Curiosity se calza las botas nuevas con las que recorrerá Marte

Ampliar fotoImagen de la nave 'Curiosity' en su puesta a punto antes de su partida al espacio

Imagen de la nave ’Curiosity’ en su puesta a punto antes de su partida al espacioNASA

JAVIER PEDREIRA 'WICHO'JAVIER PEDREIRA 'WICHO' 

Tras el enorme éxito alcanzado con Spirit y Opportunity, los vehículos de la misión Mars Exploration Rover, la NASA prepara su próximo asalto a la superficie del planeta vecino con el Mars Science Laboratory, bautizado como Curiosity.

Con fecha prevista de lanzamiento para finales del año que viene, hace unos días se cumplía un importante hito en la misión con la instalación de las ruedas y de su sistema de suspensión asociado muy similar al de sus predecesores.

Cada una de las seis ruedas tiene un motor propio para hacerla girar, lo que hace al sistema más resistente a fallos que si hubiera uno o dos motores encargados de moverlas. Además, cada una de las cuatro ruedas que van en las esquinas lleva un motor a mayores para poder orientar la rueda en un sentido y otro y así controlar la dirección del rover.

En los próximos meses los técnicos del Laboratorio de Propulsión a Chorro, donde se está montando el vehículo, procederán a probar y ajustar el funcionamiento de las 'botas' de Curiosity, que a menos que se detecte algún problema muy serio ya no serán retiradas de este para nada.

Con su sistema de propulsión Curiosity será capaz de salvar obstáculos de hasta 75 centímetros de altura y podría alcanzar una velocidad máxima de 90 metros por hora utilizando su sistema de navegación automática, aunque factores como la carga de la batería, la presencia de obstáculos, o que las ruedas puedan resbalar según el terreno que esté pisando, por citar algunos, harán que su velocidad real probablemente sea más bien de 30 metros por hora.

Se espera que en dos años pueda recorrer 19 kilómetros

Se espera que durante el año marciano, unos dos años terrestres, que tiene como duración inicial prevista la misión Curiosity pueda llegar a recorrer unos 19 kilómetros.

Durante estos dos años, y gracias al conjunto de instrumentos que llevará a bordo, el MSL investigará si Marte fue o es capaz de soportar vida microbiana, de paso que analiza muestras del suelo y de las rocas que se vaya encontrando.

Como la inmensa mayoría de las misiones espaciales actuales, sino todas, varios países colaboran en esta misión, aunque la NASA sea quien lleve la voz cantante, en concreto y en este caso, Alemania, Canadá, España, Francia y Rusia.

Se trata de hecho de una misión muy ambiciosa, pues Curiosity es cinco veces más pesado que Spirit u Opportunity, y lleva diez veces el peso en instrumentos científicos que llevan estos.

Comparación de los diferentes 'rovers'

La parte que le corresponde a España es la llamada Rover Environmental Monitoring Station, Estación de Medición Ambiental del Rover, que es una especie de estación meteorológica avanzada capaz de medir la presión atmosférica, humedad, corrientes de viento y su dirección, así como las temperaturas de la atmósfera y el suelo y el nivel de radiación ultravioleta.

La energía de Curiosity

Para que todo esto pueda funcionar Curiosity no usará paneles solares para obtener energía como sus hermanos pequeños sino que llevará a bordo un generador eléctrico de radioisótopos, que produce electricidad a partir de la desintegración de un material radioactivo, en este caso plutonio-238, que por cierto se le está acabando a la NASA, lo que es un problema de cara al lanzamiento de futuras misiones en las que no sea posible obtener energía mediante paneles solares.

El generador de Curiosity tiene una vida útil prevista de un mínimo de 14 años, con lo que queda más que cubierta la posibilidad de que este supere su misión inicial igual que han hecho Spirit y Opportunity, que estaban diseñados para durar noventa días pero que sin embargo llevan más de siete años en funcionamiento.

Un delicado aterrizaje

De todos modos, para que todo esto suceda, Curiosity tiene que sobrevivir no sólo a su lanzamiento sino también al viaje y, especialmente, al aterrizaje en Marte, para el que la NASA va a utilizar un sistema nuevo que combina el frenado atmosférico, el uso de paracaídas, y el de cohetes.

Esquema de la maniobra de aterrizaje en Marte

A su llegada a Marte Curiosity entrará en su atmósfera a una velocidad de entre unos 5,3 y 6 kilómetros por segundo, o lo que es lo mismo, entre 19.000 y 21.000 kilómetros por hora, y reducirá su velocidad mediante una maniobra de frenado atmosférico en la que un escudo térmico que se irá desintegrando poco a poco absorberá el calor generado.

Una vez frenado a Mach 2, equivalentes a 2.450 kilómetros por hora, se desplegará un paracaídas de 16 metros de diámetro con unas líneas de 50 metros que seguirá frenándolo.

En la fase final del aterrizaje Curiosity se separará del paracaídas y el escudo térmico para terminar el descenso colgado de una especie de grúa con cohetes que lo irá bajando hasta la superficie.

Cuando los sensores de a bordo detecten que el rover está quieto sobre la superficie y que el descenso ha terminado se cortarán los cables de conexión y de sujeción entre la grúa y este, que estará listo ya para empezar a andar, mientras que la grúa se elevará de nuevo un poco para ir a estrellarse a una cierta distancia del lugar de aterrizaje, cumplida ya su misión.

Si todo va como está previsto, a partir de ahí será cuando Curiosity empiece a saciar un poco más nuestra ansia de conocimientos sobre nuestro vecino en el sistema solar.

Por cierto que es posible acompañar en cierto modo a Curiosity en su misión enviando nuestros nombres a Marte en un microchip que este llevará a bordo.

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