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 Trabajadoras sexuales con sus hijas  en su hogar de Tubmanberg, Liberia.
Trabajadoras sexuales con sus hijas en su hogar de Tubmanberg, Liberia. Plan Internacional

Mujeres y niñas, invisibles en la guerra

  • Las mujeres y las niñas son el colectivo más vulnerable en los conflictos

  • Violadas, secuestradas, torturadas, esclavas sexuales o reclutadas como soldados

  • Muchas son rechazas por su comunidad y se ven obligadas a prostituirse

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Violadas, secuestradas, torturadas, esclavas sexuales o reclutadas como soldados. El cuerpo de mujeres y niñas se ha convertido en botín de guerra. La mayoría de estos delitos quedan impunes porque ningún país en conflicto quiere reconocer el horror que padecen sus mujeres. Forzadas delante de maridos, hermanos e hijos, muchas sufren también el rechazo de su propia comunidad.

Carmen, de 20 años, es el nombre ficticio de una joven de Liberia. Tres hombres abusaron de ella durante la guerra. Ahora se dedica a la prostitución para poder criar a sus dos hijos de 10 y 7 años que no van al colegio. "Cuando empezó la guerra me violaron y me quedé embarazada. Di a luz a un niño que ahora tiene diez años. Después me quedé embarazada de un chico que me abandonó".

Cuando no sale a la calle a trabajar, ni ella ni sus hijos tienen dinero para comer. "No me gusta trabajar en la calle. Una mujer no debería estar deambulando por las calles, te encuentras a hombres y no sabes qué tipo de enfermedades te pueden contagiar. Pero hay que conseguir algo de comer para tus hijos".

Me violaron, me dejaron embarazada y mataron a mi madre y hermano

Carmen es uno de los testimonios recogidos por la ONG Plan Internacional que les enseña un oficio como peluqueras, panaderas, costureras o artesanas para que puedan salir del círculo de pobreza y ofrecer a sus hijos un futuro mejor. "Los hombres me violaron, me dejaron embarazada y mataron a mi madre y hermano, no puedo sentir ningún interés por ellos", se lamenta.

Carmen, violada durante la guerra de Liberia, se ha visto obligado a ejercer la prostitución. Fuente: Plan Internacional

Abocadas a la prostitución

Durante la guerra de Liberia, de 1999 a 2003, el 80% de las niñas menores de 18 años fueron violadas y, en la actualidad, 7 de cada 10 son madres solteras. "Las niñas son los pobres dentro de los pobres, son más vulnerables que los niños que no sufren mutilación genital, por ejemplo" asegura Concha López, directora de Plan Internacional.

Las violaciones son una arma de guerra para inyectar el miedo en las comunidades

"Las niñas son más fáciles de forzar y de violar", señala también David del Campo, Director de Cooperación Internacional de Save the Children. "Cuando se ejerce violencia contra menores y jóvenes, se inyecta miedo en las familias y a la comunidad. Es un arma de guerra para ejercer el control sobre todos ellos".

Además de las secuelas de una violación y el rechazo de los suyos, muchas jóvenes, sin estudios y cargadas de hijos, se ven obligadas a vender su cuerpo para sobrevivir. Silver tiene 29 años y también vive en Liberia. "Durante la guerra, cuatro hombres me agarraron y me violaron, uno detrás del otro. Me quedé embarazada de trillizos pero solo sobrevivió uno", cuenta. Después tuvo otros tres hijos de distintos padres que también la abandonaron. "Sí, hago la calle para conseguir dinero y mandar a mis hijos al colegio y pagar mi alquiler. No me gusta, pero ¿qué hago?", se pregunta Silver, una de las acogida por Plan Internacional.


Silver tiene 29 años y se quedó embarazada de uno de sus violadores. Fuente: Plan Internacional

Ramatu tenía 7 años cuando en 1991 comenzó la guerra en Sierra Leona. El 20% de las niñas violadas en este país eran menores de 11 años. "Entraron en mi casa, les dije que me dejaran que solo era una niña. Me ataron, me quitaron la ropa y me resistí pero uno de ellos me rompió un brazo y después me violaron". Años más tarde, Ramatu intenta rehacer su vida con la ayuda de la ONG Save The Children.

A la brutal agrexión sexual, muchas tienen que superar graves infecciones porque después de haber sido violadas, porque les introducen palos, cuchillos, machetes y piedras para destruirles los genitales. "Estas mujeres sufren una doble vivencia: por vivir en una zona en conflicto y por ser mujeres", señala David del Campo.

"Sin justicia ni reparación no hay futuro"

Durante el siglo XX, la violación se ha empleado en casi todos los conflictos. Desde Japón, Vietnam, Bangladesh, Camboya, Perú, Liberia, Somalia, Uganda, Haití, Cachemira hasta Afganistán. Agresiones sexuales que se consideraban "daños colaterales". El conflicto de Ruanda, que dejó entre 250.000 y 500.000 violadas, y las guerras de los Balcanes obligaron a la ONU a tomar cartas en el asunto. En el año 2000, Naciones Unidas aprobó la Resolución 1325 que reconoce este tipo de delitos como estrategia de guerra y se crearon tribunales para juzgarlos como crímenes contra la humanidad.

Ningún gobierno quiere admitir tanta barbarie

Sin embargo, ONG como Save the Children reconoce que la brutalidad ejercida contra mujeres y niñas en países en guerra es muy díficil de documentar. "Ningún gobierno quiere admitir tanta barbarie", asegura David del Campo. Si no se denuncian las agresiones sexuales, los violadores no pueden ser castigados por lo que "ni se inicia el camino de la justicia ni la reparación de las víctimas", añade el director de cooperación internacional de Save the Children.

Reclutadas como soldados, miles de niñas combaten por el día al enemigo y por la noche se convierten en esclavas sexuales. Adama era menor cuando fue secuestrada en un poblado de Liberia por grupos rebeldes durante la guerra civil: "Lo peor no era soportar el armamento en mis hombros, también me violaban, uno detrás de otro, y después me hacían cargar con las armas a la línea de fuego". "Debía hacer lo que ellos me decían porque si no me mataban". Según datos de Plan Internacional, el 40% de las niñas capturadas como soldados han intentado suicidarse.

Infancias truncadas por la violencia, menores al cargo de hermanos pequeños, casadas a la fuerza, niñas que se convierten en adultas casi desde que comienzan a andar. "No tener infancia, no poder jugar, no poder estudiar es no poder tener sueños". "Cuando les preguntamos a todas estas niñas con qué sueñan siempre nos dicen lo mismo: volver a la escuela", explica la directora de Plan Internacional, Concha López.

El Estado Islámico

Los nuevos conflictos bélicos siguen utilizando los mismos métodos contras las mujeres. Human Rights Watch ha recogido cientos de testimonios de las yazidíes, minoría de la etnia kurda, del salvajismo empleado contra ellas por los yihadistas en Irak. Matrimonios forzados, vendidas como esclavas sexuales y expuestas en primera línea de fuego para cargar las armas, muchas de ellas se han suicidado en masa cuando son devueltas a sus familias. Las que lograron escapar de las garras de los extremistas contaron a la ONG cómo habían matado a sus maridos delante de ellas, habían visto morir ahogadas a las más mayores y cómo habían obligado a casarse a las más jóvenes para tener hijos con los combatientes. La organización en defensa de los derechos humanos ha denunciado que el abuso sistemático contra los yazidíes puede constituir crímenes contra la humanidad.

Los crímenes del Estado Islámico contra los yazidíes

Traumatizadas por la violencia ejercida en sus cuerpos, repudiadas por sus maridos por miedo al contiago y estigmatizadas por su propia comunidad, estas mujeres dejan de existir porque la violación es tabú para muchas sociedades. Y esa invisibilidad las arrebata cualquier esperanza de hallar justicia.

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