Pedro J. Ramírez: "Todos los problemas que he tenido han sido por publicar la verdad"
- El periodista Pedro J. Ramírez presenta en Las tardes de RNE la segunda parte de sus memorias, Por decir la verdad
- En ella repasa algunos de los episodios más determinantes y tensos de su carrera y de la historia reciente de España
Por decir la verdad. El director de El Español, Pedro J. Ramírez (Logroño, 1952) no necesitó pensarlo mucho. El título de su segundo libro de memorias resume con precisión su carrera profesional. Lo aprendió con la tinta aún fresca, cuando un titular podía costar un amigo —o, en su defecto "un lazo de cercanía y aprecio"—, un cargo o una redacción. Y lleva más de 45 años pagando a plazos esa filosofía de trabajo.
Dos despidos —el del Diario 16 en 1989 y el de El Mundo en 2014—, incontables presiones y enemigos de todos los colores lo corroboran. "Los problemas para el periodismo vienen siempre por decir verdades", asegura en Las tardes de RNE, con David Cantero y Marta Solano.
Siempre ha sido así. Y seguramente siempre lo será.
"No digo que no haya metido la pata en algunos momentos", admite. "A veces tienes una percepción de la realidad que puede cambiar, y no pasa nada por rectificar si lo que has publicado se ve desmentido". En ese caso, "haces una fe de errores y pides disculpas".
Porque los fallos pueden ser perdonables. Muchos se corrigen. Las verdades, no tanto. Resultan más complejas. Más incómodas. Como diría Antonio Machado, "la verdad es lo que es, y sigue siendo verdad, aunque se piense al revés". O se intente tapar. Quizá ocultar. O hasta silenciar.
"Todos los problemas que he tenido han sido porque lo que habíamos publicado era verdad", insiste Ramírez tajante, sin que le tiemble la voz al enumerar: "Era verdad que el Gobierno de Felipe González estaba implicado en la trama de los GAL, en Filesa y en el reparto fraudulento de los fondos reservados", recuerda.
Y, veinticinco años después, también "era verdad que el Gobierno de Rajoy estaba implicado en la financiación ilegal, en lo de 'Luis sé fuerte' y en todas las hojas de la contabilidad b del partido", añade.
Como también lo fue, apunta, el proyecto SSIF que Juan Carlos I —"la persona que más me ha decepcionado porque ha traicionado la confianza de los españoles haciendo que la Transición quedase frágil por no estar a la altura de los valores que predicaba"— patrocinó en 2007 junto a Corinna Larsen.
¿Qué habría sucedido si esa información difundida no fuera cierta? Que, como periodista, subraya Ramírez, sufrirías una mancha importante en tu reputación. Y ya está.
"Si hubiera sido mentira que el rey emérito crease el Fondo Hispano-Saudí de Inversiones en Infraestructuras con Corinna, o si hubiera sido mentira que aceptase los 100 millones de regalo de los saudíes y el dinero de los kuwaitíes presuntamente antes, quedas mal y pierdes prestigio y credibilidad, pero, al final, no pasa nada", responde.
Sin embargo, "a mí me han echado de dos periódicos dos gobiernos distintos de signo opuesto", recuerda. El delito: "decir la verdad".
Ahora, si hay algo que reivindica fervientemente Pedro J. Ramírez es que callar le habría salido más caro.
"Estamos encadenados a nuestro deber"
Ese chaval de Logroño, crecido "en un tiempo pequeño y en una España pequeña" que, sin saber realmente "por qué", siempre quiso ser informador, jamás se lo habría perdonado. "Si no hubiera sido periodista, sería un número más del del fracaso escolar", bromea. "No me imagino dedicándome satisfactoriamente a ninguna otra cosa".
Ni tampoco la profesión —o mejor dicho "esa manera de vivir sin horario y sin tiempo que está pegada a tu piel en todo momento"— habría pasado por alto el silencio informativo.
"Ni he publicado jamás una noticia que no creyera que verdadera, ni he dejado de publicar por intereses o favores políticos, publicitarios o sociales una noticia que creyera verdadera", asegura. "Siempre me he regido por el principio de que el periodismo implica grandes satisfacciones y da derechos importantes delegados por los ciudadanos, pero que también implica un deber", explica.
Para él, se simplifica en eso de "que si la flecha está en el arco tiene que partir, aunque luego se clave contra ti, afecte a un amigo o implique que un accionista o un anunciante te corte la publicidad". "El día que escuché a Bárcenas pensé: 'Ya estoy jodido. Soy su rehén'. Me di cuenta de que la historia era verdadera y no tuve más remedio que publicarla sabiendo que me iba a perjudicar. Pero estamos encadenados a nuestro deber", defiende.
El 11-M, un "caso intelectualmente abierto" para Pedro J. Ramírez
Y ese deber no descansa. Ni se apaga. "Lo que más me duele —confiesa— es que ni los jueces, ni los policías, ni los fiscales, ni los periodistas hemos sido capaces de averiguar lo que pasó el 11 de marzo de 2004 en España. ¿Quién ideó la masacre? ¿Dónde y con qué propósito? ¿Quiénes pusieron las bombas en los trenes? ¿Cuál fue el explosivo que se utilizó?", se pregunta.
"Este tema no es asunto de debate en el presente, y no lo planteo como una polémica política —destaca—, lo remito al ansia de esclarecer la verdad. Para mí, en términos jurídicos es una cosa juzgada y, aunque acepto la sentencia, intelectualmente siempre será un caso abierto" al que Pedro J. Ramírez tratará de buscarle, primero y decirnos después, la verdad.
Las tardes de RNE