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'Cuelgamuros, entre lo difícil y lo imposible': el documental que muestra por primera vez las criptas del Valle

  • Un equipo forense intenta exhumar a 214 de las más de 33.800 víctimas ocultas en la basílica
  • Algunas familias denuncian que llevan desde 2023 esperando los resultados de las pruebas de ADN
DocumentaRTVE - Cuelgamuros, entre lo difícil y lo imposible

Solo algunas familias de las víctimas enterradas en el controvertido Valle de Cuelgamuros creían que era posible. Y durante todo lo que llevamos de siglo, están peleando para que su sueño se haga realidad y puedan, por fin, sacar a sus padres, a sus abuelos, a sus tíos de allí.

Pero la ciencia no lo veía igual. Hubo informes forenses y multitud de opiniones técnicas que coincidían en que en esta fosa común, la más grande de España, las exhumaciones eran de "extrema complejidad". Incluso Francisco Etxeberria, uno de los forenses españoles con más prestigio internacional, que lidera el equipo que trabaja ahora en ello, pensaba que, por el lamentable estado de los restos, tras casi setenta años olvidados bajo la oscura humedad de la montaña, era inasumible.

De ahí, el nombre del documental, Cuelgamuros, entre lo difícil y lo imposible. Un título que bien resume lo que sienten a diario Lourdes, René, Elisa, Inma y Paco, el núcleo duro del equipo forense. Las series de la tele han hecho mucho daño, nos cuentan; la gente se piensa que la ciencia forense lo puede todo, como en CSI, pero no es así. A veces los huesos están tan degradados que es inviable. Lo que es cierto es que, al menos, cuentan, tenemos que intentarlo, y en ello llevan desde 2023, habiendo identificado hasta ahora a 24 personas de las 214 reclamadas.

Imágenes exclusivas

El documental de Manu Diéguez y Belén Alonso está producido por el programa DocumentaRTVE que dirige Ángela G. Miranda, dentro del Área de Expansión Audiovisual con Pep Vilar a la cabeza, y es una primicia. Nunca nadie ha entrado a grabar allí dentro. Esta es la primera vez desde que hace casi siete décadas las criptas se tapiaron, se cerraron a cal y canto tras introducir en ellas más de 33.800 cuerpos, doce mil de ellos sin nombres ni apellidos, desconocidos. De hecho, no hay imagen, ni un solo NO-DO de antes, de cuando las víctimas, la mayoría combatientes de la guerra civil, más franquistas que republicanos, fueron trasladadas a partir de 1959 por orden de Franco. El noticiario propagandístico solo grabó las obras y las visitas que en numerosas ocasiones hizo el dictador español para ver cómo iban unos trabajos que parecían no terminar nunca. Diecinueve años duraron. Pero sobre las supuestas protagonistas del lugar, las víctimas que iban a ser allí enterradas, honradas, ni un plano.

Solo existen unas fotos de la Agencia EFE en blanco y negro, en las que se ve la llegada a la basílica de las primeras cajas y cómo son introducidas en una de las criptas. Nada más. Unas imágenes que tantos años después han sido claves para localizar a algunas de las personas cuyos familiares han pedido exhumar, y a las que ahora, por fin, se suman las primeras imágenes en video, las del documental que han sido grabadas en un rodaje muy complicado por el tamaño reducido de las criptas, y las penosas condiciones en las que se encuentran los restos. Y en el que el director de realización, Manu Diéguez, y el de fotografía, Juan Fco. Lage, han cuidado al máximo, en todos los sentidos, cada plano que grababan.

El proceso forense al completo

La intención del documental es que los forenses no se limiten a contar su trabajo, sino que, sobre todo, lo muestren. Que nos descubran lo más llamativo, dónde están las víctimas, emparedadas tras las paredes de ocho capillas de la basílica, y en qué estado se encuentran. Que se pongan las calzas, el mono blanco, el gorro y la mascarilla con los que se protegen del riesgo biológico que hay en las criptas, y hagan sentir al espectador, cómo es estar allí, trabajar, cómo es su día a día y lo más destacado de lo mucho que les ha ocurrido en estos tres años dentro de esas salas lúgubres, asfixiantes, de seis metros de ancho y doce de largo, que no llegan a los dos metros del alto. Sin luz natural, con una humedad del 90%, rodeados de cajas y más cajas negras de las que en muchos casos no quedan más que montañas de madera y huesos, a veces deshechos, todos revueltos, entremezclados. Uno de esos lugares donde cuesta asimilar dónde estás. Cuesta pensar que eso realmente existe; es real.

El equipo de forenses graba sus hallazgos en el interior de las criptas DOCUMENTARTVE

Los forenses muestran en el documental sus hallazgos más sorprendentes, como unas manos momificadas, en perfecto estado. Es uno de los grandes misterios del lugar: cómo dentro de una misma cripta una caja, unos restos, pueden estar en buen estado y, otros, se te deshacen en las manos. El porqué lo encontrarás en este documental, donde además podrás descubrir, a través del importante archivo grabado por los forenses, cómo fueron sus primeros días, las duras críticas y el boicot que sufrieron, aseguran, para intentar impedir su entrada, la ruptura de los primeros tabiques que les permitieron acceder a las criptas o cuál fue la primera caja que encontraron, y quiénes estaban en ella.

Manos momificadas encontradas entre los restos de víctimas en Cuelgamuros DOCUMENTARTVE

Cuelgamuros, entre lo difícil y lo imposible, explica todas las fases del proceso forense. La más complicada de todas, la que se produce en las criptas donde dos arqueólogos, Lourdes Herrasti y René Pacheco, intentan junto a la médico forense, Elisa Cabrerizo, localizar entre 11.060 cajas, a las 214 personas que buscan. Algunas de ellas son cajas individuales, con un solo cuerpo. Otras, colectivas, con hasta 15 cadáveres. En teoría, porque en la práctica han encontrado alguna con incluso 18 personas.

Una tarea detectivesca

La clave, lo que hace la localización posible, es encontrar el rótulo que llevan las cajas en un lateral con el nombre del pueblo o la ciudad desde donde llegaron. No hay que olvidar que estas víctimas fueron trasladadas desde todos los puntos de España, a partir de 1959, cuando llevaban ya más de veinte años enterradas. El gran problema es que la humedad del lugar y el paso de los años han hecho que, en muchos casos, de los rótulos no queden más que letras sueltas.

Pero no todo está perdido; ahí comienza la parte más detectivesca del documental de cuyo montaje se ha encargado Ernesto de la Calle, y en la que los forenses nos enseñan de qué otras pistas tiran, cómo se las apañan para dar la vuelta al caso más complicado y acabar localizando una caja. Sin ocultar sus reacciones, su lado más personal, más humano. La sorpresa, la impotencia, la rabia que sienten cuando algo se tuerce, lo dura que es para ellos físicamente la búsqueda, pero también los momentos alegres que han vivido, por ejemplo, junto a algunos familiares en la entrega de restos, y que les ayudan a seguir adelante, a darles impulso, a sentir que es posible.

Dos miembros del equipo forense celebran sus hallazgos para la identificación de las víctimas DOCUMENTARTVE

El documental además descubre cómo los antropólogos, ya en el laboratorio, logran saber el sexo, la edad, la estatura de las víctimas, y cuántas iban en cada caja. Y también, y muy importante, cómo después de tantos años averiguan las causas que se esconden detrás de su muerte. Y ahí, sobrecoge esa escena en la que examinan un cráneo con hasta seis agujeros, seis balas.

Además, el equipo de RTVE ha rodado a alguna de las familias con padres, abuelos o tíos en Cuelgamuros. Como el entrañable Hipólito, de 92 años, que protagoniza alguno de los momentos más emocionantes del trabajo. Otro de los escenarios del rodaje, el Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses, donde explican, entre otras cosas, cuáles son los problemas más habituales para identificar a las víctimas de la guerra civil.

Un cráneo con señales inequívocas de disparos hallado en Cuelgamuros DOCUMENTARTVE

Tres años esperando una prueba de ADN

Es precisamente esa, la última fase del proceso, las pruebas de ADN, la más criticada por las familias que han solicitado una exhumación. En algunos casos, denuncian, llevan desde 2023, con sus cajas localizadas, esperando únicamente el resultado del ADN. Las cosas no se han hecho bien, dicen; ha faltado previsión. El Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses lo reconoce en el documental, pero insiste en que desde Cuelgamuros han llegado más muestras de las que calcularon en un principio, un total de 300, y que no tienen medios humanos ni técnicos, para asumirlas todas.

De hecho, se ha terminado por recurrir a un laboratorio privado. Algo que ha generado un enorme malestar en las familias que se quejan además de falta de información. Exigen saber, por ejemplo, en qué punto están los trabajos. La espera asegura en el documental Silvia Navarro, de la Asociación de Familiares Pro Exhumación de los Republicanos del Valle, se hace eterna, sobre todo, para los pocos hijos que quedan con 80, 90 años, y que ven que el tiempo se les acaba, y la gran noticia no llega. Y ahí es cuando recuerdan que Naciones Unidas pidió a España, en 2014 y en 2017, que estas exhumaciones se trataran por la vía urgente y ha pasado ya más de una década. Es una cuestión, dice, de derechos humanos.

Hoja de papel hallada entre los restos de Cuelgamuros DOCUMENTARTVE

El documental también da voz al presidente de la Asociación para la Defensa del Valle, Pablo Linares, que representa a muchos de los que tienen familiares enterrados en Cuelgamuros y que se niegan a que se les toque. Por ello, acudieron a los tribunales, que no les dieron la razón. Aunque sí que lograron, junto a otros grupos como Abogados Cristianos, paralizar hasta un año los trabajos forenses, a base de recursos. Linares acusa al Gobierno de actuar de forma partidista y le exige poder visitar las criptas, igual que han hecho las familias solicitantes, para quedarse tranquilos y confirmar si se están, o no, profanando las tumbas de los suyos. Algo que los forenses niegan de forma tajante. Aseguran que allí están exhumando tanto a personas de un bando de la Guerra Civil como del otro. De hecho, recuerdan que más de la mitad de las solicitudes, en contra de lo que se ha pensado siempre, son de familiares de combatientes franquistas. E insisten en que ellos son técnicos, son profesionales, dicen, y tratan a todas las víctimas con el máximo respeto y cuidado.

La burocracia de la Administración no ayuda

Además, se muestra cómo los palos en las ruedas no vienen solo de fuera. A veces, explica la arqueóloga, Lourdes Herrasti, te molestan los miedos, los frenos innecesarios, gente que dice apoyar el proyecto, pero que no lo impulsa con la suficiente fuerza. Las instituciones en general, porque el proyecto a veces resulta, añade, incómodo. Nosotros queremos avanzar, pero a veces, dice su compañera, Elisa Cabrerizo, nos topamos con la Administración. Cada vez que quieren entrar a una cripta, deben derribar un tabique. No es grueso, no se tarda mucho, pero los permisos, la burocracia hacen que todo se alargue mucho más de lo que ellos quisieran.

Los forenses sortean el complicado acceso a diferentes niveles de las criptas DOCUMENTARTVE

De hecho, ahora mismo, cuentan en Cuelgamuros, entre lo difícil y lo imposible, llevan esperando desde noviembre de 2025 a que Patrimonio Nacional les abra un tabique para poder trabajar en el último piso, el quinto de la capilla en la que está el laboratorio, la del Santo Sepulcro. Solo allí hay 43 de las 214 solicitudes de exhumación. Todos combatientes del Ejército franquista, muertos en el frente del Ebro. Aunque de origen, la gran mayoría, vasco. A diferencia de las otras cuatro criptas de esa capilla, esta es abovedada, por lo que las columnas con restos son mucho más altas, de hasta 15 cajas puestas unas encima de otras. Acceder a ellas será aún más complicado. Habrá que poner escaleras e ir bajando una a una. En esa cripta, además, no hay un acceso directo; para llegar a ella hay que ir por una trampilla que hay en el techo de la cuarta planta. Algo que complica aún más todo.

Lo bueno, y también diferente respecto a las otras criptas que se ven en el documental, es que la mayoría de las cajas en ese último nivel son individuales, están en buen estado, según una inspección previa, y encima, la gran mayoría de ellas cuentan con un cartel, una placa donde se lee el nombre del fallecido. Con lo que la búsqueda en principio, esta vez, estaría más cerca de lo difícil que de lo imposible. Aunque para ello Patrimonio debe cumplir con su compromiso, y hacerles un acceso.

Pero el tiempo, como casi siempre, corre en su contra. En cuestión de meses, habrá elecciones generales y creen que en función de quién gane podrán acabar o no, lo que han empezado. Algo en lo que también piensan a diario todos aquellos que llevan años queriendo sacar a un familiar de allí, y siguen, por más que luchan, sin lograrlo.