El duque de 'Valle Salvaje' enseña sus dos caras con Adriana y Luisa: ¿ángel o demonio?
- José Luis protagoniza la trama de su abdicación con un interesante estudio de personaje
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El duque de Valle Salvaje, don José Luis Gálvez de Aguirre, está protagonizando algunos de los momentos más tensos y emotivos de la serie en los últimos capítulos. Es uno de los personajes más fuertes de la serie: un hombre capaz de todo para preservar su poder y garantizar su legado, al que nada le preocupa más que los apellidos, los títulos y la sangre. Pero, al más puro estilo Valle Salvaje, también es un personaje difícil de clasificar.
Con Irene, Alejo, Rafael o Julio, le hemos visto ser un padre amoroso, que se emociona y ama de verdad a sus hijos, así como un tirano, que los insulta, humilla o incluso pone en peligro su salud con el fin de salirse con la suya. Con su esposa, Pilara, era un marido devoto, aunque también la engañaba con Victoria. Y con ella, con Victoria, la cosa se complica aún más: verdadera pasión y amor sincero en los momentos más difíciles se combinan con vejaciones, gritos y perversos juegos de poder cuando su nueva mujer interfiere con sus planes.
Alejo se arrodilla frente al duque para pedir perdón RTVE
Todo esto forma parte del personaje que hemos conocido hasta ahora, para quien todo está a punto de cambiar: obligado por Dámaso, el duque ha anunciado su decisión de abdicar en pos de su hijo, Rafael, y legarle a él el título de duque de Valle Salvaje. Este hombre que ha derramado sangre para conservar sus tierras y que estaba a punto de convertirse en consejero de Su Majestad Carlos III, acaba de ver sus sueños frustrados y de darle a la historia el giro más inesperado.
Ahora, y conociéndole, sus movimientos son muy difíciles de predecir. Y la diaria parece decidida a poner su atención en el duque, que en el último capítulo se ha erigido como protagonista absoluto al mostrarle a la audiencia sus dos caras más claras que nunca: una terrorífica en su secuencia con Luisa, una afable y emotiva en el momento que ha compartido con Adriana. Y las dos son sinceras, a su manera. El verdadero duque es muchas cosas a la vez.
La terrorífica amenaza que ha impactado a Luisa
El duque ha tomado una decisión horrible a espaldas de Adriana: prohibirle a Luisa asistir a la boda. Pero eso no ha sido todo: decidido a separar a Alejo del pequeño Evaristo, a quien trata como si fuera su hijo, se ha embarcado en un discurso apabullante contra su madre.
"Ese hijo tuyo, un hijo que no es hijo de Alejo. Por lo tanto no tiene ningún sentido que mi hijo ejerza de padre de tu hijo. Ningún sentido. Y como eso es así, no voy a permitir que las cosas sigan como hasta ahora. Él no es su padre ni lo será jamás, el primer nieto que me dará la providencia es el hijo que parirá Adriana. El hijo de mi queridísimo Julio. Por eso no voy a consentir que mi hijo tenga sentimientos por una criatura a la que no le une ningún tipo de lazo de sangre, que no es un Gálvez de Aguirre", le ha dicho.
Solo podemos imaginar lo que le habrá costado a Luisa tragarse la bilis y la verdad que todos conocemos: que Evaristo sí es un Gálvez de Aguirre, hijo de Domingo concretamente, y que si Luisa dijera lo que sabe pondría a la familia en un aprieto, poder que decide no usar.
Eso no ha sido todo: ha tildado a Luisa de manipuladora, y le ha dado un ultimátum mientras la agarraba violentamente y no le dejaba zafarse: "Vas a dejarlo en paz, porque por fin mi hijo está donde debe estar, con su verdadera familia, y no se va a mover de allí, de la Casa Grande, de su casa. Y no apartes la mirada cuando te estoy hablando. Y no vayas a quejarte. Que ni se te ocurra hacerlo".
Una escena en la que hemos visto su cara más oscura. Y en la que nos ha dado miedo, y a Luisa también.
Su momento más dulce junto a Adriana
"¿Habrá tenido en cuenta que esto la convertirá en duquesa de Valle Salvaje?" Ante lo que está a punto de pasar, el duque ha querido hablar con Adriana y darle sus mejores consejos a la duquesa de Valle Salvaje, ante la que no ha mostrado ningún rencor por el relevo que, obligado por Dámaso, ha tenido que facilitar. En su lugar, le ha hablado como un padre a una hija: "Yo le recomiendo que se pare a considerarlo. Porque va a cambiar su vida. Se aproxima a una etapa nueva y hermosa. También exigente, no lo vamos a negar. Por eso debe estar bien preparada para tomar decisiones muy importantes".
"Como duquesa habrá de ocuparse de multitud de asuntos, y habrá de hacerlo con responsabilidad, buen juicio, con sentido de la permanencia y con respeto a la memoria. Usted ha de velar por una estirpe que aspira a ser eterna". "¿Su estirpe?", le la preguntado Adriana, acariciándose la tripa y pensando en el hijo que, aunque el duque no lo sabe, es de Rafael. "Nuestra estirpe, Adriana". Un discurso digno de un verdadero noble.
A continuación, José Luis se ha mostrado consciente de la imagen que el resto tienen de él... aunque también lo ha utilizado para justificar su mala conducta. "Tal vez ahora comprenda la dificultad que supone tener que tomar ciertas decisiones. Lo arduo que ha sido para mí tener que tomarlas. Y lo injusto del juicio que los demás vierten sobre tus decisiones".
¿Lo más bonito de todo? Las palabras que le ha dedicado a su hijo Rafael, con quien no siempre se ha mostrado afectuoso. Rafael siempre se ha sentido despreciado por su padre, que sin embargo demuestra ahora tener a su hijo en muy alta estima. Por eso, Adriana le ha animado a repetirle en otro momento lo que le ha dicho a ella: "Tiene la fortuna de contar con la ayuda de Rafael. El mejor de los Gálvez de Aguirre. El más fuerte. El más confiable de todos nosotros"
¡Parece mentira que estos dos duques sean la misma persona!