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¿Cómo se desmantelaría la central de Fukushima?

  • A estas alturas no está claro cuál será la opción que se tome en Fukushima
  • Las opciones más baratas cargan de responsabilidad a futuras generaciones
  • Será un procedimiento largo, complejo, arriesgado y muy caro

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Se desconoce el procedimiento para desmantelar Fukushima pero será largo, complejo, arriesgado y caro
Se desconoce el procedimiento para desmantelar Fukushima pero será largo, complejo, arriesgado y caro

En resumen, deshacerse de una central nuclear es una tarea que hay que hacer con mucho cuidado y elevados gastos. Aunque la crisis nuclear continúa en la dañada central japonesa de Fukushima, que ahora está derramando agua contaminada con radiactividad al mar, parece que la situación tiende a estar bajo control.

Todavía será necesario mucho trabajo para asegurar la estanqueidad de los sistemas de refrigeración, pero hay que empezar a pensar en el día después: ¿qué será de las ruinas?

De momento los operarios están intentando impedir la dispersión de materiales radiactivos, aunque el exterior de la planta, y la región cercana, quedarán sin duda contaminados.

Algunas imágenes muestran lo que parece el uso de Azul de Prusia como agente fijador del Cesio 137 con el fin de impedir su dispersión. El mismo Azul de Prusia deberá ser utilizado en animales y quizá suelos en el área inmediata a la central para que el cesio radiactivo no se incorpore a los seres vivos, como se hace en zonas de varios países tras Chernóbil (PDF) o como se hizo en Brasil tras el Incidente de Goiania.

Zonas exteriores de la central deberán cubrirse con cemento o resinas para impedir que el viento o la lluvia desparramen sustancias radiactivas.

El agua ligeramente contaminada se verterá al mar, donde se diluirá hasta no suponer peligro alguno; aquella con elevado grado de contaminación deberá tratarse antes de poder verterla, probablemente con resinas de intercambio iónico que retengan los compuestos radiactivos disueltos y dejen limpio el líquido.

El proceso de desmantelamiento será peligroso, largo y sobre todo caro

Cuando todo esto se consiga y la temperatura de los núcleos averiados esté bajo control será el momento de empezar a pensar en estabilizar y desmantelar los reactores dañados, como ya ha solicitado el primer ministro japonés.

El proceso de desmantelamiento será peligroso, largo y sobre todo caro. Existen varias opciones a la hora de desmantelar instalaciones nucleares según el gasto que se pueda uno permitir y el tamaño del problema que está dispuesto a dejar a sus descendientes.

'Desmantelamiento inmediato', la opción más cara

La opción más honesta, y cara, es el 'Desmantelamiento Inmediato' (Decon, en jerga en inglés), que procede a deshacer la estructura completa empezando por la eliminación del combustible usado, continuando por la descontaminación de superficies y finalizando por el derribo, teniendo en cuenta que grandes porciones de estructura (acero, hormigón) estarán contaminadas y por tanto deberán manejarse con sumo cuidado.

Por ello se utilizan técnicas muy sofisticadas que incluyen el corte submarino, llenando previamente las estructuras de agua para impedir el polvo, los explosivos dirigidos de demolición o hasta robots equipados con lásers ultravioletas de corte.

Los escombros deben ser tratados especialmente; Francia construye en la macroplanta nuclear de Marcoule una fundición especial para reciclar el acero contaminado con productos de activación radiactivos, que puede ser reutilizado en futuras centrales. Todo ello encarece notablemente el proceso.

En EE.UU. se calcula que el coste promedio de desmantelar un único reactor tipo es de 315 millones de dólares. pero en muchos casos el precio final es mayor.

A cambio el lugar es retirado de las áreas controladas por los organismos internacionales de energía nuclear e incluso puede abrirse al público.

No hay muchas plantas de producción nuclear de energía eléctrica que hayan culminado este proceso; entre ellas destacan las estadounidenses de Yankee RoweMaine Yankee y Connecticut Yankee, que acabaron el proceso entre 2006 y 2007.

Los costes superaron en todos los casos los 600 millones de dólares, y alcanzaron los 820 en el caso de Connecticut Yankee. En algunos casos el combustible gastado permanece 'in situ', almacenado en estructuras temporales.

También ha sido desmantelada el reactor A de la planta alemana de Gundremmingen, que quedó inutilizado por un accidente en 1977.

'Desmantelamiento Diferido', responsabilidad futura

La segunda opción es la llamada 'Desmantelamiento Diferido' o SAFSTOR (por Safe Store, almacenamiento seguro), que consiste en retirar el combustible y cerrar los edificios manteniendo el complejo bajo control durante unas cuantas décadas para que los materiales radiactivos decaigan y el futuro derribo sea más sencillo.

Esto abarata los costes, a cambio de endosar la responsabilidad de la limpieza a futuras generaciones. Parte del atractivo consiste en confiar en tecnologías de limpieza aún no desarrolladas, más efectivas y económicas.

Abarata los costes, pero la responsabilidad de la limpieza será de las próximas generaciones

Esta es la situación del Reactor I de Valdellós, que ha sido encerrado en un cajón de acero hasta 2028, cuando se iniciarán los trabajos de la Fase 3 (demolición).

Varias centrales italianas (Caorso, Garigliano, Latina, Trino Vercellese), la británica de Berkeley y la japonesa de Tokai 1 han optado por este proceso. Francia, en la práctica también, ya que el desmantelamiento de varias nucleares galas (Bugey-1, los tres reactores de Chinon, Saint-Laurent y el Superphénix de Creys-Malville) está pospuesto 'sine die'.

Sólo la pequeña planta de Brennilis, cerrada en 1979, está en Fase 3; el coste del proceso se multiplicó por 20 hasta alcanzar los 480 millones de euros.

'Enterramiento', más barato y menos responsable

La tercera, más barata y menos responsable opción es el 'Enterramiento': consiste en acumular los materiales radiactivos en el menor área posible y cubrir el conjunto con una estructura permanente de hormigón capaz de resistir decenas (centenares, o incluso miles) de años, impidiendo su dispersión al medio ambiente.

Es básicamente dejar en herencia el problema a futuras generaciones, que serán quienes tengan que encargarse de la limpieza final, eso sí con la radiactividad reducida por el decaer natural de los radioisótopos.

Es el método utilizado en Chernóbil, donde se juzgó era el único procedimiento posible para mantener bajo control los materiales radiactivos hasta que la intensidad de sus emisiones se reduzca. Cuando la planta ha sufrido un accidente su estado interno es desconocido, lo cual complica (y encarece) sobremanera cualquier desmantelamiento.

En el caso del reactor 2 de la central de Three Mile Island en los EE UU, que sufrió el que hasta ahora era el segundo accidente nuclear más grave de la historia, sólo retirar el dañado núcleo (hubo una fusión parcial) costó más de 800 millones de dólares sin apenas tocar el resto de las estructuras; el coste seguramente se disparará cuando llegue el momento del derribo completo.

A estas alturas no está claro cuál será la opción que se tome en Fukushima, pero una cosa es segura: será un procedimiento largo, complejo, arriesgado y muy, muy caro.