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La transformación silenciosa: más perros que niños en España

  • España registra ya más de 10 millones de perros frente a apenas 1,7 millones de niños menores de cuatro años
  • La precariedad económica impulsa un nuevo modelo donde la mascota se consolida como el principal ancla emocional
Familia acariciando a su perro
Familia acariciando a su perro GETTY / GOODBOY PICTURE COMPANY
NORA GARCÍA (Alumna del Máster Reporterismo 360 RTVE Aragón - UNIZAR)

A las siete de la mañana en un piso del centro de Madrid, comienza la rutina. No hay llantos de bebé ni preparativos escolares. El sonido que marca el inicio del día es el tintineo de un collar y el rastro de unas patas sobre el parqué. Sergio, de 46 años, se calza las zapatillas para el primero de los tres paseos diarios de Bruno, su perro. Sergio está casado y tiene claro que su familia está completa con este animal que rescataron hace años. Para él, Bruno no es un accesorio. Es el tercer pilar de su vida, situado justo después de su pareja y de sus padres.

La historia de Sergio es el reflejo de una transformación silenciosa que recorre España, donde lo que antes entendíamos por "familia" se está redefiniendo. Según la Red Española de Identificación de Animales de Compañía (REIAC), a mediados de 2023 había en el país 10.165.498 perros. En contraste, los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) para el mismo periodo contabilizaban apenas 1.786.406 niños de cero a cuatro años. Es un cambio de paradigma en el que el animal ha pasado de estar en el campo a ser un miembro central de la intimidad.

= de Nora garcia arrizabalaga

Rutinas, cuidados y nuevas formas de familia

La vida de Sergio está marcada por una rutina pensada al milímetro para Bruno. Su perro es nervioso y necesita estructura, así que los paseos están lejos de ser simples salidas improvisadas. Cada día suman más de tres horas en la calle: una al amanecer, media hora al mediodía y otra hora y media al caer la tarde. "Su rutina está muy definida, incluso los fines de semana", cuenta Sergio. A eso se le suma el adiestramiento diario con correa, una constancia que asegura que es clave para ayudar a Bruno a canalizar toda su energía.

Sergio y su perro Bruno durante un viaje de vacaciones

Sergio y su perro Bruno durante un viaje de vacaciones SERGIO GARCÍA

Para él, el término "perrhijos" tan cuestionado en algunos ámbitos, tiene un significado mucho más sencillo y honesto. "Socialmente tiene una connotación negativa, pero dentro de casa, en el núcleo que se crea con el perro, es totalmente idóneo·, dice.

En su hogar, Bruno no tiene carencias: come el mejor pienso, acumula juguetes y camas, y recibe cuidados sin escatimar.

"En mi casa, al no tener hijos, es lo más parecido a tener una responsabilidad de un ser vivo"

Desde su punto de vista, que cada vez más personas opten por convivir con mascotas responde a dos razones claras. La primera es económica. "Mantener un perro supone menos gasto que criar a un niño y además su esperanza de vida es menor, lo que lo hace más asumible", explica. La segunda es el tiempo. "A un perro, al poco tiempo, puedes dejarlo solo en casa y la exigencia diaria es menor que la de un niño", añade, en un contexto social marcado por la prisa y la falta de estabilidad.

La contradicción social y el peso del alquiler

A pocos kilómetros de Sergio, Eveline, de 24 años, abre la puerta de su casa y no necesita mirar más allá del umbral para sentirse acompañada. Arabia, su perra adoptada, la recibe con la misma emoción de siempre. Para ella, la idea de hogar no pasa por tener hijos, sino por esa presencia fiel que la espera cada día. "Para mí un hogar empezó a ser un hogar cuando llegó Arabia y se creó la rutina: su cama, su comida, alguien esperándome en casa", cuenta. En una ciudad que a menudo se le hace cuesta arriba, Arabia se ha convertido en su "ancla emocional".

Eveline y Arabia, disfrutando de un momento de calma en su salón. Imagen propia

Eveline y Arabia, disfrutando de un momento de calma en su salón Eveline y Arabia, disfrutando de un momento de calma en su salón. Imagen propia

Sin embargo, detrás de esa escena cotidiana hay un contexto mucho menos amable. El sociólogo e investigador Álvaro Soler explica que este tipo de decisiones no son casuales, sino el resultado de una contradicción profunda entre lo que la sociedad espera y lo que la realidad material permite. Desde la llamada "socialización primaria", señala, se nos inculca que el éxito vital pasa por formar una familia tradicional. "Nos han dicho desde pequeños que tenemos que formar una familia, pero, por otro lado, nos encontramos con que, una, no podemos, o dos, no queremos", analiza.

En ese choque entre expectativas y posibilidades, las mascotas aparecen como una vía para canalizar los cuidados. "No puedo tener hijos o no puedo mantenerlos, pero tengo mascotas que cumplen esa función y cumplimos esos roles", añade Soler. Uno de los frenos más evidentes es la crisis de la vivienda. "Muchas veces las familias no pueden tener ni siquiera una casa en propiedad, lo que les genera una inestabilidad", apunta.

Eveline lo vive en primera persona. "Vivir sola en Madrid con 24 años es complicado. Tuve suerte con un alquiler antiguo, porque los precios ahora mismo son horribles". En ese contexto, no se plantea la maternidad como una renuncia, sino como una cuestión de viabilidad. "Tener un hijo ahora mismo solo es una opción real si tienes estabilidad, no es solo quererlo".

“No necesitas un hijo para tener un hogar ni ser familia, también puedes serlo con perros”

La responsabilidad que asume hoy con Arabia es el límite que su economía le permite sin llegar a "ahogarse". En su caso, su perra ocupa plenamente ese espacio de cuidados y vínculo. "Me hace sentir que soy su mundo, que quiero darle la mejor vida posible", dice.

La oxitocina frente a los riesgos de la humanización

Este giro hacia las mascotas no se entiende solo desde la sociología. La etóloga Sandra Portals lo ve cada día en su consulta y lo define como una realidad ya incuestionable. "Cada vez veo más gente joven que decide convivir con un perro o un gato en lugar de tener hijos", explica. No es casualidad que hoy se hable de familias multiespecie y de "tutores" en lugar de "dueños". El lenguaje también delata un cambio profundo en la forma de relacionarnos con los animales.

A nivel biológico, ese vínculo se sostiene gracias a la oxitocina, la misma hormona que interviene en la relación entre madre e hijo. "Este vínculo aporta beneficios emocionales mutuos: reduce el estrés y aumenta la sensación de seguridad", detalla Portals. En historias como las de Sergio o Eveline pueden activarse impulsos de protección similares a los de la paternidad, aunque la etóloga matiza que no se trata de sustituir a un hijo, sino de construir vínculos más conscientes, intensos y significativos.

Pero ese apego también tiene límites. Portals alerta de una línea roja clara: la humanización excesiva. "El riesgo aparece cuando por desconocimiento, no se respetan sus necesidades como especie y como individuo", advierte. Olvidar que un perro necesita explorar, o que un gato requiere sus propios tiempos, puede derivar en problemas de conducta y en frustración compartida. Por eso es tajante: "Por mucho que los queramos, un perro o un gato no son un niño pequeño". Tratar a un animal como si lo fuera implica, en muchos casos, exigir comportamientos que van contra su naturaleza.

En paralelo, el futuro demográfico de España, con una pirámide poblacional cada vez más envejecida, parece caminar de la mano de estas nuevas formas de convivencia. Puede que en los parques haya menos carritos de bebé, pero la necesidad humana de cuidar, proteger y vincularse sigue intacta. Para miles de personas como Sergio y Eveline, ese impulso encuentra sentido en una relación que consideran suficiente y plena. Como resume Portals, integrar a los animales en la familia no es una moda pasajera, sino el reflejo de una forma de convivencia más consciente, respetuosa y saludable.