persecuciones políticas. Personas que han tenido que dejar atrás su hogar para tratar de poner a salvo sus vidas. Desde que se tiene registro, nunca ha habido tantas personas desplazadas. Y la mitad son mujeres y niñas.

Como cualquier otro día, hoy 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, miles de mujeres como Humaira se verán forzadas a abandonar sus hogares. La cifra de personas desplazadas ha aumentado considerablemente como también lo ha hecho el número de mujeres y niñas desplazadas internas, migrantes, solicitantes de asilo o refugiadas.

Mujeres desplazadas transportan carbón y se dirigen al centro de protección de civiles de Malakal, Sudán del Sur. MSF / ALBERT GONZALEZ FARRÁN

Necesidad de tratamiento médico urgente

Sus viajes en busca de seguridad se han diversificado y han tomado nuevas rutas y más largas. No necesitan nuestro juicio, sino protección, atención médica y apoyo a lo largo de su arduo camino. Los problemas médicos más importantes que sufren las niñas y mujeres desplazadas, son, sobre todo, urgencias obstétricas y violencia sexual.

Son más vulnerables cuando los mecanismos de apoyo social colapsan, el acceso a la asistencia sanitaria se complica

"Las mujeres desplazadas tienen las mismas necesidades de salud que el resto de mujeres. Como ellas, necesitan tener acceso a planificación familiar y necesitan un lugar seguro para dar a luz a sus hijos. Sin embargo son más vulnerables cuando los mecanismos de apoyo social colapsan, el acceso a la asistencia sanitaria se complica y sus necesidades se agravan por el hecho de estar en movimiento. Es este mismo desplazamiento el que reduce o elimina por completo la posibilidad de acudir a un médico o a un centro de salud durante su odisea", explica Sonia Guinovart, especialista en Ginecología de Médicos Sin Fronteras (MSF).

La enfermera y matrona Furaha Bazikanya, examina a una joven embarazada en la clínica móvil de MSF en la aldea de Kier, Sudán del Sur. MSF / FREDERIC NOY

Las estadísticas nos dicen que, en cualquier lugar del mundo, el 42% de los embarazos presentan una complicación y que en el 15% hay complicaciones graves, potencialmente mortales y que requieren atención médica urgente. Resulta evidente que la falta de acceso a la atención obstétrica de urgencia hace que dar a luz sea extremadamente peligroso para las mujeres desplazadas.

De hecho, las cesáreas son las intervenciones de cirugía mayor más habituales tras un conflicto o desastre natural, más incluso que las practicadas a heridos de guerra. Asimismo, debido al estrés de la huida, aumenta el riesgo de aborto espontáneo o de parto prematuro, lo que pone en peligro tanto la vida de la madre como la del bebé.

Camille, matrona del hospital de MSF en Old Fangak (Sudán del Sur), enseña a una asistente de parto tradicional cómo vacunar a una paciente embarazada. MSF / FREDERIC NOY

La violación como arma para aterrorizar

Es evidente que, sin una intervención profesional a tiempo, sus vidas corren peligro y este riesgo se prolonga en el tiempo. Se ha demostrado que, cuando una madre fallece, la probabilidad de que sus otros hijos menores de 12 años mueran en los dos años siguientes se multiplica por 10.

Se estima que una de cada tres mujeres ha sufrido o sufrirá a lo largo de su vida algún tipo de abuso o agresión sexual. El riesgo es aún mayor en situaciones de desplazamiento, especialmente en mujeres que viajan solas y en adolescentes.

Durante los conflictos, la violencia sexual, violación incluida, puede utilizarse como arma para humillar o aterrorizar a la población. También la emplean los guardias fronterizos que, abusando de su poder, coartan a estas mujeres y las obligan a tener sexo con ellos a cambio de comida o de otras necesidades básicas. El colapso del sistema legal y policial que suele acompañar los conflictos aumenta el riesgo de impunidad. Cuando cruzan de un país a otro, las mujeres corren el riesgo de ser asaltadas, cuando no raptadas por los traficantes de seres humanos.

Marisol, hondureña de veinte años, decidió no subirse el tren de carga 'La Bestia' porque era demasiado peligroso viajar sola. MSF / MARTA SOSZYNSKA

Mayor vulnerabilidad ante la soledad

Durante 2018, el Aquarius, el barco de búsqueda y salvamento de MSF y SOS Méditerranée, asistió a 566 mujeres y niñas en el Mediterráneo central. De ellas, 53 estaban embarazadas. El 60% de las mujeres asistidas viajaban solas, lo que las convertía en otro grupo muy vulnerable.

Jonquil Nichol, fue matrona en el Aquarius. "Vimos muchas supervivientes de violencia sexual. Recuerdo un día en el que rescatamos a 16 mujeres embarazadas. De ellas, siete habían sufrido violencia sexual [en Libia y en el camino]", señala Jonquil. Para muchas mujeres, el Aquarius fue el lugar en el que pudieron ver a un médico durante el embarazo por primera vez.

A miles de kilómetros de distancia, los riesgos son similares. En 2015 MSF llevó a cabo una encuesta aleatoria a migrantes y refugiados en México. Casi un tercio de las mujeres encuestadas manifestaron haber sufrido abusos sexuales durante el viaje por el país. Además, el 60% de las 166 víctimas de violencia sexual atendidas en las clínicas de MSF habían sido violadas; el resto sufrieron otro tipo de agresiones y vejaciones sexuales, incluida la desnudez forzada.

Muchas se ponen una inyección anticonceptiva porque saben que les pueden violar o hacerles cualquier cosa

"Muchas [migrantes] se ponen una inyección anticonceptiva porque saben que les pueden violar o hacerles cualquier cosa", explicaba Marisol, hondureña de 20 años, que ha decidido pedir asilo en México. Espera respuesta mientras brinda apoyo a otras mujeres víctimas de abusos. Llegó a México pensando alcanzar el sueño estadounidense pero decidió no subirse el tren de carga conocido como La Bestia porque era demasiado peligroso para viajar sola.

Un grupo de mujeres en el patio del albergue de migrantes `La 72¿, en la ciudad mexicana de Tenosique. MSF / JUAN CARLOS TOMASI

Nadia Rivera, psicóloga de MSF en México, ha escuchado demasiados relatos que confirman el riesgo. "No es infrecuente que mujeres migrantes embarazadas decidan emprender camino cuando se acerca la fecha del parto. Creen que el embarazo les protegerá y que sus hijos nacidos en suelo mexicano recibirán la nacionalidad. Sin embargo, son las más vulnerables en esta ruta".

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Miedo e inseguridad

Con frecuencia, las familias se separan durante los conflictos, lo que incrementa la vulnerabilidad de mujeres y niñas. En los campos de refugiados o desplazados, las mujeres solas se exponen a mayor inseguridad. Es el caso de, Fátima (nombre ficticio), refugiada iraquí en el campo de Moria, en la isla griega de Lesbos, que compartía así sus miedos con los equipos de MSF. "Vivimos con miedo, no nos sentimos seguras. Un hombre atacó a mi hija mayor, que solo tiene 17 años. La Policía lo vio y no hizo nada. Nos sentimos indefensas. Mi hija menor, con 14 años, lleva siempre lleva un cuchillo consigo, dice que se va a hacer daño".

Vivimos con miedo, no nos sentimos seguras

"La situación en Moria llegó a tal extremo que tuve que coser las muñecas de una adolescente y de su madre que habían intentado cortarse las venas a causa de la desesperación", recuerda Idoia Moreno, coordinadora de la clínica pediátrica de MSF en las afueras del campo.

El campo de refugiados de Moria, en la isla griega de Lesbos, acoge a más de 5.000 personas, el doble de su capacidad.Robin Hammond/Witness Change. WITNESS CHANGE / ROBIN HAMMOND

En las emergencias no suele cubrirse la planificación familiar, que solo se introduce cuando la situación se ha estabilizado. Muchas mujeres desplazadas, entre ellas las adolescentes, no pueden seguir su tratamiento anticonceptivo porque lo han perdido durante el desplazamiento o debido a la interrupción de los servicios de salud.

La planificación familiar reduce los embarazos no deseados y, por consiguiente, los abortos no seguros que causan el 13% de las muertes maternas en todo el mundo. También brinda a las mujeres la capacidad de espaciar los partos, lo que mejora las posibilidades de éxito del embarazo, y evita los riesgos asociados a tener un gran número de embarazos y alumbramientos.

Rasha: "La muerte de mi tío me conmocionó y traumatizó"

Las mujeres desplazadas suelen vivir experiencias traumáticas, desde perder a seres queridos hasta presenciar o sufrir casos de violencia extrema. Las inseguras condiciones de vida en los campos de refugiados y la incertidumbre, la separación de la familia, el miedo…constituyen factores de estrés que pueden afectar a su bienestar mental y derivar en trastornos psicológicos como la depresión, la ansiedad o el estrés postraumático.

Rasha, de 11 años, huyó de Mosul y vive con su padre, Halif, en el campo de Hasansham. Durante los enfrentamientos entre el Estado Islámico y el Ejército iraquí, Rasha presenció muchos episodios de violencia, alguno tan cercano como la muerte de su tío, que le traumatizaron. Rasha ha estado recibiendo apoyo psicológico de MSF para superar sus miedos y volver a ser poco a poco la niña que fue.

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