El menú político de 'Está el horno para bollos': "El arroz con leche no es asturiano, es de Bagdad"
- Heba Kharouf y Almudena Ávalos analizan la política en la cocina en el cuarto capítulo de Está el horno para bollos
- Todos los martes, un nuevo capítulo en RTVE Play y RNE Audio
La gastronomía trasciende lo culinario para consolidarse como un reflejo cultural y una herramienta de posicionamiento político. Así se ha expuesto en la mesa de Está el horno para bollos. En el cuarto capítulo de su cuarta temporada, las presentadoras Nerea Pérez de las Heras y Judith Tiral han analizado el estado del sector junto a dos expertas de relieve: la chef sirio-palestina Heba Kharouf, propietaria del restaurante Farah en Madrid, y Almudena Ávalos, jefa de la sección de Gastronomía de El País. Durante el encuentro, se ha debatido sobre el origen multicultural de la cocina tradicional, las dinámicas de género en la hostelería y la realidad de las mujeres LGTBIQ+ en dicho entorno.
El origen multicultural de la cocina
Uno de los ejes centrales de la conversación ha sido la deconstrucción de los mitos sobre la pureza identitaria en los platos tradicionales. Almudena Ávalos ha defendido que el conocimiento histórico fomenta la apertura de mente y combate los discursos excluyentes. "El año pasado, hablando con la historiadora Rosa Tovar, me explicaba que el arroz con leche no es asturiano, sino originario del califato de Bagdad del siglo X", ha señalado la periodista, remarcando cómo las migraciones enriquecen la cultura culinaria.
Heba Kharouf ha respaldado este argumento aportando ejemplos filológicos e históricos de la influencia árabe en la Península Ibérica: "La palabra paella proviene etimológicamente del árabe bakaya, que significa 'los restos'". Asimismo, ha comparado elaboraciones tradicionales de Oriente Medio, como el malube, cuyo nombre se traduce como "dado la vuelta", con la técnica y el socarrat de la paella valenciana. "Compartimos ingredientes por todo el Mediterráneo Oriental. En Farah, muchos clientes encuentran sabores familiares porque empleamos pautas comunes como el perejil y el ajo, pero ejecutados de otra manera", detalla la chef.
El impacto de la crítica periodística
Kharouf ha relatado los inicios de su carrera en Madrid a través de las cenas clandestinas, un formato de supper club que gestionaba en su propio domicilio particular antes de establecer su restaurante actual. "Comencé cocinando en un piso pequeño y asando las berenjenas en el balcón con un camping gas", ha explicado. Ávalos, que asistió de forma anónima a uno de aquellos encuentros, ha destacado el rigor y la estética que la cocinera, con quince años de experiencia previa en producción publicitaria, imprimía a la experiencia.
El punto de inflexión del proyecto se produjo a raíz de una reseña escrita por Ávalos en El País a las tres semanas de la apertura oficial de Farah. "A partir de ahí, registramos una lista de espera de seis meses con el local completo", ha afirmado Kharouf. Este impulso mediático facilitó que el espacio atrajera de forma orgánica a perfiles de la cultura y la comunicación como Eva Longoria, Pedro Almodóvar o Ángeles Barceló. Ambas profesionales han coincidido en que las claves para la sostenibilidad de un negocio hostelero radican en la honestidad del producto, la especialización y el diseño de cartas breves.
Dinámicas de género y pinkwashing
En lo referente a las barreras de género, Ávalos ha visibilizado el paternalismo que aún persiste en el ámbito de la crítica y la gestión gastronómica, históricamente monopolizado por hombres. "En ocasiones, un cocinero se sienta a mi lado a explicarme conceptos o informaciones que yo misma he publicado previamente en un reportaje. Si fuera un hombre, posiblemente esa condescendencia no ocurriría", ha denunciado la periodista.
Kharouf, por su parte, ha evidenciado los sesgos terminológicos del sector: "Al principio, los proveedores solicitaban hablar con 'el jefe' o 'el chef'. Parece que el estatus de chef está reservado socialmente para los hombres, mientras que a las mujeres se las relega al término de cocineras, apartándolas de la primera línea".
El programa también ha abordado de forma explícita la instrumentalización de los derechos LGTBIQ+ para promover discursos de islamofobia, una estrategia conocida como pinkwashing. Kharouf ha aclarado que la homosexualidad no está tipificada como delito en los marcos jurídicos de Palestina, Jordania o el Líbano, vinculando el origen de las vertientes más punitivas de la región a los códigos legales impuestos en su día por el Mandato Británico.
Espacios comunitarios y redes de apoyo
Frente a las experiencias de exclusión que muchas personas del colectivo LGTBIQ+ afrontan en las celebraciones familiares tradicionales, las invitadas han reivindicado la necesidad de crear nuevos espacios de socialización comunitaria en torno a la mesa.
Ávalos ha puesto como ejemplo de buenas prácticas La cocina de las Antonias, una iniciativa de la Fundación 26 de Diciembre destinada a la tercera edad LGTBIQ+ donde los usuarios pueden reunirse diariamente para compartir alimentos y asegurar sobremesas seguras. "La mesa y la sobremesa histórica no siempre han sido entornos amables para nosotras; por ello, es fundamental inventar e institucionalizar estos nuevos puntos de encuentro", ha concluido la periodista.
¿Dónde y cuándo ver la cuarta temporada de Está el horno para bollos?
Con Nerea Pérez de las Heras y Judith Tiral al frente, el programa mantiene su esencia como un espacio seguro, relajado y acogedor para mujeres lesbianas y bisexuales. En él se profundiza en sus experiencias personales y en su visión de la sociedad actual con total naturalidad. Es una cita imprescindible para quienes buscan entretenimiento con contenido, humor y una buena dosis de pensamiento crítico. Cada martes, en RTVE Play y también disponibles en el canal de YouTube de Playz, en RNE Audio y en Spotify. Además, las redes sociales de Playz ofrecerán contenido exclusivo para ampliar la experiencia más allá del programa.