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La historia del buzón que admite "solo cartas de amor", por Guadalupe Greses

  • Solo cartas de amor (Aguilar) cuenta la historia real de Ángel, un vecino de la isla de La Palma
  • La escritora del libro, su hija Guadalupe, narra la creación de un buzón dedicado solo al amor
Página Dos - 'Solo cartas de amor', una reivindicación de Guadalupe Greses
Marta Dominguez

Las grandes historias nacen a veces de los gestos más casuales. Ángel Greses, un vecino de un pequeño pueblo de la isla de La Palma, estaba harto de recibir solo facturas y publicidad en su buzón. Era un hombre divertido y excéntrico, popular entre sus vecinos, y se hacía llamar El Conde de Velhoco, y muchos veneraban su reino imaginario, sus ideas y su manera fascinante de ver la vida. Harto de ese buzón que solo daba disgustos, escribió encima de él un letreto que indicaba: Solo cartas de amor, en señal de protesta. Al poco tiempo, para su sorpresa, empezaron a llegar decenas de cartas de lugareños y extranjeros relatando sus pasiones y sus penas.

Su hija, Guadalupe Greses, ha querido contar la historia de su padre y de esa ocurrencia casual que fue creciendo a lo largo del tiempo. Solo cartas de amor (Aguilar) es una oda a la imaginación y una demostración de que los sentimientos espolean la creación literaria. La carta de amor sobrevive como el testimonio más íntimo de nuestra especie y aparece en la literatura desde sus inicios, desde las Heroidas de Ovidio a las cartas de Abelardo y Eloísa (1132). El Romanticismo estalló con Las penas del joven Werther (Goethe). Mediante misivas desesperadas, un joven narra su pasión imposible por Lotte. El libro fue tan influyente que generó una fiebre literaria y social que cambió la forma de expresar los sentimientos.

Página Dos - El clásico: "Las penas del joven Werther" (Alba) de Johann Wolfgang Goethe

Un puente entre dos almas

La angustia moderna se revela en Cartas a Felice (Kafka). En este epistolario, el autor de Praga despliega su genio y sus inseguridades más profundas, convirtiendo un cortejo obsesivo en una laberíntica obra maestra de la literatura psicológica del siglo XX. Virginia Woolf y Vita Sackville-West compartieron misivas en el Londres de los años veinte, y en la década siguiente lo hicieron Henry Miller y Anaïs Nin en Una pasión literaria: Correspondencia (1932-1953), publicado en España por Siruela.

Shakespeare, Mariana Alcoforado, Choderlos de Laclos, Austen, Poniatowska, Cortázar, Neruda o Frida Kahlo demostraron en su obra el poder evocador y melancólico de la carta de amor. Más contemporánea es la emocionante novela Los puentes de Madison County (R. J. Waller), una historia sobre el legado escrito de padres a hijos. A través de diarios y cartas póstumas el lector conocerá el breve romance secreto entre una ama de casa y un fotógrafo de National Geographic. La novela se adaptó al cine con Meryl Streep y Clint Eastowood como protagonistas.

Días de cine: La secuencia favorita de Natalia Verbeke: Los puentes de Madison

Ángel Greses supo trascender la monotonía y mirar el mundo con humor. Con su buzón contagió de su entusiasmo a los habitantes de una isla, a su familia y a miles de personas que, rebelándose a lo anodino, decidieron compartir sus emociones más íntimas con un desconocido a través de una pequeña ranura. En Solo cartas de amor (Aguilar) Guadalupe Greses crea un interesante ejercicio narrativo que es a la vez un homenaje al hombre, al mito y al padre.