Una normalidad rara en la "calle de los coches", símbolo de la dana, dos años después: "La gente está muy tocada"

  • Los vehículos amontonados en la avenida Gómez Ferrer de Alfafar llegaron a la portada de The Washington Post
  • Algunos comercios cerraron para siempre, otros han reabierto con dificultad y siempre con el recuerdo imborrable del 29-O
Imagen de la avenida Gómez Ferrer, que separa Sedaví y Alfafar, tras la dana y dos años después

Imagen de la avenida Gómez Ferrer, que separa Sedaví y Alfafar, tras la dana y dos años despuésEFE/BIEL ALIÑO // ÁLVARO CABALLERO

Se convirtió en un símbolo de la dana, en una de las imágenes más compartidas de la tragedia. Fue portada de The Washington Post o el Corriere della Sera. La avenida Gómez Ferrer, que divide los municipios de Sedaví y Alfafar, es desde entonces tristemente conocida como la "calle de los coches".

Decenas y decenas de vehículos se apelotonaron en el cruce entre esta vía y la calle de Francisco Villa 'El Morenet'. Algunos destruyeron paredes de comercios y viviendas, otros permitieron salvarse a los vecinos, a los que les pilló desprevenidos esta inundación. El barranco, recuerdan, está lejos de aquí, a más de dos kilómetros, en Paiporta.

Dos años después de aquella riada, la peor catástrofe natural en España en medio siglo, RTVE Noticias recorre esta calle para comprobar cómo se ha recuperado. Su historia, la de sus vecinos y comercios, es la de tantas otras calles de la provincia de Valencia, la de una normalidad a medias, la de una apariencia corriente, pero que esconde un profundo trauma cuando se rasca la superficie.

De jugar a ver coches pasar a refugiarse de ellos

Es un martes por la mañana, un día caluroso de octubre. Los vecinos pasean, van a la compra y a la farmacia. Solo si se mira detenidamente comienzan a aparecer las huellas de que aquí pasó algo que no tuvo nada de normal.

Àngel nos abre las puertas de su edificio. En el portal, todavía muy dañado por la inundación, la huella de barro indica claramente hasta dónde llegó el agua, aunque en la calle la altura fue aún mayor.

Àngel, vecino de la calle Gómez Ferrer de Alfafar, muestra hasta dónde llegó el agua en su portal

Àngel, vecino de la calle Gómez Ferrer de Alfafar, muestra hasta dónde llegó el agua en su portalÁLVARO CABALLERO

Él cuidaba cada tarde de su nieto, que tiene ahora casi tres años. Miraban desde el balcón pasar los coches y jugaban a ver de qué color era cada uno. No esperaba que aquella tarde esos mismos coches de su juego se convertirían en los protagonistas de una pesadilla. A media tarde les llamaron para recoger "corriendo" al niño del colegio. Su hija, desde Massanassa, les alertó de que allí las calles ya eran ríos.

Volvieron, como de costumbre, a mirar por la ventana, y solo veían "dos regueros de agua junto a la acera". Pero pronto, en cuestión de "diez minutos", el agua ya iba "a toda pastilla". Àngel fue testigo impotente de la destrucción. Se subió a la azotea con los niños, y desde allí vio como los coches destrozaban las cristaleras. "Ahí en el 'chino' entraron dos coches y una caravana, se escuchaban como explosiones, ¡pam!, ¡pam!"

Los coches se empotraron en la puerta de su portal y estuvieron cuatro días sin poder salir de casa, sin agua, sin luz. "Nos apañábamos con un camping gas", cuenta, y con el agua y la comida que les hacía llegar el Ayuntamiento de Sedaví.

Homenaje a los voluntarios que acudieron a ayudar tras la dana

Homenaje a los voluntarios que acudieron a ayudar tras la danaÁ. CABALLERO

Cuando suena otra alerta "aquí no sale ni Dios"

El bazar al que se refiere no ha vuelto a abrir. Otros han conseguido hacerlo hace muy poco. La tienda de moda de Roberta lo logró a los cuatro meses. El paso del agua y el impacto de los coches acabaron con todas las paredes del comercio, que tuvieron que levantar desde cero.

El negocio se ha recuperado, aunque cuando suena otra alerta o llueve fuerte las ventas se resienten: "Aquí no sale ni Dios". "La gente está muy tocada, hay mucha gente medicada", cuenta. Casualmente o no, al lado acaba de abrir un gabinete de atención psicológica.

Ella muestra entereza: "Hay que tirar para adelante". Pero en conversaciones con amigas, dicen, todas intentan evitar el recuerdo de la dana. "Si no, nos ponemos a llorar".

La tienda de Roberta, arrasada por la riada

La tienda de Roberta, arrasada por la riadaCEDIDA

Agarrados a un tirador de cerveza para sobrevivir

El trauma sigue muy presente en el bar Nicolás, a pocos metros de la tienda de Roberta. Aquel 29 de octubre, martes, el negocio funcionaba como otro día más. La riada, como recuerdan todos los testimonios, les sorprendió por completo, ya que aquí no llovía. Tanto que, cuando el agua comenzó a entrar, a sus dueños no les dio tiempo ni a salir, cuenta su hijo Christian.

Su madre y un cliente estuvieron mucho tiempo agarrados al tirador de cerveza para no ser arrastrados por el agua. Otro se subió a la barra. Su padre trató, sin éxito, de abrir un agujero en el techo. Cuando vieron que la situación era ya desesperada, tuvieron la suerte de que un coche impactó contra el cristal de la entrada. Su padre dudó, pero pensó: "Si me quedo aquí, me ahogo". Consiguió subirse a él, y de ahí a un balcón desde el que consiguió salvar a los demás. El agua llegó a 1,90 metros, por lo que aquel vehículo fue un milagro.

La pared que separa el bar del taller de coches contiguo cedió. Dentro se creó un remolino que atrapaba todo. Cuando volvieron a entrar a su negocio, unos días después, se llegaron a encontrar dentro restos de la vía de tren, situada a unos 500 metros.

Consiguieron reabrir solo tres meses después tras una limpieza en tiempo récord y una reforma a la que dedicaron buena parte de sus ahorros. El seguro, relata, apenas les ha pagado un cuarto de lo que perdieron. "Si aquí vuelve a pasar algo así, nos vamos todos a la ruina", advierte.

Pintadas contra el expresidente valenciano Carlos Mazón en la avenida Gómez Ferrer de Alfafar

Pintadas contra el expresidente valenciano Carlos Mazón en la avenida Gómez Ferrer de AlfafarÁ. CABALLERO

Una zapatería nueva en la calle: "El futuro lo veía muy chungo"

Pero en la calle han florecido también nuevos comercios, como la zapatería de Toni. Su antiguo local en Sedaví quedó arrasado, con 2,2 metros de agua. El dueño le quiso subir el alquiler y vio que le compensaba buscar otro local, aunque estuviera también "hecho polvo", como el que encontró aquí, un antiguo quiosco. "El futuro lo veía muy chungo", pero consiguió arreglarlo en poco tiempo y trabajar este tiempo antes de jubilarse.

¿La gente gasta menos desde entonces? "Están un poco que no abren la mano", dice, pero "los valencianos somos muy festeros", y confía en que se recupere el consumo.

Anímicamente, eso sí, "están hechos polvo", y hay muchos que buscan un hogar fuera. "Mis hijos están buscando vivienda, y en la zona inundable no quieren en ningún sitio". Aun así, irse cuando tienes toda una vida aquí "es muy complicado", más con los precios de las casas. Él, dice, no se lo plantea.

Toni, dueño de una zapatería en la avenida Gómez Ferrer de Alfafar

Toni, dueño de una zapatería en la avenida Gómez Ferrer de AlfafarÁ. CABALLERO

Otros, por el contrario, ni siquiera han conseguido volver aún a sus casas. Es el caso de la suegra y los cuñados de Lorena, de 44 años, vecina de una calle contigua. Ellos vivían en una planta baja destruida por la riada. Tras el desastre, se mudaron con ella y su pareja tres meses, aunque ahora viven provisionalmente en otro piso. La falta de mano de obra en los primeros meses, y las dificultades para pedir un préstamo han alargado una situación que "afecta mucho psicológicamente" a toda la familia. Para ellos, como para otros muchos, la vuelta a la normalidad sigue siendo una quimera.