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Treinta años después, los Jemeres Rojos responden por el genocidio camboyano

  • Este martes ha comenzado el juicio contra responsables del régimen de Pol Pot
  • En tres años, los maoístas mataron a una cuarta parte de la poblacíón del país
  • La puesta en marcha del tribunal, con jueces locales y extranjeros, ha sido difícil
  • Entre los cinco acusados, el principal es Duch, jefe de un centro de torturas

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Informe semanal - Pol Pot, el último verdugo
Treinta años después de la caída de los Jemeres Rojos y después de muchas polémicas, un tribunal camboyano con participación internacional ha iniciado este martes el juicio contra los responsables de las innumerables atrocidades cometidas por ese régimen en nombre de una revolución comunista, uno de los capítulos más oscuros de la historia mundial reciente.

El primero de los cinco ex destacados dirigentes que debe responder ante el tribunal formado por jueces locales y extranjeros (estos designados por la ONU) de las acusaciones de crímenes de guerra y contra la humanidad es Kaing Guek Eav.

Con el rostro enjuto y su mirada desvaída, el camarada Duch --como le llamaban sus correligionarios-- se ha sentado en el banquillo de una sala protegida por cristales blindados. Medio millar de personas aguardaban desde hacía horas el inicio del juicio. Entre los asistentes había casi sesenta víctimas, muchas de la etnia cham que fue perseguida con ferocidad por el régimen.

"La primera vista representa la realización de los notables esfuerzos para constituir un tribunal justo e independiente que intentará juzgar a aquellos que ocuparon posiciones de liderazgo y a los que tuvieron mayor responsabilidad en las violaciones de las leyes camboyana e internacional", ha afirmado el juez Nil Nonn al declarar abierto el juicio contra Duch.

El jefe de los torturadores

Duch fue el director del centro de torturas de Tuol Sleng (Árbol de la fruta venenosa) o S-21, por donde en apenas tres años y medio pasaron unas 14.000 personas para ser interrogadas antes de ser ejecutadas entre los muros la antigua escuela o en el campo de exterminio de Choeung Ek, a las afueras de Phnom Penh.

Duch y su máquina de matar simbolizan el genocidio cometido por los Jemeres Rojos entre abril de 1975 y enero de 1979 --justo después de la guerra en el vecino Vietnam--, periodo en el que cerca de 1,7 millones de personas, o una cuarta parte de la población que por entonces tenía Camboya, fueron ejecutadas o murieron de hambruna o por enfermedades en los inmensos campos de trabajos forzados.

"Si este tribunal no consigue rápida y fácilmente condenar a Duch por su crímenes con la documentación que existe y que prueba su culpabilidad, es improbable que condene al resto de los acusados, que están bien defendidos y cuyo papel en el genocidio resulta más complicado de probar", señala Peter Maguire, jurista estadounidense y experto en el caso.

Sólo cinco acusados

A pesar de la espeluznante cifra de muertos, sólo otros cuatro influyentes ex dirigentes del régimen maoísta están encarcelados y acusados de cometer crímenes similares a los imputados a Duch, quien a diferencia del resto de los acusados que niegan haber tenido conocimiento de los hechos, ha admitido su culpabilidad y aceptado su responsabilidad por las acciones que llevó a cabo.

Entre los detenidos se encuentra Nuon Chea, de 82 años, número dos del que fuera el máximo líder, Pol Pot, quien falleció en abril de 1998 sin revelar los motivos que le condujeron a poner marcha una sistemática campaña de exterminio. El régimen se rodeó siempre de gran secretismo.

Según los expertos, la defensa de Duch expondrá el argumento de que su cliente obedecía la orden dada por la cúpula del régimen de que "cualquiera que sea detenido tiene que morir", e intentará responsabilizar de sus acciones a Nuon Chea, a quien informaba directamente de su gestión al frente del matadero de Tuol Sleng.

Los otros acusados son el ex viceprimer ministro y ministro de Asuntos Exteriores, Ieng Sary, de 83 años, su esposa Ieng Thirit, de 76 años y quien por entonces era titular de Asuntos Sociales, y el que fuera presidente de la nación llamada entonces Kampuchea Democrática, Khieu Samphan, de 77 años.

Experimento jurídico

"La composición híbrida del tribunal internacional es un experimento que incluye un alto nivel de participación local", apunta Heather Ryan, representante de la organización Iniciativa para una Justicia Social Abierta.

El tribunal internacional se creó en el 2006 tras una década de difíciles negociaciones entre Naciones Unidas y el Gobierno de Camboya, que lo administran conjuntamente y han introducido elementos de la legislación internacional y de la nacional. Además, se dará un papel activo a las víctimas.

Más de 1.300 personas que afirman haber sufrido "daños físicos o psicológicos" durante el régimen han presentado peticiones al tribunal para participar en los juicios. Según una regla propia de este tribunal recibirán solamente una compensación moral o simbólica.

Desde que inició los procedimientos judiciales, el tribunal auspiciado por la ONU ha sido blanco de críticas por comprometer los estándares de la justicia internacional, y por su vulnerabilidad a la manipulación por parte del primer ministro y hombre fuerte de Camboya, Hun Sen, quien desertó del Jemer Rojo poco antes de la invasión vietnamita. Según algunos grupos locales, pretende evitar que el juicio salpique a algunos hombre de su gabinete.

La audiencia preliminar de este martes y las previstas esta semana servirán simplemente para cuestiones de procedimiento. Hasta el mes de marzo no está previsto que se entre en el fondo del asunto.

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