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Pocas revoluciones se han hecho con armas tan inofensivas como esta

Es pequeño, lo usas a diario, se inventó en la cárcel y supuso una gran revolución

En 1780, el prisionero William Addis unió cerdas de cerdo a un mango especialmente tallado de hueso de vaca, creando así el cepillo de dientes europeo moderno. Más adelante, en 1844, su diseño se perfeccionó y comenzó a producirse en cadena. Sin embargo, la higiene bucodental nos acompaña desde muchísimo antes. Lo cuenta María Jesús Cava en el Condensador de Fluzo.

Los orígenes de la salud dental

Desde Atapuerca se utilizaban ya palillos de dientes, lo cual está acreditado por las huellas que han quedado en los dientes de restos arqueológicos. Y es que todos los antiguos pueblos se preocuparon por la higiene de la boca: etíopes, nubios, sirios, babilonios… Pero es en la civilización egipcia donde se identifica por primera vez una figura profesional comparable a la de los dentistas actuales, siendo el papiro de Ebers uno de los tratados médicos más antiguos conocidos, donde se detallan, entre otras, enfermedades odontológicas.

En cualquier caso, la extracción de dientes y muelas era la praxis principal para aliviar las infecciones dentales. Por ejemplo, los etruscos, en el 700 a. C., fabricaban prótesis dentales a partir de bandas de oro puro. Más adelante en el tiempo, los griegos prevenían las caries mediante enjuagues con orina. Y en la antigua Roma usaban una pasta dentífrica llamada “Escribonius” que contenía una mezcla de vinagre, miel, sal y cristal machacado.

Si ampliamos a la Península Arábiga, el Norte de África y la India, nos encontramos con que la limpieza de los dientes se llevaba a cabo masticando palos, hechos a partir de la salvadora pérsica, planta también conocida como árbol cepillo de dientes. En América, los Mayas ligaban el cuidado de los dientes con cuestiones religiosas y estéticas más que sanitarias, como por ejemplo la incrustación de piedras para embellecer los dientes.

Por su parte, en Europa, el papel del dentista entre los siglos VI y XI lo desempeñaba principalmente el clero. Y en Francia se creó un gremio de barberos “cirujanos”, quienes disponían de los instrumentos y las habilidades necesarias para realizar operaciones complejas, pero su práctica dental fue paulatinamente abandonada.

El cepillo de dientes

Y este viaje de la mano de María Jesús Cava nos lleva a China, donde el prototipo del cepillo de dientes se crea a partir de cerdas de cerdo sujetas a un palo de bambú o hueso durante la época de la dinastía Tang entre el 618 y el 907. Durante el siglo XVII el cepillo de dientes chino viajó a Europa, pero no tuvo buena acogida debido a su dureza y a los escritos de Pierre Fauchard en 1723, donde criticaba la poca efectividad de los cepillos con pelo animal. Y es que será Louis Pasteur en el siglo XIX quien, gracias a su teoría microbiana, ayudaría a los dentistas a descubrir que las cerdas de origen animal conservaban la humedad y se convertían, de esa manera, en un foco de bacterias y hongos microscópicos.

No obstante, en Estados Unidos, el invento de William Addis se seguirá utilizando en masa y no será hasta 1933, con el descubrimiento del nailon por parte de Wallace H. Carothers en los Laboratorios DuPont, que se empezarán a fabricar con este material, el cual era duro, rígido, flexible y no se veía dañado por la humedad. Además, su bajo coste permitía incluso a las familias más humildes poder adquirir uno para cada miembro. Así, el primer cepillo de nailon se vendió en 1938 en los Estados Unidos bajo el nombre de Dr. West’s Miracle Tuft Toothbrush.

Y es que, durante nuestro siglo, la profilaxis bucodentaria y la odontología han avanzado de manera exitosa, pero siempre ha sido indispensable para la humanidad, como nos recuerda María Jesús Cava, ya lo dijo Cervantes sabiamente a través de Don Quijote: “En mucho más se ha de estimar un diente que un diamante.