Dos años después de la dana algunos bajos, ascensores o garajes en la zona cero siguen inservibles

  • La riada dejó 1.500 viviendas inhabitables y más de 3.000 escolares siguen recibiendo clases en barracones
  • Muchos vecinos creen que va a ser difícil volver a la normalidad en mucho tiempo
Pancarta improvisada sobre una valla con el lema en valenciano «LA LLUITA CONTINUA», frente a un colegio con aulas prefabricadas.Ver ahora
Los barracones siguen siendo uno de los símbolos de muchos municipios afectados por la dana, dos años después
VIRGINIA HABA

Son las 9 de la mañana en Alfafar y junto al solar donde los meses posteriores a la riada se acumulaban cientos de coches destrozados, dos centenares de escolares y sus familias esperan a que se abra la puerta para entrar en el cole. Una valla de obra rodea el espacio sin árboles ni prácticamente sombras donde se han instalado los barracones.

Un grupo de madres comentan la situación. “Si tuvieran intimidad o mejoraran los accesos, las aulas prefabricadas no serían un problema”, explica una de ellas. “Ya veremos el tiempo que estamos aquí” señala otra.

La marca que dejó el fango en la pared es un recordatorio constante de la dana para los vecinos de este edificio de PaiportaRTVE COMUNITAT VALENCIANA

10 centros educativos en reconstrucción

El CEIP Orba es uno de los 10 centros educativos que no resistieron la embestida del agua y del barro. Según la Conselleria d’Educació, fueron necesarias reparaciones en otros 122. Por ahora no han comenzado las obras en ninguno, aunque en tres de ellos ya están licitadas. Las familias piden agilidad. Temen que la burocracia perpetúe esta situación.

María Carpio es la presidenta del AFA del Lluis Vives Ausiàs March de Massanassa. “Mis hijos van a primero y segundo de primaria. Estoy segura que acabarán la primaria aquí”. Se felicitan por haber conseguido que los barracones se hayan instalado en el polideportivo municipal, y no en un polígono industrial como proponía la administración. Aquí hay árboles, pero la misma valla de obra permite ver desde fuera lo que está haciendo el alumnado. Unos niños y niñas que, además, cargan con una mochila emocional tras sufrir en primera persona las consecuencias de esta tragedia. “Cada vez que llueve, que suena la alerta... recordamos lo que vivimos ese día”.

Dos años después de la dana, algunos vecinos de Utiel y otras localidades aún no han podido volver a sus casasRTVE COMUNITAT VALENCIANA

Sin poder volver a casa

En Utiel las obras junto al río Magro continúan. Meli observó desde su ventana como se desbordaba e inundaba su barrio. Fue rescatada esa noche. La planta baja de su casa quedó arrasada. Dos años después no ha podido regresar, aunque espera poder hacerlo en las próximas semanas. “Para mi volver es necesario. No me importa no tener luces, si no tengo lo que sea. Solo quiero lo básico y volver a mi casa”.

En su calle, compuesta por casas unifamiliares de tres alturas, todavía encontramos algunas viviendas destrozadas. Y otras donde trabajan para recuperarlas. “No todos volverán”, cuenta. 16.000 viviendas sufrieron daños. 1.500 quedaron inhabitables. Meli nunca perdió la esperanza. Siempre pensó que podría volver. Su anhelo está cada vez más cerca de hacerse realidad.

Cerca de 200 ascensores siguen sin funcionar en diferentes municipios de l'Horta SudRTVE COMUNITAT VALENCIANA

Bajos, garajes y ascensores

Emilio nos abre el portal de casa de su madre en Paiporta. En el interior la marca del barro y el agua continua en la pared. “Esto son 2 metros 20“, dice mientras la señala. “Está como hace dos años”. Humedades, desconchones y agujeros. No tenían seguro y el vecindario, la mayoría gente mayor, no ha podido hacer frente a las reparaciones.

Es imposible volver a la normalidad

La imagen en el garaje de Álex en Massanassa es similar, pero en este caso en un edificio de reciente construcción y con capacidad para 70 coches. Las obras se han ido retrasando estos dos años. “Es imposible volver a la normalidad. Vuelves del colegio y te encuentras con esto”.

Otro símbolo de la destrucción fueron los ascensores. 7.530 se vieron afectados. En el edificio de Vicente en Catarroja. La reparación está pagada. Incluso les han pasado las cuotas de mantenimiento “lo que nos faltaba” dice Vicente. Pero el ascensor sigue lleno de barro y sin reparar. Para el vecindario supone un recuerdo constante de lo que pasó hace justo dos años. Imposible volver a la normalidad.