Severiano Ballesteros, golpe a golpe

JESÚS ÁLVAREZ (Presentador de Deportes del TD1) 

Tiene uno la sensación de que a Severiano Ballesteros se le ha considerado siempre mucho mejor fuera que en su propia casa. Al menos él siempre se quejaba de que en el extranjero se le respetaba, se le quería e incluso se le idolatraba más que en su propio país.

Y seguramente no le faltaba razón, pero es que en su tiempo -y caramba, no hace tantos años-, el golf en nuestro país estaba considerado como un deporte elitista, para clases privilegiadas, y la repercusión que tenían los éxitos de su practicantes (pocos) era más bien escasa por no decir nula...

Hasta que llegó Ballesteros, claro. Severiano coadyuvó a alimentar durante muchos años la leyenda de que el deporte español vivía de los puntuales éxitos y triunfos de personajes como Manolo Santana, Federico Martín Bahamontes, Ángel Nieto o él mismo.

Por eso le dolía mucho que en España no tuviera el mismo predicamento que fuera de nuestras fronteras. Y es que de puertas para afuera era un mito. ¿Cómo no serlo con un palmarés que incluía, entre otros, los más grandes torneos que uno pueda soñar? Ganó el Open Británico en tres ocasiones y el Masters de Augusta en dos.

Sin embargo, de puertas para adentro se lamentaba de que después de ganar esos "grandes", el trato que se le dispensaba en los medios no era lo suficientemente adecuado a su categoría y prestigio internacional. Y seguramente aquí también tenía razón.

Una reprimenda de Seve

Todavía recuerdo cuando ganó su segundo Masters de Augusta. Fui personalmente a Barajas para recibirle en su triunfal regreso a España. Cuando me vio me echó una "cariñosa" reprimenda por la poca repercusión que había tenido su triunfo en TVE, incluso se extrañaba de nuestra presencia allí, en el aeropuerto... Sin embargo, a los cinco segundos ya se le había pasado todo y orgulloso me sacó de la maleta la famosa chaqueta verde que identifica a los vencedores del torneo estadounidense para ponérsela delante de todos y poder lucirla en la entrevista que le hicimos.

Con el paso del tiempo he tenido más oportunidades de entrevistar a Severiano Ballesteros, claro, -tampoco muchas- pero sí las suficientes como para poder constatar que su apreciación inicial ya había cambiado. Que ya no consideraba que su esfuerzo y trabajo por introducir el golf entre todas las clases y condiciones de nuestro país había sido inútil.

El joven que de procedencia humilde se había apasionado por el golf hasta el punto de practicarlo en el campo de Pedreña, su localidad natal, por la noche a la luz de la luna, ya confesaba que en los últimos años la situación había cambiado, que los medios de comunicación ya estaban más pendientes de él y que hasta la gente de pedía más autógrafos por la calle que en su época de máximo esplendor, la de los cinco grandes...

Tenía un pronto muy suyo, pero siempre nos tuvimos un afecto especial. Ya podían pasar años sin vernos que al minuto de reencontrarnos parecía como si nos hubiésemos visto el día anterior.

La última vez que estuve personalmente con él acababa de publicar un libro de memorias. Su autobiografía. Me llamó la atención lo bien escrita que estaba y lo ameno de su narración. Estuvimos cerca de tres horas hablando de su vida personal y de la otra, la pública. Y naturalmente, ¡cómo no! también hablamos de golf.

De lo orgulloso y satisfecho que se sentía por dos cosas: por haber traído la Ryder Cup a España, "aunque después la federación se colocase las medallas" -le salió esa vena crítica con lo que no comulgaba o no estaba de acuerdo, y esta era una de ellas- y de haber sacado adelante un deporte como el golf en España; un deporte que era mal visto, rechazado y que actualmente se había convertido en el tercer deporte de nuestro país, con más de 300.000 licencias y más de 250 campos de golf repartidos por toda nuestra geografía.

Un hombre singular y cercano

Severiano Ballesteros era un hombre singular. Lo ha sido todo en el golf pero te lo podías encontrar cualquier tarde de domingo, como a mí me sucedió, en su medio natural, o sea, en un campo de golf o alrededores.

Fue en junio de 2008, o sea, cuatro meses antes de que tuviera que ser intervenido de urgencia en La Paz, de Madrid, del tumor cerebral que desgraciadamente ha acabado con su vida. Yo llevaba poco más de un año enganchado con el golf. Y en una de esas tardes de domingo que a veces dejamos pasar sin más, me fui al Club de Campo de Madrid a "dar unas bolas", o sea, a practicar.

La verdad es que no había mucha gente pero los pocos que estábamos íbamos a lo nuestro. Tan es así que su presencia hubiera pasado inadvertida de no haber sido porque me llamó la atención el mimo y la entrega con que se dedicaba a explicarle a una principiante como yo los secretos de este deporte.

Sorprendente, un domingo por la tarde, el gran "Seve" Ballesteros, compartiendo sus conocimientos y su experiencia allí, de manera sencilla, de manera discreta pero seguramente que feliz y contento por poder captar a un nuevo "socio" para la causa.

En España, solemos ser muy dados a reconocer los méritos y las cualidades de las personas una vez que nos han dejado. Y a mí no me gustaría que fuera esa la sensación que nos queda con la marcha de Severiano Ballesteros. Creo que sus reconocimientos están ya de sobra acorde con sus merecimientos...a pesar de que le haya costado su trabajo... ¡ojalá! que nos haya dejado con ese sentimiento.

 

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