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Soraya Sáenz de Santamaría, la copiloto de Rajoy en Moncloa pide ponerse a los mandos del PP

  • Tras ganar el voto de los militantes, ha centrado su campaña en su derecho a ser la nueva presidenta del PP
  • Con un perfil gestor y constantes llamadas a la "unidad" y la "integración", busca superar una alianza interna contra ella

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Soraya Sáenz de Santamaría, en un acto con afiliados del PP en Pontevedra.
Soraya Sáenz de Santamaría, en un acto con afiliados del PP en Pontevedra. EFE

Soraya Sáenz de Santamaría entiende sobre todo de leyes, pero se ha pasado las últimas semanas sin soltar la calculadora. Integraciones y sumas son las operaciones principales que la han tenido ocupada. Con la primera ha querido extender a su rival por presidir el PP, Pablo Casado, el principio electoral del partido de conceder el poder a la lista más votada, y subsumir su candidatura en una única y aglutinadora. Con la segunda, busca reunir los apoyos de los compromisarios con los que hacer buena la victoria parcial que le dieron los militantes el pasado 5 de julio.

A estas dos formulaciones se ha remitido ora sí ora también la campaña electoral de la hasta hace un mes y medio la mujer más poderosa de España, el miembro del Gobierno de Mariano Rajoy mejor valorado en las encuestas del CIS, y está por ver si la favorita en las filas del PP.

A la vista de los votos que parece arrastrar el apoyo de otros rivales en las primarias, sobre todo el de María Dolores de Cospedal, a la candidatura de Casado, Sáenz de Santamaría se resiste a dejarse ganar: "Las cuentas de la vieja no funcionan", ha insistido cada día mientras recorría España buscando votos.

Desde que se convirtió en colaboradora fiel de Rajoy, para el que ha trabajado durante casi dos décadas, María Soraya Sáenz de Santamaría Antón (Valladolid, 1971) estaba señalada como candidata a sucederle, con el mismo razonamiento que se podía aplicar a Cospedal, número dos en el PP. Del duelo entre ambas salió claramente victoriosa Santamaría, pero el nuevo procedimiento de doble vuelta del PP la deja ahora a merced de una nueva suma de alianzas, en la que la exvicepresidenta ha de reunir un número mayor de simpatías y ganar a las antipatías contra ella que se aúnan para vencerla.

A ello se ha dedicado en una campaña que ha girado más en torno a su derecho a ser presidenta del PP -derivado del "mandato" de los militantes en las urnas, avalado por su trayectoria en el Gobierno y adornado por el hito de llegar a ser la primera mujer que lo conseguiría- que a los contenidos con los que desea transformar el partido.

Santamaría ha sido antes la opositora que presenta sus méritos al cargo que la candidata que enuncia su programa y promesas, y hasta el debate que pedía su rival quería convertirlo en una cita para forjar un acuerdo. De hecho, la principal razón con la que pide el voto de los compromisarios la ha presentado casi como una credencial: "Porque puedo ganarle a Pedro Sánchez".

Imagen labrada en la oposición y el Gobierno

Y es que la imagen de Sáenz de Santamaría es, en esencia, la de gestora política y mujer de Gobierno, aunque sus detractores la tachen por ello de tecnócrata y carente de ideología ni proyecto claro. Alejada de la cúpula del partido -salvo un breve período como secretaria ejecutiva de Política Autonómica y Local-, ha construido más su liderazgo fuera del PP que dentro.

Abogada del Estado, casada con otro abogado del Estado, José Iván Rosa Vallejo, tuvo a su hijo, Iván, nueve días antes de que el PP ganara las elecciones por mayoría absoluta y convertirse en vicepresidenta del Gobierno.

Con fama de 'empollona' -fue premio fin de carrera y obtuvo la plaza de abogada del Estado a los 27 años-, Sáenz de Santamaría es reconocida por ser trabajadora tenaz y hábil parlamentaria, un rol en el que destacó sobre todo en las sesiones de control al Gobierno.

De su capacidad habla que llegara al Congreso en el año 2004, con 32 años, en sustitución de Rodrigo Rato -nombrado entonces director del Fondo Monetario Internacional- y que cuatro años después, Rajoy la hiciera portavoz del grupo parlamentario, y rostro de la oposición en el Congreso. Dejó el cargo en 2011 para pasar a ser vicepresidenta del Gobierno, además de ministra de la Presidencia y portavoz y al frente además del Centro Nacional de Inteligencia (CNI).

Tras las elecciones de 2016, sumó a sus cargos las competencias en Administraciones Territoriales, a cambio de ceder la portavocía, lo que la convirtió en la abanderada del Gobierno para hacer frente al desafío independentista en Cataluña. Una gestión que quiso afrontar desde el diálogo institucional con el vicepresidente catalán, Oriol Junqueras, como interlocutor, y que desembocó en un fracaso que le han recordado desde entonces sus críticos.

Campaña sin ideología

En ese período en el Congreso y el Gobierno formó a su alrededor un gabinete de afines, conocidos como los sorayos, dirigentes y ministros caracterizados por un perfil técnico, ideológicamente más centrista.

En su ya larga trayectoria, Sáenz de Santamaría ha evitado siempre las declaraciones altisonantes y ha encarado la atención de los focos sorteando preguntas comprometidas y, a la vez, intentando transmitir una imagen personal desenfadada. Así, se recuerdan varios hitos mediáticos como un baile en un programa de televisión en horario de máxima audiencia o haciendo pinitos como DJ en el cierre de campaña del 26-J.

Mientras que la primera vuelta de la campaña fue de guante blanco, la ajustada victoria de Sáenz de Santamaría, que ganó por menos de 1.600 votos de los militantes a Pablo Casado, ha endurecido el tono.

Sin embargo, Santamaría no ha querido apearse de la imagen 'presidencial' que considera su punto fuerte, y omitiendo enunciados programáticos, ha puesto mucho cuidado en hacerlo todo "en positivo", sin meterse con nadie aun cuando un vídeo en redes sociales de autoría desconocida propinara un golpe a su candidatura.

Lo suyo ha sido esparcir llamadas a la unidad diseminadas en los territorios donde los apoyos de los compromisarios pueden inclinar la balanza a su favor. Unidad e integración, ese ha sido el mantra con el que empezó esta carrera hace un mes delante de los leones del Congreso y con el que pretende llegar "hasta el final".

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