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Japón ha decidido verter al mar más de 1.200.000 toneladas de agua radiactiva que se utiliza para refrigerar varios reactores de la central de Fukushima, dañados desde el terremoto y posterior tsunami de 2011. El primer ministro japonés asegura que es seguro porque el agua se ha reciclado y lleva un único elemento radiactivo en cantidades mínimas, el Tritio.

FOTO: EFE/EPA/KIMIMASA MAYAMA / POOL

Japón hacía público esta madrugada su decisión de hacer un vertido controlado de agua contaminada procedente de la central de Fukushima en el océano Pacífico y en Radio 5 hemos charlado con Cristina Rois, portavoz de Ecologistas de En Acción, sobre las consecuencias que puede tener este vertido. Rois considera que la noticia es “preocupante” puesto que esta agua contaminada contiene isótopos radioactivos de larga vida de los que se desconoce cómo interaccionarán con la biología marina. “Estamos en un territorio desconocido. […] Un vertido así no tiene precedentes”, ha afirmado Rois que propone como solución que esa agua radioactiva se siga almacenando durante más tiempo en la central para así recudir a el nivel de emisiones de los isótopos radioactivos. Para Rois que Japón alegue que tiene que verterlo porque no tiene espacio para almacenarlo no es una excusa admisible.

La portavoz de Ecologistas de En Acción ha explicado que el agua contaminado proviene de la necesidad de seguir refrigerando el combustible fundido tras el accidente de la central y pide que se hagan estudios sobre los niveles de radioactividad antes de arrojar nada y hacer una vigilancia durante el vertido para saber cómo está afectando al mar. “No puede decirse que no va a pasar nada y empezar a verter agua radioactiva al mar. Esto es completamente inadmisible y creo que afecta a la legislación internacional y a todos los tratados que hay sobre la protección marina”, ha afirmado.

El accidente de Fukushima hizo que Alemania cambiara su política nuclear. Pero 10 años después, muchos expertos ven en la energía atómica una pieza importante contra el calentamiento global. El año pasado la energía nuclear en España evitó la emisión a la atmósfera de casi 20 millones de toneladas de Co2. Por eso debería ser parte de la solución, explica Ignacio Araluce, presidente de Foro Nuclear, la organización que agrupa a toda la industria en torno a nuestras centrales.

Treinta y seis mil personas siguen, diez años después, sin poder volver a sus hogares. La llaman "zona de difícil retorno", un "radio maldito" de 20 kilómetros en torno a la central nuclear Daiichi en Fukushima. La descontaminación podría durar hasta 2050. Tras 250 mil millones de euros consumidos en la reconstrucción, el COVID ha retrasado hasta este año unos juegos olímpicos con escaso beneficio porque no podrán asistir extranjeros, pero quedarán como escaparate del esfuerzo. La antorcha pasará por lugares aún abandonados como Namie. La escuela Okawa de Ishinomaki es un símbolo. El tsunami mató aquí a 74 estudiantes y 10 profesores. Noriyuki perdió a su hija Mai y ahora será porteador de la antorcha olímpica. A las cicatrices se suma la pandemia, que parecía controlada pero golpeó con fuerza en enero. El PIB japonés no se recupera desde el bajón de 2011 y más un millón de metros cúbicos de agua radiactiva amenazan aún a la vital industria pesquera porque podrían verterse al océano. En el llamado "teléfono del viento" algunos buscan consuelo. Son llamadas sin respuesta a los ausentes desde hace diez años, y lágrimas de alivio.

El 11 de marzo de 2011, a 130 km de la costa este de Japón y a 32 kilómetros de profundidad, la tierra necesitó moverse, provocando el peor terremoto del país en el último siglo y un tsunami que arrasó cientos de kilómetros de litoral y dejó cerca de 20.000 puertos, pueblos enteros engullidos y a una central nuclear, la de Fukushima, en jaque mate. De aquello se cumplen ahora diez años. Una década que hemos querido repasar con el relato -por orden de aparición- de Amadeu y Ana, españoles que vivían entonces y siguien vivendo hoy en Japón. Amadeo Jensana, responsable de estudios económicos y cooperación de casa Asia y Juan José Gómez Cadenas, físico nuclear del CSIC.

El papa Francisco ha aterrizado en Tokio, procedente de Tailandia, y en su primer encuentro con obispos locales ha asegurado que realizará "un llamamiento profético al desarme nuclear" y mostrará su cercanía a las víctimas del triple desastre de Fukushima. El pontífice visitará este domingo Hiroshima y Nagasaki donde rezará "por las víctimas del bombardeo catastrófico de estas dos ciudades" y hará un llamamiento al desarme nuclear. 23/11/19

La alarmante propuesta ha sido planteada después de que Japón informase que no dispone de espacio suficiente para almacenar el agua radiactiva procedente de la central nuclear de Fukushima. Ante esta situación, la Compañía Eléctrica de Tokio (Tepco, en inglés) que gestiona la planta nuclear dañada se plantea verter al océano parte del líquido contaminado que actualmente almacena en gigantescos tanques. La medida, adelantada hoy por el ministro de Medio Ambiente, Yoshiaki Harada, corre el riesgo de enfurecer a los pescadores locales o a países vecinos como Corea del Sur.

El accidente nuclear de Fukushima (Japón) ha sido uno de los más graves de la Historia. Ocurrió en 2011 cuando, tras un terremoto de magnitud 9 al que siguió un tsunami, afectó a tres reactores de la planta. Todas las poblaciones en un radio de 20 kilómetros fueron evacuadas. No hubo muertos directos aunque se estima que la radiación emitida habría generado muchas muertes prematuras.

Japón conmemora el octavo aniversario del terremoto y el tsunami que devastaron el noreste del país, una catástrofe natural que provocó más de 18.000 muertos y desencadenó la crisis nuclear de Fukushima. Manuel Lozano Leyva, catedrático de Física Nuclear de la Universidad de Sevilla, ha explicado en Las mañanas de RNE con Íñigo Alfonso que el accidente dejó dos lecciones fundamentales: una más técnica, que es la necesidad de un cambio en el combustible nuclear en el futuro, y otra más política, en la que ha puesto como ejemplo el caso de Alemania, que paró sus reactores nucleares convirtiéndose en el país más contaminante de Europa. En cuanto a las residuos, Lozano diferencia entre los de baja radiactividad, que "son inevitables", y los de alta radiactividad, "que son muy difíciles de manjear" y "son un problema que no se puede minimizar", aunque rompe una lanza a favor de la nuclear afirmando que "es la única industria que tiene residuos lozalizados y controlados por muy complejo que sea hacerlo". El catedrático de la Universidad de Sevilla ha finalizado diciendo que "el futuro pasa por el máximo de renovables respaldado por la energía nuclear", lo que sería "un escenario totalmente limpio".

Dos playas situadas en el noreste de Japón que quedaron devastadas tras el tsunami de 2011 han sido abiertas al público, tras comprobar que los niveles de radiactividad eran adecuados ocho años después del desastre. La reapertura de las dos playas, situadas en la ciudad de Soma (prefectura de Fukushima) y en Ishinomaki (prefectura de Miyagi), coincide con una ola de calor que azota al país asiático desde la última semana y que ha causado al menos 30 muertos.

Japón ha conmemorado con diversas ceremonias y un minuto de silencio el séptimo aniversario del terremoto y posterior tsunami que arrasó la costa nororiental del país y que causó la muerte de 15.894 personas, así como la desparición de otras 2.557. Además, provocó en Fukushima unos de los peores accidentes atómicos de la Historia, solo superado por el de Chernóbil (Ucrania) en 1986.