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Más de la mitad del aceite de girasol que importa España proviene de Ucrania. El aceite de girasol es indispensable para la hostelería. El sector de la bollería industrial podría quedarse sin reservas en dos o tres semanas. Si ocurre, el 70% de su producción se verá afectada. La otra cara de la moneda la viven los productores de aceite de oliva, que ven aumentar su demanda, en especial del aceite refinado, el más barato. España es el principal productor mundial de aceite de oliva y por eso no hay peligro de que desaparezca de los estantes de los supermercados.

Foto: Un expositor casi vacío de botellas de aceite de girasol en un supermercado de Madrid (EFE/ Diego Fernández)

España lleva meses pidiendo a la Unión Europea una reforma del mercado eléctrico. La ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, insiste en que hay varios planes para que los vaivenes del gas no afecten tanto al mercado eléctrico. "Puede ser que pongamos un precio máximo al mercado eléctrico, puede ser que pongamos un precio máximo al gas natural cuando vaya a hacer ofertas al mercado eléctrico y puede ser que saquemos definitivamente el gas natural del mercado eléctrico", ha dicho la ministra.

Foto: Una lámpara encendida en una cafetería de Zaragoza (EFE/Javier Belver)

Aunque son muchas las consecuencias que el conflicto en Ucrania está teniendo sobre nuestros sectores productivos, no todas son negativas. Es el caso del aceite de oliva, del que somos principal productor y que podría beneficiarse de la gran demanda y escasez de la grasa de girasol. Lo que hace que España tenga garantizado en cualquier caso el abastecimiento de grasas vegetales.

Alimentos como el aceite de girasol han empezado a escasear de los supermercados españoles por la guerra en Ucrania, que es el mayor productor a nivel mundial de esta semilla y también el mayor exportador del aceite que se produce con ella. Algunas grandes cadenas han empezado a racionar su venta después de que los consumidores hayan hecho acopio de este producto, ante el riesgo de desabastecimiento y de una posible subida de precios. Diana Fresneda analiza la situación y nos cuenta hasta que punto es posible que nos quedemos sin aceite girasol en nuestras despensas.

Hoy en Las Mañanas de Radio Nacional nos tomamos un café con el Aspen Institute España. Hablamos con José María de Areilza, secretario general, con Salomé Santos,  responsable del área agrícula de azucarera y con Eva Torremoche, responsable del programa de alimentación saludable de la Fundación Carasso, sobre el debate público acerca del sistema alimentario.

Respecto a la búsqueda de posibles soluciones, José María de Areilza considera que se trata de "un cambio global, íntimamente ligado con el cambio climático", por lo que a la hora de buscarlas, se deben tener en cuenta también la sostenibilidad medioambiental, económica y social. "Antes de nada se debe plantear el debate sobre los distintos modelos de agricultura que existen", apunta Torremoche, y explica que cada tipo de terreno y cada tipo de cultivo necesita su propia metodología de trabajo, por lo que no se puede simplificar en un único sistema.

Uno de los puntos que se plantean a los consumidores a corto plazo es la ingesta de productos de temporada para reducir la huella climática. Los expertos consideran que, aunque aparentemente útil, este sistema no termina de ser "totalmente posible" debido a la falta de canales y de materia, que podría producir que no tuviéramos el acceso a "suficientes alimentos". "En el punto medio estaría el modelo adecuado", señala Salomé Santos, haciendo una valoración entre la agricultura tradicional y el sistema globalizad que ahora predomina. Un equilibrio que aplican también al debate de la ganadería extensiva.  Torremoche señala la importancia de cuidar del bienestar animal y de controlar las emisiones contaminantes de este tipo de granjas, que superan con creces los límites de nitrógeno establecidos. Algo a lo que Santos hace referencia al considerar que "se puede regular que haya un modelo relativamente intensivo, pero que no vaya en contra del medio ambiente ni de la dignidad animal".

Coinciden en que las políticas europeas van bien encaminadas para reducir el cambio climático, para introducir técnicas de agricultura que permitan un consumo inteligente y para trabajar en la gestión medioambiental.  Sin embargo, Areilza opina que "Europa no puede ser una isla, porque hay costes que no puede asumir", y añade que "no se trata de un problema local,  sino que tiene una responsabilidad global".

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