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El caso Chen, un triunfo convertido en desastre para Estados Unidos

El caso Chen, un triunfo convertido en desastre para Estados Unidos

  • Numerosas voces han criticado la gestión de Estados Unidos del caso

  • Según algunos expertos, el asunto requería una "diplomacia cuidadosa"

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El acuerdo entre China y el disidente Chen Guancheng se presentó como un triunfo de la diplomacia de Estados Unidos, pero se ha convertido en cuestión de horas en un "desastre" que amenaza con manchar su imagen de defensor de los derechos humanos.

El destino de Chen parecía resuelto el miércoles, cuando la secretaria de Estado, Hillary Clinton, anunció que había alcanzado un acuerdo con las autoridades chinas para que el disidente, refugiado durante seis días en la embajada estadounidense en Pekín, fuera reunido con su familia y trasladado a un lugar seguro.

Pero en horas, el disidente pasó de asegurar que no quería abandonar China a afirmar, en una ola de entrevistas a medios extranjeros, que desea viajar a Estados Unidos y que su salida de la embajada se produjo entre amenazas de funcionarios chinos a su familia y bajo la presión de los diplomáticos estadounidenses.

Clinton, de visita en Pekín para participar en un diálogo económico y político, ha esquivado durante dos días la tensión diplomática que desató la mediación estadounidense en el caso pero será difícil que pueda volver a Washington sin enfrentar algo que, según muchos analistas, es un "desastre" para la imagen del país.

Es un desastre absoluto porque ya no se desarrolla en silencio

"Es un desastre absoluto por muchas razones, pero fundamentalmente porque ya no se desarrolla en silencio", dijo a Efe Jonathan D. Pollack, un experto en la relación entre Estados Unidos y China en el centro de estudios Brookings de Washington.

Según el experto, cualquier oportunidad de lograr un acuerdo satisfactorio para Chen requería "una diplomacia cuidadosa y no mucha publicidad", y el sinfín de declaraciones sobre el caso "hacen que cualquier resolución efectiva del caso sea, si no imposible, enormemente difícil".

"Cualquier margen de maniobra que tenía Estados Unidos se ha disipado casi del todo, porque Chen ya no está bajo su protección. Ahora estamos hablando de un ciudadano chino en territorio chino", explicó.

Ante las denuncias de Chen sobre las presuntas amenazas a su familia, ahora hay "mucho más en juego" en su caso, "pero la capacidad de Estados Unidos de definir el resultado ha bajado en picado", apuntó Pollack.

Numerosas críticas a la gestión del caso

Activistas de derechos humanos, congresistas estadounidenses e incluso el probable rival del presidente, Barack Obama, en las elecciones de noviembre, Mitt Romney, han criticado la gestión de Estados Unidos en el caso, al sugerir que trató de acelerar su resolución para que no afectara las conversaciones durante la visita de Clinton.

También se ha reprochado que los funcionarios estadounidenses dejaran solo a Chen en el hospital la noche del miércoles, cuando comenzaron sus denuncias, y que debían haber buscado más garantías de que la mujer del disidente, con la que él sólo habló telefónicamente, no se encontraba coaccionada por amenazas.

El embajador de Estados Unidos en China, Gary Locke, ha defendido no obstante que su equipo emprendió una suerte de "misión imposible" para alojar a Chen en la legación y trató de honrar en todo momento sus intereses.

El futuro de Chen, en manos de China

Sin embargo, y aunque el propio Locke se ha mostrado comprometido a "seguir conversando con él y actuar de acuerdo con sus deseos", el futuro de Chen parece estar únicamente en manos del Gobierno chino, cuya decisión determinará si Estados Unidos tiene posibilidades de volver a mediar en el caso.

Hace unos días, la historia de Chen recordaba a la del disidente chino Fang Lizhi, que tras la matanza de Tiananmen en 1989 se refugió durante un año en la Embajada estadounidense en Pekín, mientras los dos Gobiernos negociaban un acuerdo que le concedió finalmente el asilo político en Estados Unidos.

Pero la repentina decisión de Chen de salir de la embajada, y su aparente arrepentimiento, ha dibujado un escenario totalmente diferente, en el que la opción de volver a la legación estadounidense "ya no existe", recordó Pollack.

Mientras, el asunto ha enrarecido el ambiente en el normalmente apacible Diálogo Estratégico y Económico China-EEUU, y amenaza con enturbiar una relación que ambos países consideran crucial, en el peor momento posible tanto para Pekín como para Washington: el periodo preelectoral.

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