Ruta de Carlos V: tras los pasos del Emperador
- Juan y Migas reviven el último viaje del monarca Carlos V hasta su retiro en Yuste
- Nueve etapas con Juan y Migas en el Camino Francés por León
Dejadme que primero os ponga en situación. Nos habréis oído hablar de Carlos V (nuestro Carlos I) decenas de veces en 'Senderos con Juan y Migas'. La última vez fue estando en el Gran Lago de Alqueva, justo antes de coger nuestro kayak para perdernos por una isla desierta. El capítulo llevaba el sugerente nombre de “La isla misteriosa”, rememorando la novela de Julio Verne, que se encuentra entre mis preferidas de la literatura universal.
Carlos V es una figura histórica recurrente en mis diatribas y no porque sienta una pasión infinita e insobornable por el primer Austria instalado en España, o por los monarcas y los reinos en general. No, ni mucho menos.
Sin embargo, reconozco que hay detalles de la vida de Carlos V que me apasionan sobremanera y uno de ellos era su perfil viajero, casi expedicionario, y la involucración y entrega que tenía con los menesteres de su gobierno. Porque si los Comuneros la liaban en Toledo, allí que marchaba; si los señores de Baviera andaban dubitativos, Carlos cogía su caballo y plantaba cara al que fuera; y si había que ir a por cerveza a Amberes, lo mismo, a lomos de su corcel, ¡y allá que me voy! Carlos se mojaba, como diríamos hoy.
En fin, vuelvo a lo del rey viajero, porque hay mucha tela que cortar aquí.
Hace unos años dirigí para La 2 la serie Carlos V: los caminos del Emperador, precisamente por su fascinante vida de aquí para allá.
¿Sabéis que Migas tiene un papel protagonista en la serie? Os lo cuento un poco más adelante, que me desconcentro. A ver, por dónde iba. Ah, sí, ya.
Como dejó escrito el prestigioso historiador Manuel Fernández Álvarez, Carlos V llegó a proclamar, al final de sus días, esta frase: “Nueve veces estuve en Alemania, seis en España, siete en Italia, diez en Flandes, dos en Francia, dos en Inglaterra, dos en África, once en el mar, y con las travesías que hice, parece increíble que un hombre de carne y hueso haya podido aguantar tanto.”
En aquellos tiempos los viajes eran incómodos, auténticas proezas, y muchos integrantes de su séquito terminaban muriendo en el camino. Al empaparme de numerosa bibliografía y realizar decenas de entrevistas con reconocidos historiadores europeos, puedo decir, sin duda, que estamos ante una figura política de magnitudes colosales. Como diríamos hoy, si había que “remangarse” para limpiar el lodazal, allí que estaba Carlos.
Migas, junto a la señal de la Ruta del Emperador, minutos antes de iniciar el sendero que recorre los últimos pasos de Carlos V hacia Yuste. JUAN FRUTOS
Carlos acumuló viajes sin precedentes como ningún monarca, pero hubo un periplo que, desde mi punto de vista, responde a la personalidad nostálgica y pausada, casi depresiva, de Carlos: su último viaje a Yuste.
¿Por qué el hombre más poderoso del planeta decide retirarse a un monasterio, entre frondosos bosques de robles, alejado completamente del mundanal ruido? Precisamente por eso. Ya había hecho todo lo que tenía que hacer. Ahora el imperio pasaba a manos de Felipe.
El último viaje
El 13 de septiembre de 1556, nuestro viajero incansable zarpó del puerto de Flesinga en Países Bajos. Llegó a Laredo, en la costa cantábrica, dos semanas después, donde celebran anualmente un desembarco de lo más espectacular. Aquella efeméride fue el inicio de un viaje a pie que llevó a Carlos y su séquito por las actuales comunidades de Cantabria, Castilla y León y Extremadura.
El 12 de noviembre de 1556 llega a Jarandilla de la Vera, donde pasó tres meses en el Palacio de los Condes de Oropesa, ya que las obras del monasterio de los jerónimos de Yuste no habían concluido. Por cierto, fue una pasada grabar las escenas de ficción que contiene la serie Carlos V: los caminos del Emperador, porque tuvimos la suerte de poder hacerlo en las localizaciones reales, las mismas que visitó el Emperador.
Juan y Migas en un momento del rodaje de Carlos V RTVE
Ya, el 3 de febrero de 1557, Carlos V parte con su séquito desde Jarandilla de la Vera hasta su esperado retiro en Cuacos de Yuste.
Una ruta con amigos
Este tramo de apenas diez kilómetros es la última ruta que Migas y yo hemos llevado a cabo durante el otoño pasado. Lo hicimos además con un grupo de seguidores del programa que llegaban de lugares tan distantes como Islas Canarias, Marbella o Guadalajara. Vinieron incluso amigos caninos como “Schoppie”, en la foto con Migas.
Migas y “Schoppie” comparten descanso durante la Ruta del Emperador en un tramo del sendero entre Jarandilla y Cuacos de Yuste. JUAN FRUTOS
Por la “Ruta del Emperador” tengo debilidad, sobre todo por el trasfondo que ya os he confesado. Me resulta poderosa la idea de recorrer los últimos pasos de Carlos V, por el mismo camino que tomó el Emperador allá en 1557. No en vano, es Itinerario Cultural del Consejo de Europa, ahí es nada. De hecho, todas las ciudades que forman parte de este itinerario conforman la Red de Rutas de Carlos V.
Migas y yo quedamos con nuestros acompañantes en el Puente Parral, bajo el que discurren las aguas de la garganta de Jaranda, afluente del río Tiétar. La ruta comienza, en realidad, en el actual Parador de Turismo, pero nosotros la hicimos ya a la altura de este pontón, al parecer de origen romano.
Durante algo más de 3 km, el sendero empedrado es ascendente y está flanqueado por robles y castaños aislados. Es un camino bien señalizado que, en ocasiones, discurre en paralelo a la EX203.
En apenas una hora, llegamos a Aldeanueva de la Vera. En este pueblecito, hicimos una parada para reponer fuerzas, aunque tengo que decir que nos acompañó un grupo en forma, porque no les pesaba nada de nada los cinco kilómetros que habíamos recorrido.
La parada fue en el melancólico Puente Viejo que sortea la garganta de San Gregorio, donde además rodamos una escena muy curiosa para la serie “Carlos V: los caminos del Emperador” recogida por su secretario personal Luis de Quijada y que, por supuesto, contamos a nuestros acompañantes. Al Emperador se le antojó unas truchas al llegar a Aldeanueva y unos pescadores del lugar no dudaron en proveerle de frescos salmónidos veratos.
Por supuesto, no faltó la música y juntos cantamos no solo “la canción de la caravana”, como todos la llamáis con cariño (se llama “Y me decías te quiero”, ¿vale?), sino también el tema musical que fuimos componiendo durante la última temporada, “Aquellos versos”.
““
De Aldeanueva de la Vera a Cuacos de Yuste
Tras la parada, proseguimos la ruta atravesando todo el municipio por la carretera regional EX203 hasta llegar al camino rumbo a Cuacos de Yuste. Apenas si son 3 km entre olivares y fincas privadas, donde el sol comenzó a apretar; lugares como el Puente Tejar, sobre la garganta de los Guachos, nos sirvieron de refrigerante natural durante un pequeño tramo.
No tardamos en llegar a la Ermita de Santa Ana, la cual nos dio la bienvenida antes de entrar en Cuacos de Yuste. Visitamos, por supuesto, la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción y no faltó la foto en la mítica Plaza de los Chorros.
No dejamos atrás la Plaza Juan de Austria, donde un busto recuerda la figura del hijo (bastardo) de Carlos con Bárbara Blomberg.
Apenas si quedaban 2 km para llegar al último retiro del Emperador. Como nosotros hicimos una visita por el pueblo, callejeamos para llegar a la carretera EX391, en paralelo a la cual hay una vía señalizada y empedrada para hacer más cómoda la última parte del sendero.
A nuestros acompañantes, les llamó poderosamente la atención el Cementerio Alemán y sé que alguno se emocionó al contarles la historia. El pequeño camposanto acoge algo menos de 200 soldados alemanes muertos durante la Primera y la Segunda Guerra Mundial. Sus cruces revelan que apenas si tenían, en su mayoría, 20 años.
Vista del Real Monasterio de Yuste, enclave extremeño donde Carlos V pasó sus últimos días tras abdicar. Angel Maria Romero Munoz Angel Maria Romero Munoz
Tras la visita al cementerio, recorrimos los escasos 500 metros que nos separaban del Monasterio de Yuste. Fue justo aquí donde el Emperador pasó sus últimos días.
Las crónicas dicen que disfrutaba sentado en la galería que miraba al patio y justo esa fue una de las escenas más sencillas, a la vez que emotivas, del documental: ver a Carlos V ensimismado, mientras acariciaba a su perrito faldero interpretado, cómo no, por Migas.
El actor caracterizado como Carlos V sostiene a Migas durante la grabación de una escena ambientada en el retiro del emperador en Yuste. JUAN FRUTOS
Os recomendamos este sendero fervientemente, ya no solo por su riqueza natural, sino por su imponente legado que ha pasado a la historia como uno de los capítulos más reseñables en la vida del Rey Viajero.
SENDEROS CON JUAN Y MIGAS