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La escalada de precios de las materias primas amenaza con desatar una nueva crisis alimentaria

  • Los precios de los alimentos tocaron en diciembre su máximo desde 2008

  • Las primeras revueltas sociales han estallado en Túnez, Argelia y Mozambique

  • La situación puede agravarse si se prolonga la subida del petróleo


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¿Qué tienen que ver las inundaciones en Australia, la sequía en Argentina y la crisis de deuda en Europa con las revueltas sociales en Túnez o Argelia? El nexo de unión son los alimentos básicos y la escalada de sus precios registrada en la segunda mitad de 2010.

Ha sido una remontada silenciosa, porque ha sucedido sin que preocupara a autoridades ni medios de comunicación, volcados por entonces en crisis financieras y grandes indicadores macroeconómicos. Pero ha sucedido, y ahora está desencadenando revueltas en los países más pobres, los que antes notan el encarecimiento de lo básico: la comida.

Por el momento, los analistas no prevén una repetición de la crisis alimentaria de 2008, pero la clave para que eso no ocurra está en una variable poco fiable: el precio del petróleo, detonante último del estallido de hace dos años y pesadilla de los bancos centrales que, como el Banco Central Europeo, vigilan ese indicador para decidir si elevan los tipos de interés.

La clave está en el petróleo

Y ahí, en el precio del crudo, sí es vital la creciente demanda energética de países como China o India. Si el petróleo sigue subiendo, se encarecerán los fertilizantes (muchos son derivados petrolíferos), el funcionamiento de las máquinas de las explotaciones agrícolas y el transporte de los productos, lo que multiplicará aún más el encarecimiento de los productos básicos.

En países como China, India o Brasil, la subida de los precios de los alimentos básicos se registra en estos momentos con porcentajes de dos dígitos. Para ellos la gravedad es tal que, por ejemplo, en India –donde los vegetales se han encarecido un 70% en 2010-, la crisis de las cebollas ha sido más fuerte que la secular enemistad con Pakistán: el Gobierno de Delhi negocia ya con su vecino para reanudar las importaciones de cebollas pakistaníes y frenar la escalada del precio de esa hortaliza, que hace unos años ya causó la caída de dos gobiernos anteriores.

En Indonesia, el precio de los chiles o pimientos picantes se ha disparado hasta tal punto que los agricultores tienen que proteger sus cultivos de los ladrones con patrullas de 24 horas, y el presidente del país –el cuarto más poblado del mundo- ha pedido a las familias que planten chiles en sus casas.

La Niña, en el origen

El analista de IGMarkets Daniel Pingarrón señala tres causas de esta nueva escalada: los desastres climáticos que han desajustado la oferta y la demanda, la depreciación del dólar –divisa en la que se cotizan esos productos- y la utilización de esas materias primas como valores refugio para los inversores ante la inestabilidad de otros mercados financieros.

En opinión de Pingarrón, “la demanda de alimentos de países con fuerte crecimiento como China o Brasil influye mucho menos en la escalada de estos precios de lo que influye su creciente demanda en el encarecimiento de la energía y los metales. Tiene alguna influencia, pero no se trata de un peso significativo”.

La meteorología extrema que se señala como causa directa se debe a un fenómeno climático conocido como La Niña (contrario al de El Niño, que ocasiona fuertes sequías en América del Sur y lluvias torrenciales en Centroamérica y Oceanía) y que, según la Oficina de Meteorología de Australia está siendo el más severo de las últimas tres décadas. Debido a su intensidad, ya se compara La Niña de este año con la que se vivió entre 1973 y 1976, cuando desencadenó una severa sequía en las principales zonas productoras mundiales y se originó la peor crisis alimentaria que se ha conocido desde la II Guerra Mundial.

Crisis de deuda y especulación

La especulación también juega su papel en este tablero de los precios de los alimentos. Como reconoce Catherine Flax, de JP Morgan, la inseguridad provocada por la crisis de deuda europea en los mercados y las bolsas ha desviado la atención de muchos inversores hacia los llamados activos físicos, como los agrícolas o los relacionados con las infraestructuras.

Baste como ejemplo un grupo de cajas españolas, que ha puesto en marcha un depósito financiero cuyos rendimientos están ligados a la evolución del precio del maíz, el azúcar y el café, tres productos que en 2010 se revalorizaron con cifras de dos dígitos. Con ese precedente, promete una rentabilidad de la inversión del 7% en un solo año.

En EE.UU., el mayor operador bursátil del mundo en materias primas alimentarias, Cargill, triplicó sus beneficios en el último trimestre del año pasado respecto a los que logró en el mismo período del año anterior.

Reducción de la previsión de cosechas

Durante 2010, en los mercados donde cotizan los productos alimentarios, el trigo subió un 47%, el maíz más de un 50% y la soja estadounidense un 34%. El café se encareció casi un 62%. Esos precios han repuntado aún más esta semana al conocerse que el Departamento de Agricultura de EEUU (USDA) ha reducido sus estimaciones para las cosechas y las reservas mundiales de maíz, soja y arroz debido a las inundaciones en Australia y la sequía que viven Argentina y el sur de Brasil, que puede extenderse también a la próxima cosecha estadounidense.

En concreto, la USDA reduce su previsión de la producción mundial de trigo para 2011-2012 en 690.000 toneladas, un 9,8% menos que en la temporada anterior debido a las inundaciones en Australia (cuarto mayor productor mundial) y el mantenimiento del bloqueo de exportaciones de Rusia (primer productor), impuesto tras la sequía que devastó sus cosechas el pasado verano.

Respecto al maíz, EEUU calcula que la producción mundial caerá en 4,7 millones de toneladas como consecuencia de la actual sequía en Argentina. La falta de lluvia también afectará a la soja, de la que el país latinoamericano cosechará un 7,3% menos que en la campaña precedente.

El organismo de la ONU para la agricultura y la alimentación, la FAO, ha confirmado que los precios de los alimentos alcanzaron el pasado diciembre su nivel máximo desde 2008. La carne y el azúcar repuntaron aún más y marcaron su máximo desde 1990.

El fantasma de la crisis de 2008

En ese contexto, la FAO avisa de un más que posible aumento de inflación, del regreso de medidas proteccionistas para asegurar el abastecimiento de los mercados propios y de nuevas revueltas sociales como las vividas en 2008.

Entonces, las protestas se extendieron desde México a Egipto o Haití. Al dispararse el precio de las importaciones, muchos países vieron desequilibrarse sus balanzas comerciales y se precipitaron en profundos déficits, y varios Estados asiáticos restringieron sus exportaciones de arroz, con lo que contribuyeron al círculo vicioso de su encarecimiento. Muchos analistas descartan que se repita una crisis como la de hace dos años, pero sí ven como una amenaza el aumento de los precios del petróleo.

Daniel Pingarrón señala que "las políticas económicas restrictivas de la actualidad dan más importancia a la energía y a otras materias primas antes que a los alimentos. En 2008 el aumento de gasto público tuvo un mayor efecto en el incremento de la inflación de lo que ahora pueden tener los alimentos". Coincide con él Jonathan Anderson, especialista del banco de inversión USB, quien explica que el índice general elaborado con el precio de los alimentos debería incrementarse en otro 50% para que tuviese el mismo efecto sobre la inflación que tuvo en 2008.

La consultora JP Morgan es mucho menos optimista y ha advertido esta semana que “el aumento de los precios en productos agrícolas clave va a tener un indudable impacto en la inflación”.

La sombra del proteccionismo

Algunos países, sobre todo los emergentes, donde hay más población por debajo del nivel de pobreza, ya han comenzado a tomar medidas. China ha recortado las importaciones de maíz previstas para este 2011 debido al alza del precio. Además, está utilizando sus reservas estratégicas de esos alimentos para aumentar la oferta en su mercado doméstico y evitar la subida de precios.

Al reducir sus reservas, Pekín deberá aumentar su demanda en los mercados internacionales, lo que incrementa la expectación en los mercados de materias primas, con el consiguiente alza de las cotizaciones. Por ejemplo, entre 2011 y 2012, se prevé que China compre el 60% de las exportaciones mundiales de soja, el doble de lo que adquirió hace tan sólo cuatro años.

El Gobierno indio ha anunciado medidas contra la inflación que podrían incluir la prohibición de exportar trigo y sus derivados. Con estas decisiones, tanto el G-20 como la ONU ya han colocado este asunto en lo más alto de sus agendas. Francia, como actual presidente del grupo de reúne a las 20 mayores economías mundiales, ha encargado un informe urgente al Banco Mundial para averiguar el impacto que la subida de alimentos y cómo evitar el regreso del proteccionismo y la extensión de la hambruna.

Como resume el jefe de inversiones de la firma londinense Emergent Asset Management, David Murran, "si se observa la demografía, el nivel de producción y el impacto del cambio climático, entonces sólo estamos al comienzo de esta crisis".

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