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"Perros potencialmente pesados y no peligrosos": cambiar la etiqueta para conseguir más adopciones

  • De los 207 perros adoptados en Zaragoza en 2025, solo 17 son potencialmente peligrosos, según el Centro Municipal de Protección Animal en Zaragoza
  • Algunos llevan más de siete años esperando encontrar una familia

Un perro de pelaje marrón con marcas blancas en el pecho y la cara, mira a través de unas rejas metálicas. La imagen podría estar relacionada con un centro de protección animal.
Vaquilla mira a través de las rejas, su casa desde hace siete años. RTVE
JARA SACRISTÁN (Máster de Reporterismo 360º de la Universidad de Zaragoza y RTVE)

Vivir entre rejas suele interpretarse como un castigo, el destino inevitable tras cometer un delito. Para Vaquilla, estos barrotes no son una prisión, sino su casa desde hace más de siete años. Detrás del metal, su mirada se clava con una emoción que fácilmente las personas interpretamos como tristeza. Desde el otro lado, los que pasan por allí se paran, la miran, pero no la ven.

Más de 18.000 perros salieron de los centros de protección de España en 2023, según un estudio de Ministerio de Derechos Sociales. Solo el 9% fueron perros potencialmente peligrosos como Vaquilla. Sus nombres caen al final de las listas de adopciones, enterrados bajo una sigla: PPP. Por el criterio de peligrosidad y las dificultades administrativas, Vaquilla no saldrá. Lo más probable es que pase el resto de su vida en el Centro Municipal de Protección Animal de la Cartuja en Zaragoza. No es porque haya cometido algún delito, sino porque nadie la elige.

Quien sí aprendió a apreciar lo invisible fue el extrabajador del CMPA, Ricardo Lamata. Le ocurrió con Vaquilla y, sobre todo, con Efrén, un ejemplar de american pitbull que llegó con un año al centro tras sufrir un abandono. "Cuando apareció supe que su adaptación iba a ser muy complicada. Es un perro que llegó con mucho miedo y usaba su agresividad para protegerse", recuerda.

Un hombre barbudo con gafas de sol se fotografía con su perro en un entorno natural. El perro, de pelaje claro y hocico oscuro, lleva un collar verde y está muy cerca de la cámara.

Selfie de Ricardo con su mascota Efrén en un paseo por el campo Foto cedida

Para acercarse a Efrén, tuvo que romper con un escudo emocional. Poco a poco se fue forjando un vínculo y, aunque la afinidad tardó en llegar, siempre estuvo presente. Su historia comenzó con Ricardo sentado a un lado de las rejas: "Pasó mucho tiempo hasta que cogió confianza y me dejó entrar en la jaula. Quiso comer hasta de mi mano. Le di cariño y cambió de actitud al ver que estaba cuidado", expresa con cierta ternura. Ricardo Lamata llegó cuando Efrén más lo necesitaba y se volvieron inseparables. "Yo ya no podía dejarlo ahí. Decidí acogerlo en mi casa para ver si congeniaba con el resto de mis perros. Se convirtió en uno más. Imprescindible", relata. Antes de dejar su trabajo en el centro, decidió adoptarlo. ¿La razón principal? Según Lamata, "a otros perros los acaban adoptando, pero a los perros potencialmente peligrosos no".

En 2025 se dieron en adopción en Zaragoza a 207 perros, de los cuales solo 17 fueron perros potencialmente peligrosos. Una minoría afortunada, mientras el resto continúa a la espera. "La mayoría pueden llevar más de la mitad de su vida aquí; Armana y Miller, dos años; Miguelito, cuatro años y Vaquilla, siete años", revelan los veterinarios y trabajadores del centro, Patricia Bernal y Ángel Abadía.

Algunas veces, la adopción se elige antes de ver a los perros. La etiqueta perros potencialmente peligrosos (PPP) les convierte en una opción más complicada. Por eso, el centro colabora para desmontar los prejuicios con los que llegan las personas a las visitas de adopción. "Puede que no los adopten, pero conseguimos cambiar su perspectiva en cuanto a esta raza. Igualmente, son los grandes invisibles en esto", piensa Bernal. Para ambos veterinarios del centro, los usuarios buscan animales dóciles y no tener que realizar mucha labor tanto de documentación como de tenencia.

"Los PPP son los grandes invisibles a la hora de ser adoptados"

Primera capa de invisibilidad: la ley y sus requisitos

Quien quiera dar hogar a un perro potencialmente peligroso tiene que superar primero una lista con muchos requisitos. Es como un cerrojo administrativo que empieza con un certificado médico de aptitud física y psicológica, continúa con un certificado de antecedentes penales, el seguro de responsabilidad civil de mínimo 120.000 euros y su correspondiente licencia. "El primer hándicap que se encuentran son los requisitos legales, a nivel económico y a nivel de trámites. El segundo hándicap es la ley vigente en torno a los PPP", apunta Bernal.

La ley PPP fue aprobada en 2002 por motivos de seguridad pública y afecta a ocho razas. Su normativa regula cómo debe ser su presencia en las calles e impone sanciones de a partir de 300 euros a los dueños que la incumplan. Paseos con una correa no extensible de menos de dos metros. Bozal necesario. Prohibido soltarlos en espacios públicos como en una plaza o un parque. Con todas estas medidas, quedan totalmente señalados por una ley que les permite estar, pero no mezclarse con su entorno.

"La familia o la persona que viene a adoptar quiere disfrutar de su perro y que el perro disfrute", expresa la veterinaria. Durante la elaboración de la Ley de Bienestar, se planteó modificar el proceso de evaluación de los animales para que fuese individualizado y no por raza. Nunca se llevó a cabo.

Según ambos trabajadores del centro, las limitaciones que impone esta normativa hace que estas razas tengan dificultades para socializar y, lejos de mejorar la convivencia, empeoran su comportamiento.

Segunda capa de invisibilidad: su apariencia más que su comportamiento

En el centro de protección los perros se ponen nerviosos cuando reciben visitas. “Los PPP parecen muy fuertes y cuando tienen nervios, parece que son agresivos. La realidad es que solamente están emocionados por ver a alguien", comenta la veterinaria Bernal. Sin embargo, las visitas lo que observan es un animal con un músculo-esquelético muy potente y se asustan.

Más allá de caracterizarse por un poder físico, los PPP son más emocionales: impulsivos, excitables y con una baja tolerancia a la frustración. "Su temperamento, unido con ese físico tan potente, hace que, antes de esta ley, se utilizaran para peleas de perros debido a su fortaleza", explica la etóloga Inmaculada Manresa.

"Puede ser que les cueste más socializar, pero eso no significa que sean menos buenos. Ser impulsivo no es bueno ni malo", clarifica la etóloga. Por eso, para ella esta etiqueta puede ser tanto simplista como injusta. Desde el punto de vista de la etología cualquier perro es capaz de morder si se le coloca en una circunstancia en la que no puede hacer ninguna otra cosa. "Es cuestión de límites, no de maldad", expresa Manresa.

Paradójicamente, su adiestramiento puede ser más sencillo que el de otras razas. Mantienen mucho más la atención y son más fáciles de motivar, según el adiestrador de perros Eduardo Canales. Para él, lo único complicado de los PPP es que no tienen la vida fácil de por sí: "Son perros que, por el tipo de raza, no han podido tener la socialización adecuada, pero porque a lo mejor cuando vas con ellos por la calle, la gente ve un PPP y se asusta, también por los prejuicios".

Una veterinaria, vestida con chaqueta de trabajo bicolor y pantalones azules, interactúa con un perro manchado que lleva un collar naranja, en un terreno pedregoso y delimitado por una valla.

Miguelito sale de paseo con Patricia Bernal, veterinaria y trabajadora del centro. RTVE

Potencialmente peligrosos: ¿se merecen esa etiqueta?

Normalmente, quienes se asustan al ver un PPP son las personas, pero, ¿y si fuera al revés? A Carmen Dolz le bastó una tarde en el parque con su pitbull para darse cuenta que la peligrosidad era más un prejuicio que un comportamiento real. "En el parque un perro la mordió y no supo defenderse, desde entonces les tiene miedo y no se fía de ninguno —narra— cuando salimos tengo que llevarla con bozal y la veo sufrir muchísimo, sobre todo en verano con el calor".

Su familia siempre había tenido perros grandes en casa. Por esto, indica, nunca tuvo prejuicios a la hora de adoptar. A ella nunca le importó la etiqueta: "Por mucho que un perro tenga mucha personalidad, tengo claro que ninguno nace malo. Ella y yo no sabemos estar separadas". La peligrosidad, reivindica, “solo es una clasificación que no define a su perra ni a un conjunto". Habría que cambiar los adjetivos para conseguir más adopciones para ellos.

La apuesta del Centro Municipal de Protección Animal de Zaragoza es cambiar peligrosos por pesados. Lo pensaron en uno de los paseos de Miguelico, cuatro años en el centro. El animal salió disparado a recorrer el campo. Aprovechó al máximo el tiempo que pasaba fuera de la jaula. Saltaba y se acercó incontables ocasiones a buscar el cariño de sus veterinarios. "En vez de potencialmente peligrosos deberían llamarse potencialmente pesados". Defiende Ángel Badía, trabajador del centro, que están llenos de amor, como los demás, y que usan su energía para transmitirlo.

Como Vaquilla, que sigue en el mismo lugar de siempre. El de todos los días. Su castigo es llevar una etiqueta que reduce sus posibilidades de ser adoptada. Estará allí hasta que alguien, por encima del miedo, se atreva a ver su parte buena.

RTVE

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