La selección española de balonmano está obligada, tras la derrota cosechada ante Polonia en la primera jornada de la segunda fase, a ganar mañana (18:15 horas, en directo por TdP y RTVE.es) a Alemania, si quiere seguir conservando sus opciones de acceder a las semifinales.
Cualquier otro resultado dejaría prácticamente fuera de la lucha por las medallas al conjunto español, al que si bien un empate todavía le daría opciones matemáticas de seguir vivo en el torneo, las múltiples carambolas que necesitaría, hacen imposible pensar que pueda ser factible.
Un triunfo al que la selección nacional tan sólo podrá optar si recupera el brillante juego que mostró en la primera fase, y no cae, tal y como ocurrió ante Polonia, en la precipitación, que le pudo costar una derrota (32-26) todavía mayor ante los eslavos.
Para ello, el combinado español necesita que la defensa 5-1 por la que previsiblemente volverá a apostar Valero Rivera, recobre la consistencia de la que careció ante los polacos, que burló una y otra vez el entramado defensivo español con los inteligentes movimientos del pivote Bartosz Jurecki.
Aunque quizá lo más importante, como recalcó el seleccionador, es que el equipo español sea capaz de reencontrar el sosegado e inteligente juego de ataque, con búsquedas constantes a los extremos y el pivote hasta encontrar la mejor opción, que le hizo sobresalir en la primera fase. Máxime cuando uno de los puntos fuertes del conjunto alemán, que ya no tiene opciones matemáticas de acceder a las semifinales, es su contundente defensa, siempre rozando, cuando no traspasándolos claramente, los límites establecidos por el reglamento.
Y es que Alemania necesita correr para sentirse cómoda sobre la pista, bien mediante contragolpes directos con los extremos Torsten Jansen y Christian Sprenger como punta de lanza, o con rápidas transiciones en las que jugadores como el lateral Lars Kaufmann son casi imposibles de parar.
Más dificultades tiene en ataque estático la selección dirigida por Heiner Brand, donde queda a expensas del acierto en el tiro exterior de Holger Glandorf, un jugador de rachas, que al igual que es capaz de anotar un gol tras otro, no tiene freno si le da por errar y errar.
Una precipitación en la que también incurre muy a menudo otra de las grandes estrellas germanas, el central Michael Kraus, lo que propicia que la dirección del equipo recaiga con bastante frecuencia en el más sereno, pero menos brillante, Michael Haass.
Aunque quizá el mayor problema de Alemania, quinta clasificada en el Mundial de Croacia 2009, donde sí pudo contar con Pascal Hens, ausente en la cita austríaca, estén en el pivote, donde todavía no han sido capaces de encontrar un relevo de garantías para Andrej Klimovets.
Ni Christoph Theuerkauf, ni el joven Manuel Spath, ni mucho menos el durísimo Oliver Roggisch, centrado únicamente en labores defensivas, ofrecen la eficacia necesaria para intimidar al rival, lo que acentúa todavía más si cabe la dependencia de los germanos de su potente tiro exterior.
Problemas que han hecho bajar a Alemania, campeona del Mundo en 2007, un peldaño en el escalafón mundial, aunque sigue siendo un durísimo rival, sobre todo, cuando como ocurrirá mañana en el Olympiahalle de Innsbruck, donde se espera que los aficionados germanos abarroten las gradas, juega como "local".
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