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La escultura Cristina Iglesias posa junto su obra 'Corredor suspendido'.
La escultura Cristina Iglesias posa junto su obra 'Corredor suspendido'. EFE EFE/Juan M. Espinosa

El Reina Sofía expone la primera gran retrospectiva sobre Cristina Iglesias

  • La muestra reúne más de 50 piezas de esta creadora española

  • Comisariada por Lynee Cooke, se podrá ver hasta el 13 de mayo

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El Museo Reina Sofía presenta la mayor retrospectiva que se ha realizado hasta la fecha, dentro y fuera de España, sobre Cristina Iglesias (San Sebastián, 1956). Esta antología cuenta con más de cincuenta piezas y examina la amplia producción de la artista desde los inicios de su carrera, a mediados de la década de los ochenta, hasta la actualidad.

La muestra es una ocasión única para adentrarse en la obra de una de las creadoras españolas con mayor proyección internacional y conocer la fundamental contribución que ha hecho a la escultura. El título, Cristina Iglesias: Metonimia, se eligió, según la comisaria, “pensando en que esta presentación forma parte de algo mucho más amplio -la parte representa el todo- ya que una faceta de la obra de Iglesias no va a poder ser mostrada, y es la que hace referencia a sus trabajos públicos que, como es evidente, sólo se pueden incluir aquí a través de documentación”.

A través de treinta esculturas, algunas de ellas de más de nueve metros de longitud, realizadas en muy diversos materiales (bronce, hierro, cemento, cristal, hormigón...) y sin proponer un recorrido estrictamente cronológico, la exposición quiere subrayar aquellos aspectos sobre los que se fundamenta el trabajo de Iglesias, que permiten comprender tanto la orgánica evolución de su lenguaje, como la maduración de su concepto del espacio y de la práctica escultórica a lo largo de estos años.

Dos momentos cruciales

Según Lynne Cooke, dos hechos han sido cruciales en su proyección internacional: en primer lugar, la ambiciosa exposición The Sublime Void, que tuvo lugar en Amberes en 1993 y que reunió, además de a la escultora española, a 25 artistas de la talla de Gerhard Richter o Kounellis. “Retrospectivamente, podemos decir que The Sublime Void nos reveló que esta presunta artista aislada e independiente estaba en realidad cómodamente integrada en un ambiente estético solidamente establecido” comenta la comisaria en uno de los textos del catálogo.

Otro acontecimiento crucial en la trayectoria de Cristina Iglesias sería su participación, también en 1993, en el Pabellón Nacional de la Bienal de Venecia junto a Antoni Tàpies. “En este momento su reputación”, en palabras de Cooke, “se consolidó tanto en España como en el extranjero”. Algunas de las obras que se presentaron en la Bienal de Venecia están presentes en la muestra.

Un recorrido sensorial y laberíntico

Se ha planteado un recorrido más temático y sensorial que cronológico. Cuando el visitante atraviesa las salas, se ve incitado a habitar, deambular por los diferentes caminos y pasadizos que configuran las obras. Esta experiencia laberíntica se ve amplificada por los efectos de luz, por los claroscuros que potencian la propia configuración de las piezas, y por las distintas sombras que se dibujan en el suelo, formando una falsa duplicidad.

Lynne Cooke, comisaria de la exposición y gran conocedora de la obra de Iglesias, ha sacado el máximo provecho a las posibilidades del edificio Sabatini jugando con la luz, el espacio y la arquitectura. Prácticamente todas las ventanas de la sala A1, en el antiguo edificio del Museo, se han abierto para que entre la luz natural y situar al visitante en el espacio. Además, a través de un inmenso cristal, se ha mantenido la puerta que comunica las salas con el jardín otorgando al espacio luz y profundidad.

En el inicio del recorrido, una de las primeras piezas que sorprende al espectador es Techo suspendido inclinado, 1997. Con nueve metros de largo por seis de ancho, esta obra transforma de manera sorprendente el espacio. A esta obra le siguen las conocidas celosías donde se puede percibir una influencia de las formas talladas de la arquitectura árabe. Giuliana Bruno afirma en uno de los textos del catálogo que “el enrejado de la celosía filtra la luz ambiental y actúa como una persiana que media en la relación entre el espacio interior y el espacio exterior”.

Celosía À rebours [contra natura], 2006; Impressions d’Afrique II [Impresiones de África II], 2002; y Santa Fe I y II, 2006 son algunos de los ejemplos expuestos. En estas piezas la artista escribe fragmentos de libros de Beckford, J.K Huysmans o Roussel, -recogidos en el catálogo- “fragmentos de historias que Iglesias va seleccionando con primor, como quien borda un cuento fabuloso o escribe un poema y que luego las sombras fragmentarán más si cabe en su proyección sobre el suelo” tal y como describe Estrella de Diego, en su texto de la publicación. “Es la herencia musulmana que habla de relatos, los de Las mil y una noches, textos escondidos que en Iglesias terminan por ser sólo para iniciados y toman el aplazamiento como fórmula narrativa”, añade de Diego.

Estas obras conectan con tres corredores suspendidos : Corredor suspendido I, II y III, 2006, que se exhiben en la sala contigua y que, al igual que las celosías, exhiben fragmentos de obras de Ballard.

El agua, instrumento escultórico

En Vers la terre [Hacia la tierra] 2011, el agua es un elemento escultórico más y establece un vínculo con el jardín y con los diferentes Pozos que allí se presentan. La fascinación de Iglesias por el agua rememora de nuevo la tradición musulmana y las construcciones árabes con sus jardines y sus fuentes. Además, en estas últimas piezas, según Russell Ferguson, se puede observar cómo el paso del tiempo se ha convertido en un elemento cada vez más presente en la obra de la artista. “El flujo y el reflujo del agua impiden que la obra permanezca fija en un estado particular”, afirma
Ferguson en uno de los textos del catálogo. El agua, mediante el fenómeno de la erosión, aporta fluidez y transparencia y sirve para asentar su consideración de la escultura como un arte de metamorfosis y transiciones, más que como una forma única y absoluta. Tres de sus Pozos, 2011, están instalados en el jardín de Sabatini.

Realizados con un exterior de granito negro, al aproximarse y mirar dentro se descubren formas vegetales, hojas, raíces, barro, que permiten que el agua discurra y provoque distintos sonidos según la intensidad del caudal. Estas son las obras más recientes y nunca se han mostrado con anterioridad en España. La pieza Towards the Bottom [Hacia el fondo], 2009, ya en las salas, cierra esta serie de esculturas donde el agua tiene una importancia crucial.

Las plantas y árboles del jardín del Museo sirven de vínculo con las piezas de Iglesias con motivos vegetales presentes en las salas. El visitante podrá percibir la exuberante vegetación que despliegan los muros y pasillos de Habitación vegetal II, 2005, o Habitación de eucalipto, 1994-1997. A este respecto, Lynne Cooke señala: “en la obra de Iglesias, el mundo vegetal rico, envolvent e, al que se accede a través de una senda laberíntica, más adecuada para el espectador solitario, se convierte en un refugio exótico, un lugar aislado”.

Las esculturas más tempranas , realizadas en las décadas de los ochenta y noventa, también están presentes en la muestra. Estas piezas, de dimensiones más reducidas, se caracterizan por la mezcla de materiales tales como alabastro, tapiz, cristal, hormigón o aluminio. Obras como Habitación de alabastro, 1993; Sin título, Venecia I y II , 1993, son algunos ejemplos expuestos. La elección del vidrio y el alabastro como materiales para sus obras, constituyó a finales de los años ochenta, un primer paso de ruptura con la escultura más convencional. Estos materiales dotan a las piezas de
mayor trasparencia. Lynne Cooke afirma: “las obras con pequeños vidrios coloreados y las esculturas de alabastro se aprecian mejor en salas iluminadas con luz natural.

Los paneles translúcidos filtran la luz solar y demarcan un espacio sutilmente luminoso, apenas perceptible pero visceralmente palpable, un territorio fugaz e intangible”.

Selección de serigrafías

Cristina Iglesias: Metonimia presenta también una panorámica selección de sus serigrafías en cobre y seda. Estas obras parecen estar impresas en fotografías de instalaciones reales, cuando en realidad representan modelos en miniatura de los trabajos escultóricos de Iglesias, creando una ilusión de profundidad espacial.

La exposición dedica un espacio a las numerosas intervenciones que Cristina Iglesias ha realizado a lo largo de los años en espacios públicos y que se recogen a través de la serie de películas llamadas Guided Tour [Visita guiada]. Deep Fountain [Fuente profunda], obra inaugurada en 2006 en una plaza de Amberes, o Estancias sumergidas, realizada en 2010 en el fondo marino de una reserva natural situada en el litoral de Baja California Sur (México), junto a otros proyectos instalados en espacios urbanos y plazas, son algunos de los ejemplos incluidos en estas películas.

Por último, dos maquetas de su futuro proyecto en la ciudad de Toledo, en una antigua torre de aguas y en la plaza del Ayuntamiento, cierran la muestra.

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