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LITERATURA Z

De las redes sociales a las librerías de todo el mundo: ¿a qué se debe el éxito de la prosa poética?

  • Cada vez son más los lectores afines a la prosa poética, el género que ha conseguido popularizarse gracias a las redes sociales
  • Miguel Gane, Irene Jotadé, Lae Sánchez y Dani Rivera, entre los exponentes de este tipo de literatura
  • ¿Qué significa el término instapoeta? A debate entre los autores de la generación

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 ¿Por qué la prosa poética es uno de los géneros favoritos de la generación zeta?
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Estamos de acuerdo en que 2020 ha sido uno de los años más extraños de los últimos tiempos, pero... ¿ha hecho que cambiemos nuestra forma de consumir literatura? El modo de vida al que nos vemos sometidos en la actualidad pasa por hacer todo deprisa, queriendo resultados de manera inmediata y plasmando nuestras rutinas en redes sociales. Un amplio sector de la población, tras la delicada situación que vive el mundo desde el inicio de la pandemia, ha evidenciado la necesidad que tiene el ser humano de ser escuchado y comprendido, así que no es de extrañar que la prosa poética se haya convertido en uno de los géneros literarios por excelencia entre la generación zeta.

Ahora bien, ¿qué lo hace tan especial como para haber sufrido un auge en los últimos tiempos? Fácil: la capacidad de conectar con el lector. Tal y como afirma Dani Rivera, autor de Invitable quererte en los vuelos y en las balas (Oberon), "es un género que es sencillo a la hora de leer. Ahora hay muchísimas distracciones y, precisamente, la prosa poética te deja leer textos autoconclusivos que te permiten alcanzar la sensación de que ya has cumplido por hoy". 

En cierta manera, Irene Jotadé -autora de Esto es una despedida (Oberon)- suscribe sus palabras al confirmar que la clave del éxito de la prosa poética puede radicar en la capacidad de empatizar ante problemas ajenos: "Los que escribimos así hacemos referencia a temas como el amor y el desamor, así que la gente puede sentirse identificada. Quizás si escribes una historia de terror puedes gustar, pero igual no sientes esa conexión". ¿Estamos ante un tipo de literatura acorde a la fugacidad con la que vivimos? ¿Ha conseguido adaptarse a unas redes sociales que cada vez ocupan más tiempo en nuestra vida?

Sentimientos explícitos: ¿acierto o error?

A día de hoy, existen multitud de escritores que luchan por conseguir que sus sentimientos queden plasmados de tal manera que, tal y como apuntaba Irene Jotadé, consigan captar la atención de un público que cada vez es más proclive a compartir sus gustos en sus redes sociales. 

Al igual que ocurre con las canciones, los libros se han convertido en una ventana donde encontrar la respuesta a muchos de nuestros sentimientos. Unas emociones que podemos percibir de todas las intensidades y formas, pero que dejan patente una necesidad cada vez más extendida: la de sentirnos comprendidos y arropados por alguien que haya pasado por lo mismo. Tanto es así que un texto donde el propio autor o autora habla sobre su experiencia adquiere un matiz más cercano ante un lector con ansias de encontrar solución a cualquiera de sus inquietudes.

"Creo que estamos en un momento en el que la gente necesita empatizar, y hay personas que quizas no se les da bien plasmar sus sentimientos. Es entonces cuando buscan eso en personas que quizás poseemos la capacidad de transmitir emociones cotidianas que nos ocurren a todos en algún momento de nuestras vidas, como puede ser una ruptura. Tengo infinidad de mensajes de gente que me da las gracias por poner palabras a su historia", afirmaba Lae Sánchez. La autora de Te voy a doler siempre tiene claro que "la empatía es la que une las historias de las personas", así que no resulta raro comprobar cómo la prosa poética ha pasado de estar olvidada a convertirse en uno de los géneros más consumidos, compartidos y comentados entre jóvenes de entre 18 y 30 años.

"Han dado por hecho que era homosexual por escribir sobre mis emociones"

Si echamos la vista atrás, Defreds y Marwan fueron los pioneros en dar vida a un género que en España, ha permitido que escritores que comenzaron su andadura en redes sociales se dieran a conocer en el mercado editorial. "La prosa poética ha sufrido una banalización, pero también es cierto que venía de estar olvidada en los estantes más oscuros de las librerías. Este impulso ha tratado de simplificar el mensaje para llegar a más gente, porque si no existe comunicación entre quien escribe y quien lee.. el objetivo no llega a su fin", apunta Dani Rivera.

Como también ocurre en otro tipo de géneros, el amor es uno de los temas más recurridos dentro de esta literatura. Dani Rivera confiesa que le encantaría ver cómo la prosa poética comienza a abordar temas sociales, pero coincide con Lae al afirmar que "el amor es el que mueve el mundo": "Cuando estás pasando por un momento bajo, leer ciertas cosas te reconforta, aunque sea una tontería. Hay gente que me escribe y me dice "estoy pasando por un mal momento y no sabes lo que me ayudan tus frases". Con mis obras procuro no dejar ese sabor amargo de "¡qué triste estoy!", sino que intento dar aliento de esperanza para poder conectar con los lectores".

Aunque en la mayoría de los casos nos encontremos ante textos autobiográficos, la prosa poética ofrece un vínculo con el lector que se basa en la inexistencia de personajes intermediarios. "Hay ocasiones en las que han dado por hecho que era homosxual por el mero hecho de escribir sobre mis emociones. No es algo generalizado, pero hay muchos escritores ahora que, por desgracia, sufren cómo la gente les dice que son demasiado sensibles", indica Dani Rivera.

En este género literario, uno de los factores por los que conecta de lleno con el usuario es precisamente porque el protagonista es el propio autor, sus vivencias y su manera de comunicar al mundo lo que está sintiendo en ese momento. Un modelo que complace la necesidad de ser comprendidos, pero que también ha propiciado el surgimiento de unos lectores cargados de incertidumbre y con ganas de compartir todos y cada uno de los pensamientos con los que se sienten identificados. ¿La manera? A través de las redes sociales.

"Primero llega el libro, después las redes sociales"

Aún seguimos experimentando el auge de la prosa poética, pero resulta esencial no perder de vista la importancia que están teniendo plataformas como Twitter Instagram. En la actualidad, son muchos los autores que difunden parte de sus escritos a través de ellas. Ejemplo de ello es Miguel Gane, quien confiesa hacer "cientos de fotos" a las páginas de su libro para terminar seleccionando la que más le gusta: "Al día dedicamos al entretenimiento una o dos horas donde escuchamos música, vemos una película, leemos un libro... Y si encima estás con el móvil, yo te ofrezco cultura a través de una pantalla. ¿Es diferente leerte un libro físico y digital? A nivel de lectura es el mismo, así que... ¿por qué no va a ser igual leer un poema en redes sociales?".

"Tener redes sociales es esencial. Es una ventana, y cuantas más tengas abiertas, más luz te entra. Entiendo que una persona que lleva publicando 20 años no se abra un perfil de Instagram, pero nuestra generación ha creado lectores de poesía. Si quieres tener al lector que yo por ejemplo tengo ahora, primero llega el libro y, después... las redes sociales", confirma el autor de La piel en los labios. Un discurso que se suma al de Irene Jotadé al indicar no solo que las redes son imprescindibles, sino que "son una herramienta que si la utilizas bien te puede venir de maravilla". "Dar a conocer mi contenido de manera tradicional lo vería complicado. Tengo ahí a mi nicho y al final, la gente se entera de lo que publico por redes sociales", indica la escritora.

Cada vez es más común hacer una llamada a la interacción dentro de cada una de las publicaciones en plataformas como Instagram. Los autores pueden alimentar la comunidad con preguntas del tipo "¿alguna vez te has sentido así?", y resulta suficiente para que comience una conversación en torno al contenido que acaba de lanzar. Si vamos un paso más allá, aplicaciones no tan comunes para este tipo de conversación también tienen cabida dentro de la prosa poética: Miguel Gane tiene su propio perfil en Telegram, un chat donde no solo ofrece contenido exclusivo a sus seguidores, sino que también le permite conocer las sensaciones que posee cualquier lector tras lanzar un texto, anunciar un libro o, simplemente, compartir con ellos una nueva composición. "Hola familia. Os leo este poema. Ojalá os guste". Una frase que, acompañada de un breve vídeo, genera una cercanía que pocas veces consiguen autores pertenecientes a otros géneros literarios.

Instapoeta, el término que divide al sector editorial

¿Cuántas veces nos hemos topado con cuentas en Instagram repletas de frases? Y no nos referimos a oraciones sin sentido, sino más bien a pequeños pasajes que ilustran de manera gráfica un pequeño porcentaje de lo que podemos encontrar dentro de la obra de un autor. Cada vez es más común ver cómo las redes sociales funcionan como una herramienta de marketing, pero su uso desmedido entre la generación zeta ha hecho posible que el término instapoeta salga a la luz. Sin embargo... ¿qué lleva implícito un adjetivo como este?

"Me parece una chorrada. Se le llamó Generación del 27 a la de aquella época y a nosotros, al parecer, nos llaman instapoetas". Miguel Gane acaba de publicar La piel en los labios, un poemario donde pone de manifiesto todos los sentimientos que experimenta el ser humano tras pasar por una ruptura amorosa. Ante este debate, el poeta afirma no estar "nada de acuerdo" con el término y considera que en ocasiones puede llegar a ser "un poco despectivo": "¿Yo tengo menos valor que un poeta que tiene 40 ó 50 años y no cuenta con redes sociales? Pues no, soy igual de poeta que ese señor o señora. Se hace un uso despectivo que me parece una absurdez y no me gusta nada", concluye.

Es evidente que las redes sociales han permitido que autores recién lanzados al mercado editorial o con una comunidad potente de seguidores den a conocer de forma pública sus proyectos. En ocasiones, el trabajo en redes sociales puede derivar en contratos editoriales, como fue el caso de Irene Jotadé y Dani Rivera. Ambos contaban con una cantidad considerable de usuarios en sus perfiles de Instagram y gracias a las publicaciones que llevaron a cabo durante meses, fue la propia editorial quien contactó directamente con ellos. Este modo de actuar no suele ocurrir con escritores de otro tipo de géneros, así que no está de más prestar atención a un modelo de negocio que, de seguir su curso, podría generar un cambio de paradigma en el sector editorial.

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