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Adenocarcinoma de pulmón: qué tipo de cáncer tiene el papa León XIV y cuál es su pronóstico

Adenocarcinoma de pulmón: qué tipo de cáncer tiene el papa León XIV y cuál es su pronóstico

El papa León XIV se recupera en el hospital Gemelli de Roma tras someterse a una intervención quirúrgica para extirpar un adenocarcinoma pulmonar, un tumor maligno detectado en una fase temprana y localizado en el pulmón derecho.

Según informa el Vaticano, la operación se ha desarrollado con éxito y sin complicaciones, y ha consistido en la extirpación "radical" del lóbulo inferior del pulmón derecho mediante una técnica mínimamente invasiva asistida por vídeo. El pontífice, de 71 años, ha pasado la noche tranquilo y permanece ingresado bajo observación médica, a la espera de nuevas pruebas para determinar si necesita algún tratamiento adicional.

Pero, ¿qué es exactamente un adenocarcinoma pulmonar, cómo se trata y cuál es el pronóstico de los pacientes que reciben este diagnóstico?

¿Qué es un adenocarcinoma de pulmón?

El cáncer de pulmón no es una sola enfermedad. Bajo este nombre se agrupan diferentes tumores, y el adenocarcinoma es el más frecuente de todos. Representa en torno al 40% de los casos diagnosticados y pertenece al grupo de los llamados "cánceres de pulmón de células no pequeñas".

Su nombre da una pista sobre su origen. El prefijo "adeno" significa glándula —también ganglio—, y este tumor se forma precisamente en las células glandulares que recubren las vías respiratorias y que se encargan de producir moco y otras sustancias que protegen a los pulmones. Cuando estas células acumulan alteraciones en su ADN, empiezan a multiplicarse sin control y forman una masa, que suele aparecer en las zonas periféricas del pulmón. Eso explica en parte por qué a menudo crecen durante meses o años sin ser detectadas. Los síntomas, cuando llegan, pueden ser tos persistente, dificultad para respirar, dolor en el pecho, cansancio o pérdida de peso sin causa aparente, y con frecuencia se confunden con dolencias más leves.

El tabaco sigue siendo el principal factor de riesgo, pero el adenocarcinoma tiene una particularidad: es el tipo de cáncer de pulmón más habitual entre personas que nunca han fumado.

"En España se diagnostican unos 33.000 casos nuevos de cáncer de pulmón al año, de los cuales aproximadamente un 60-70% son adenocarcinomas. Habitualmente el tabaco es el principal factor de riesgo, pudiendo representar el 80% de los adenocarcinomas en varones y hasta un 60% en mujeres", explica Javier de Castro, presidente de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM). "Como se puede ver, hasta en un 40% de mujeres no es el tabaco el principal factor de riesgo, sino que puede aparecer en pacientes que nunca han fumado, que suelen ser pacientes más jóvenes, y en estos hay otros factores de riesgo asociados, como puede ser por ejemplo la contaminación, en particular la de gas radón, que es un gas natural", prosigue.

¿En qué fase está el encontrado al papa?

La respuesta llegará con los análisis del tejido extirpado, aunque todos los indicios apuntan a una fase inicial, lo que mejora notablemente el pronóstico.

El propio pontífice avanzó el pasado domingo, durante el rezo del Ángelus, que debía someterse a una operación. Explicó a los fieles que, dentro de unos controles recientes, los médicos le habían encontrado "un nódulo circunscrito en el pulmón", detectado "en una fase muy inicial y bien localizado". Al día siguiente, el director de la oficina de prensa de la Santa Sede, Matteo Bruni, precisó que el hallazgo se produjo en unas revisiones "de rutina", lo que reforzaría la idea del diagnóstico temprano.

Esa detección temprana es clave. En el cáncer de pulmón, localizar el tumor cuando aún es pequeño y no se ha extendido aumenta de forma considerable las posibilidades de extirparlo por completo y de que la enfermedad no reaparezca. El término "radicalidad", empleado por los cirujanos para describir la operación, indica que se retiró todo el tejido sospechoso detectado, con el objetivo de eliminar el tumor en su totalidad.

Aun así, la clasificación exacta de la fase dependerá de los exámenes postoperatorios que se realizarán en los próximos días. El estudio del material extirpado confirmará el tipo de tumor, su tamaño real y si existe afectación de los ganglios linfáticos, datos que determinarán si es necesario algún tratamiento complementario. Por ahora se mantiene la previsión de estancia hospitalaria anunciada antes de la intervención, de "aproximadamente una semana".

¿Cuál es su tratamiento?

Además de la cirugía, la radioterapia y la quimioterapia, existen fármacos dirigidos que atacan específicamente la alteración que impulsa cada tumor, e inmunoterapias que ayudan al propio sistema de defensa del organismo a reconocer y destruir las células cancerosas. Para muchos pacientes, lo que antes era una enfermedad de evolución fulminante se ha convertido en una dolencia que puede controlarse durante años.

En todo caso, la mejor defensa frente a esta enfermedad sigue siendo la prevención. Javier de Castro, presidente de la SEOM, asegura que "posiblemente este caso se ha diagnosticado en una etapa temprana gracias a un chequeo al que se ha sometido el santo padre". En este sentido, recuerda que su organización científica viene reclamando desde hace años "que el cáncer de pulmón, que supone el número uno de mortalidad, porque el 40% de los casos se detecta en etapas avanzadas donde la curación no es posible, merece estrategias de detección precoz".

"En España venimos reclamando este programa de detección precoz que ya se ha puesto en marcha en muchos países europeos, asiáticos y norteamericanos, porque es la única forma de aumentar el grupo de pacientes que se detectan en estados iniciales en los que un tratamiento local, habitualmente cirugía y radioterapia en algunos casos, se puede conseguir más del 90% de la curación de esta enfermedad", agrega De Castro.

¿Cuál es su pronóstico?

Para saber qué perspectivas tiene un paciente con adenocarcinoma de pulmón, los médicos recurren al sistema internacional TNM, que valora tres aspectos del tumor. La T mide su tamaño y si invade estructuras cercanas, la N indica si ha alcanzado los ganglios linfáticos y la M señala si se ha extendido a otros órganos. Con esa información, la enfermedad se clasifica en cuatro fases, de la I a la IV, y cada una tiene un pronóstico muy distinto. Los especialistas suelen expresar ese pronóstico mediante la supervivencia a cinco años, es decir, el porcentaje de pacientes que siguen vivos cinco años después del diagnóstico. Se trata de una media estadística, no de una predicción individual, y las cifras varían según las series y el estado de salud de cada persona.

En un adenocarcinoma en fase inicial extirpado por completo, la principal amenaza no es tanto el tumor operado como la posibilidad de que reaparezca. En el estadio IA, el más precoz, ese riesgo de recaída ronda el 10-20% y suele concentrarse en los dos o tres primeros años tras la cirugía. Por eso el seguimiento es tan importante, y el paciente se someterá a escáneres de control periódicos que permitan detectar a tiempo cualquier señal de retorno. En todo caso, si no hay recaída, el pronóstico es muy favorable. Un hombre de 71 años sin enfermedades relevantes tiene de partida una esperanza de vida de unos 14 a 16 años, y un tumor en estadio IA tratado con éxito no tendría por qué acortarla de forma sustancial.

"El pronóstico, cuando se detecta en una fase avanzada, la posibilidad de curación es baja, pero cuando se detectan en fases iniciales, con la cirugía, a veces asociada a otros tratamientos complementarios, la tasa de curación es muy alta", subraya Javier de Castro, de la SEOM.

¿Cuáles son las cuatro fases en las que se clasifica la enfermedad?

Fase I. El tumor es pequeño, normalmente de menos de cuatro centímetros, y permanece confinado en el pulmón, sin afectar a los ganglios. Es el escenario más favorable. La cirugía suele ser el tratamiento principal y, en muchos casos, el único necesario. La supervivencia a cinco años supera de media el 70% y alcanza o rebasa el 90% en los tumores más pequeños, de un centímetro o menos.

Fase II. El tumor es algo mayor o ha llegado a los ganglios más próximos, dentro del propio pulmón. Se sigue operando, aunque con frecuencia se añade quimioterapia, inmunoterapia o terapias dirigidas antes o después de la intervención para reducir el riesgo de recaída. La supervivencia a cinco años se sitúa aproximadamente entre el 50% y el 65%.

Fase III. La enfermedad se considera localmente avanzada. El tumor ha alcanzado ganglios situados en el centro del tórax o invade estructuras vecinas, pero aún no se ha diseminado a órganos lejanos. Es un grupo muy heterogéneo. Algunos pacientes pueden operarse y otros reciben una combinación de quimioterapia, radioterapia e inmunoterapia. La supervivencia a cinco años oscila entre el 15% y el 40%, según la extensión.

Fase IV. El cáncer se ha extendido a otras partes del cuerpo, como el otro pulmón, la pleura, los huesos, el hígado o el cerebro. En esta fase el objetivo deja de ser la curación y pasa a ser el control de la enfermedad y la calidad de vida. Históricamente, la supervivencia a cinco años no llegaba al 10%, aunque esta cifra está cambiando. El adenocarcinoma es el tipo de cáncer de pulmón en el que con más frecuencia se encuentran mutaciones genéticas concretas, contra las que existen fármacos específicos. Para estos pacientes, y para quienes responden bien a la inmunoterapia, la enfermedad avanzada puede mantenerse controlada durante años, algo impensable hace apenas dos décadas.

No obstante, hay que leer estos porcentajes con cautela. Las estadísticas contabilizan los fallecimientos por cualquier causa, no solo los provocados por el cáncer, y como la enfermedad se diagnostica sobre todo en personas de edad avanzada, a menudo con un largo historial de tabaquismo y otras dolencias asociadas, una parte importante de esas muertes se debe a problemas de salud ajenos al tumor. El riesgo atribuible realmente al cáncer es, por tanto, menor de lo que sugieren las cifras, y en un paciente sin enfermedades graves previas el pronóstico es más favorable.