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Venezuela: Un sistema electoral limpio, una campaña desigual

  • Expertos coinciden en que el voto automático es fiable
  • Ambos bandos usan los medios públicos en beneficio propio
  • Activistas de uno y otro bando hacen campaña en los colegios electorales
  • Desde 2007 no hay observadores internacionales

Especial: Elecciones presidenciales en Venezuela

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La oposición venezolana y el oficialismo chavista han cruzado toda clase de acusaciones e insultos durante la corta campaña electoral. El candidato de la Mesa de Unidad Democrática (MUD, oposición) Henrique Capriles ha llegado incluso a agitar el fantasma de un fraude electoral.

Hasta ahora, sin embargo, las elecciones en la República Bolivariana se han caracterizado por su limpieza, según los parámetros internacionales. Salvo en 2005, cuando decidió boicotear el proceso por "falta de garantías democráticas" (lo que a la larga se demostró un error político), la oposición siempre ha concurrido a las elecciones y ha aceptado sus resultados.

Tanto el chavismo como la oposición han ganado y perdido comicios: el fallecido presidente Hugo Chávez fue elegido con el 62% de los votos en 1998 y reelegido tres veces con más del 55%; la oposición, por su parte, gobierna en varios estados, entre ellos Miranda, el estado de Capriles.

Pese a esta limpieza, ambos bandos compiten por condicionar el voto antes de llegar a las urnas, con la utilización masiva de medios y canales públicos, el conocido como "ventajismo". 

"El mejor sistema electoral del mundo"

"De las 92 elecciones que hemos observado, diría que el proceso electoral en Venezuela es el mejor del mundo". Así se expresaba en septiembre de 2012 el expresidente de Estados Unidos Jimmy Carter, quien añadía que el sistema de su propio país era mucho peor.

La Fundación Carter ha escrutado el desarrollo político en el país latinoamericano desde la llegada de Chávez al poder. En su último informe, publicado tras las presidenciales del 7 de octubre, la Fundación destacaba que "el sistema de voto es el componente más fuerte del proceso electoral del país".

La misión de observación de la Unión Europea que participó en los comicios de 2005 también constató que el mecanismo de voto era "probablemente el más avanzado del mundo" y, en general, salvaguardaba el secreto y la limpieza de los resultados.

Dicho sistema es automático: el sufragio se realiza a través de un terminal y los datos se envían en tiempo real al centro de recuento. La máquina además emite un recibo, que el votante deposita en una urna. Estas papeletas sirven para hacer comprobaciones posteriores en mesas elegidas de forma aleatoria.

Los miembros de las mesas se eligen por sorteo y los partidos pueden nombrar "testigos" (interventores). Tanto antes como después de las elecciones se producen revisiones del mecanismo y de la lista de votantes.

Desde 2007, además, los votantes son sometidos a un sistema de doble identificación, mediante la presentación de documentación y la comprobación de la huella dactilar.

José David Carracedo, experto en voto electrónico y observador internacional en Venezuela en tres ocasiones, explica, en declaraciones a RTVE.es, que el procedimiento automático se adoptó a partir de 1998 para evitar el voto múltiple y el fraude en las actas, el llamado "matavotos", habitual en el periodo anterior. "Para 2008, el voto múltiple era igual a cero", asegura. 

"Ventajismo" e "intimidación"

Un asunto diferente es el uso de los medios públicos en beneficio propio de un candidato concreto, un fenómeno conocido en Venezuela como "ventajismo".

Aquí se incluyen la utilización impropia de empleados, edificios y medios de comunicación públicos y las declaraciones de representantes institucionales que debieran mantenerse neutrales. En este campaña, el cierre de las fronteras antes de lo que es habitual también se ha interpretado en clave electoral.

"El uso de recursos públicos a favor de un candidato es algo que se ha señalado siempre desde la Unión Europea", explica Carracedo, quien puntualiza que este abuso se produce "tanto en el lado chavista como en el opositor, en las gobernaciones que controlan". 

Como ejemplo de la confusión entre medios públicos y fines electorales partidistas, valgan dos ejemplos. El primero, el vídeo de dibujos animados en que Chávez sube al cielo, distribuido por la televisión pública venezolana; el segundo, la página web oficial del estado de Miranda, donde el gobernador Capriles hace campaña a favor de sí mismo.

Manuel Hidalgo, profesor de Política Comparada en la Universidad Carlos III de Madrid y que durante más de 20 años ha estudiado el caso venezolano, cree que este fenómeno se ha agravado en esta campaña, sobre todo con los anuncios de inversiones públicas por parte del "presidente encargado" y candidato del Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV, chavista), Nicolás Maduro.

"A nivel local, los candidatos de la oposición también practican ese juego, pero a nivel estatal los gastos en infraestructuras obviamente tienen más importancia. Podría decirse que el estado echa la casa por la ventana para ganar las elecciones", explica.

Por su parte, María Ángeles Díez, profesora de Sociología Política en la Universidad Complutense y experta en análisis comparado de sistemas democráticos, tacha las quejas opositoras de "ridículas" y sospecha que buscan justificar una previsible derrota de Capriles.

"Eso pasa en todos los países democráticos, cuando se da una identificación entre las declaraciones del Gobierno y las del candidato del partido que tiene el poder", añade en una entrevista telefónica con RTVE.es.

Díez, que participó como "acompañante" en las elecciones del 7 de octubre, destaca además que el 80% de los medios de comunicación están en manos de grupos privados que apoyan a la oposición.

Tampoco faltan denuncias de intimidación, tanto durante la campaña como el día de la votación, por la presencia en las calles de grupos organizados de partidarios de uno u otra facción. En las actuales circunstancias, con la política nacional muy polarizada y un alto grado de inseguridad, la tensión es palpable entre los seguidores de uno y otro candidato.

La presencia continua de activistas en los colegios electorales es también algo habitual y legal, al contrario que en España. A menudo reparten agua y comida y se aseguran de que sus partidarios llegan hasta los colegios. Es la práctica conocida "1x10": se pide a cada militante que convenza para registrarse a otras diez personas, y que se asegure de que no se quedan en casa el día de la votación.

La CNE y las listas electorales

El más reciente objetivo de los reproches de la MUD ha sido el Consejo Nacional Electoral (CNE). La constitución define a la CNE como una rama más del gobierno, denominada "poder electoral". Cinco rectores, supuestamente profesionales independientes, toman las decisiones por mayoría simple.

La oposición sostiene que la institución está, de hecho, dividida por líneas partidistas, y que cuatro de sus rectores son exmilitantes chavistas. Las descalificaciones al Consejo han subido de tono desde que la vicesecretaria de Estado de EE.UU., Roberta Jacobson, aireara sus sospechas de parcialidad, a lo que ha respondido la presidenta del órgano, Tibisay Lucena

Manuel Hidalgo cree que la actuación del CNE respecto a las denuncias de "ventajismo" es mejorable, aunque "en el ámbito técnico ha hecho muchos progresos". Según las encuestas, la mayoría de venezolanos confían en la independencia de la CNE, aunque el apoyo es menor entre los partidarios de Capriles.

Otro área de escrutinio es el censo electoral. El voto es voluntario con la constitución bolivariana de 1999, y quienes deseen ejercer su derecho han de registrarse. En las últimas presidenciales participó el 80,52% del censo, con el 97% de los electores potenciales registrados para votar (18,9 millones de personas).

Estos elevados datos han levantado sospechas de que la lista de electores pueda estar "inflada" con personas fallecidas o nombres duplicados, pero las revisiones no han encontrado ningún error masivo.

"Acompañantes" en lugar de "observadores"

La relevancia regional e internacional de Chávez y el experimento bolivariano hace que la política venezolana sea objeto de la atención internacional. Desde 2007, por decisión de Chávez, no hay "observadores internacionales" sino "acompañantes". La observación la llevan a cabo organizaciones locales, como Ojo Electoral o el Observatorio Electoral (OEV).

En las últimas elecciones el gobierno venezolano invitó a "acompañantes" de UNASUR, pero no de la Organización de Estados Americanos (OEA), a la que pertenece EE.UU. 150 de estos expertos internacionales serán testigos en estas presidenciales.

"El acompañamiento es diferente, no hay una tutela del proceso, no se tiene un acceso privilegiado a las mesas, hay menos información", explica Anna Ayuso, investigadora principal del Centro de Información y Documentación Internacional de Barcelona (CIDOB) para América Latina.

Ayuso destaca que, a pesar de la ausencia de observadores como tales, los países de la región siguen muy de cerca lo que ocurre. "Una de las cosas que dejaron claras los líderes que acudieron al entierro de Chávez, sobre todo Dilma Rousseff (presidenta de Brasil) es que no van a permitir que en Venezuela haya irregularidades".

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