Álex de la Iglesia: "Ningún tiempo pasado fue mejor. Hoy tenemos más libertad que nunca"
- Álex de la Iglesia presenta en El despertador de RNE el reestreno en cines de su película La comunidad
- Veinticinco años después, la cinta se vuelve a proyectar en salas en una versión remasterizada en 4K
Tras la muerte de un anciano que vivía solo en su domicilio, el mercado inmobiliario se activa de inmediato. En plena fiebre del ladrillo, Julia (Carmen Maura), agente de mediana edad empeñada en maquillar sus ventas —incluida la del difunto— se topa con una jauría de vecinos codiciosos, capitaneados por un administrador sin escrúpulos (Emilio Gutiérrez Caba), capaces de cualquier maniobra con tal de alcanzar su beneficio particular.
La historia es la de La comunidad, la película de Álex de la Iglesia (Bilbao, 1965) estrenada en el 2000 y convertida en la española más taquillera de ese año, con más de un millón y medio de espectadores. Sin embargo, bien podría ser la trama de un estreno contemporáneo. De 2025. O, directamente, la escaleta de cualquier telediario.
"Me divertía leer en X (antiguo Twitter) a la gente que decía que la cinta estaba más presente que nunca por el tema de la vivienda. Todo eso se ve, se disfruta y se sufre en ella", admite el director en El despertador de RNE, con Gorka Rodríguez.
Y no le falta razón. Si La comunidad se rodase hoy, apenas habría cambios. Los únicos ajustes radicarían en la forma, no en el fondo.
Tal vez, cuestiones técnicas, de calidad de imagen o de nitidez del detalle. La versión máster 4K restaurada para su 25 aniversario que, desde agosto se proyecta en salas, lo confirma. "Es una gozada y una locura. Que se reestrene después de tantos años significa que estás vivo y que lo que has hecho merece la pena", reconoce Álex de la Iglesia.
Quizá, también, se notaría una mayor cautela en la expresión. "No nos pongamos llorones, vivimos en el mejor de los mundos posibles. Ningún tiempo pasado fue mejor. Es mentira. El mejor tiempo posible es el presente, incluso es mejor que el futuro", asegura. "Actualmente —lo justifica— tenemos más libertad que nunca para hacer lo que nos dé la gana. Yo soy prueba de ello. En ese sentido, ahora tenemos, pero por decisión personal, más cuidado de contar las cosas".
Aunque sin obsesionarse. La obsesión nunca es positiva. Ni lo fue ayer, ni lo es hoy, ni tampoco lo será mañana.
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Por eso, un guion moderno casi no variaría. "La comunidad es una película que adoro y con la que me lo pasé muy bien", señala el bilbaíno. Y no solo por la oportunidad de dirigir a "un elenco tan amplio y estupendo" como aquel –Carmen Maura, Sancho Gracia, Terele Pávez, Paca Gabaldón, Eduardo Antuña, Kiti Mánver…–, sino también y sobre todo por la autenticidad lograda.
"Siempre pienso en que la película funcione y tenga una coherencia interna", explica el ganador al Goya a mejor director en 1995 por El día de la bestia. Porque, spoiler, dejarse arrastrar por el qué dirán, acaba mal. Sin excepción.
"Con La comunidad no buscábamos agradar de una manera forzada, y ello resultó muy agradable de grabar. Cuando empiezas a pensar en quedar bien, la cinta deja de ser tuya", advierte. A pesar de que, en realidad, le pertenezca a los espectadores en todo momento. Y "a cuantos más, mejor".
"No hay que olvidar que estás creando algo que deseas que sea visto", recuerda el vasco. "Las películas —subraya— son como una fiesta: quieres que entre la mayor cantidad de gente, pero lo que no vas a hacer es pinchar música que a ti no te guste".
El equilibrio está claro: explicar lo propio consiguiendo entretener y atraer. "Quiero que se cuente lo que yo quiero contar y que, además, sea fácil de ver. Hay normas para que una secuencia resulte atractiva, y en eso he sido siempre bastante estricto", apunta.
Con todo, tal vez, la mayor diferencia entre el guion original del 2000 y uno con mirada del 2025, solo —para lo bueno y para lo malo— sea la divisa.
Ya no hablaríamos de pesetas, nos referiríamos a los euros. Los 300 millones encontrados por Julia bajo el suelo del hogar del fallecido, serían hoy billetes violetas de 500, en lugar de los grisáceos de 10.000. Por lo demás, poco más. O, mejor dicho, poco menos.
Porque veinticinco años después, la soledad no deseada y el aislamiento social siguen golpeando ferozmente a nuestros mayores. Todo a la vez que la crisis de la vivienda, afianzada ya como el primer problema nacional, la avaricia y la ambición —esos vecinos que nunca se mudan— aún dictan la agenda diaria nacional e internacional.
Porque un cuarto de siglo más tarde, el cine permanece joven y con vitalidad. Y continúa ayudando. "La única manera de sobrevivir a la vida es jugar con ella, satirizarla y convertirla en una broma aún mayor para que nos tranquilice y nos salve de lo que ocurre en la realidad, que, últimamente, es absolutamente insoportable", sentencia Álex de la Iglesia.
El despertador de RNE