Enlaces accesibilidad

'Cuelgamuros, entre lo difícil y lo imposible': "Más de la mitad de las solicitudes de exhumación son de franquistas"

Tráiler: 'Cuelgamuros, entre lo difícil y lo imposible'
BELÉN ALONSO

Reconocen que lo suyo es un trabajo detectivesco. Deben juntar muchas pistas para localizar e identificar a 214 personas entre las más de 33.800 víctimas de la Guerra Civil que, por orden del dictador Francisco Franco, fueron enterradas, a partir de 1959, en el Valle de los Caídos, ahora llamado de Cuelgamuros, en Madrid.

Las 214 cuyos familiares han solicitado a Patrimonio Nacional, que gestiona el lugar, sacarlos de allí para poder enterrarlos junto a los suyos. Y ahí, viene uno de los primeros clichés que desmonta el documental del programa DocumentaRTVE, : más de la mitad de las solicitudes de exhumación son de militares franquistas, algunos voluntarios, otros forzosos.

El dato nos lo da la arqueóloga, Lourdes Herrasti. Ella es una de las cinco personas que forman el núcleo duro del equipo forense, al que la Secretaría de Memoria Democrática ha encargado una misión que durante décadas se pensó imposible. Lo creyeron incluso ellos mismos, que ahora están allí dentro intentando localizar las cajas en las que llegaron los restos, la mayoría de combatientes de la Guerra Civil, desde todos los puntos de España. Las hay individuales, de una sola persona. Ahí la búsqueda es algo más sencilla. Luego están las grandes, las cajas colectivas, con hasta 15 personas. Pero solo en teoría, porque algunas han colapsado con el tiempo al venir con huecos, más vacías. En otras, en cambio, han llegado a localizar a 18.

Un tercio de las víctimas son desconocidas

Los forenses tienen un as en la manga: el censo en el que vienen los nombres y apellidos, la procedencia, el día en que ingresaron en el valle y en qué cripta lo hicieron. Pero no siempre es fidedigno, y lo peor, de 12.000 de las más de 33.800 víctimas no hay ni un solo dato, son desconocidas, nada se sabe de ellas. Unas y otras se ocultaron tras los muros de las capillas de la basílica, en 28 criptas que durante casi siete décadas han estado tapiadas, cerradas a cal y canto, hasta ahora.

'Cuelgamuros. Entre lo difícil y lo imposible', el documental sobre las criptas del Valle

Puerta de acceso a una cripta en Cuelgamuros DOCUMENTARTVE

De nueve de la mañana a ocho de la tarde, de lunes a jueves. Es el horario que hace el equipo forense. El viernes a mediodía vuelven a casa, y el domingo, después de comer, viaje de vuelta. Diez horas a la semana invierten en traslados. Cada uno desde una punta de España: País Vasco, Granada, Cataluña. Y eso que de los cinco, dos, Elisa y Lourdes, están jubiladas. Trabajan aquí de forma voluntaria. Solo cobran los gastos de alojamiento y comida. Igual que Paco e Inma. "No percibimos más dinero por trabajar aquí", nos cuenta ella.

Tienen los sueldos de los organismos públicos en los que trabajan, pero no cobran nada extra por sus investigaciones en Cuelgamuros. Sueldo propiamente dicho por exhumar en el Valle, aseguran, solo tiene René, el más joven del equipo. Aunque ellos, no le dan importancia. Es lo habitual en las exhumaciones, nos cuentan, ya sean en cunetas, en pozos, en el monte. Para ellos, la verdadera recompensa, aseguran, es ver las caras de las familias cuando les entregan, después de tantos años de espera, los restos de un ser querido.

'Cuelgamuros. Entre lo difícil y lo imposible', el documental sobre las criptas del Valle

Equipo forense que trabaja en exhumar cuerpos en Cuelgamuros ARCHIVO FORENSES

El proyecto, aseguran, funciona porque el equipo funciona, porque están cohesionados. Y porque no todos tienen la misma especialidad. Unos son médicos forenses, otros antropólogos, arqueólogos, historiadores. Pocos, dicen, pero bien avenidos. El lugar, explican, además es reducido, por lo que necesitan mucho orden; si fueran más, todo se complicaría. Algunas de las familias que han solicitado las exhumaciones no están de acuerdo. Es el caso de la Asociación de Familiares Pro Exhumación de los Republicanos del Valle. Creen que el proyecto va demasiado lento, sin avances significativos; exigen más medios y critican que nadie les informe periódicamente sobre el estado de las búsquedas.

Las pruebas de ADN se eternizan

Si tardamos, contestan los forenses, es porque estamos encontrando a la gente. Los ritmos forenses, insisten, son así, lentos, pero sin pasos en falso, con garantías. Donde reconocen que sí que ha habido un parón es con las pruebas de ADN. Algunas familias llevan desde 2023 con sus familiares supuestamente localizados, a falta solo de los resultados que lo demuestren. De ello se iba a encargar el Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses, pero las muestras llegadas desde Cuelgamuros han sido más de las previstas en un principio, nos dicen, y no tienen medios ni humanos ni técnicos.

El cuello de botella ha sido tan grave que la Secretaría de Estado de Memoria Democrática se ha visto obligada a recurrir a un laboratorio privado. Pero entre licitaciones, trámites eternos y recursos, todo se ha alargado y, a día de hoy, tres años después, las familias, enfadadas, no saben cuándo tendrán, por fin, los resultados. Los forenses confían en que ya con el laboratorio privado todo se reactive.

A las familias la espera se les hace eterna, llevan décadas luchando, muchos de sus mayores se han muerto esperando. Pero, quiénes son los forenses que trabajan para exhumarlos y sobre cuya tarea gira el documental realizado por Manu Diéguez y con Juan Fco. Lage en la fotografía.

Francisco Etxeberria, el referente

Etxeberria es uno de los forenses españoles más reconocidos. Tanto que en la televisión vasca tiene hasta un doble que, con mucho humor, le imita. Nació en Beasain, Guipúzcoa, en 1957. Médico especialista en medicina legal y forense. Las autopsias de Lasa y Zabala, ejecutados por los GAL, la del expresidente chileno, Salvador Allende o la de Ruth y José, los niños asesinados por su padre, José Bretón, en Córdoba, son solo algunas de las muchísimas que llevan su firma. Es el padre y coordinador del proyecto de exhumaciones en Cuelgamuros, y asesor de la Secretaría de Memoria Democrática. El hombre de las anécdotas. De los que se pone a recordar, y no para. Se ha visto en todas las situaciones posibles. Experto en identificaciones en muestras degradadas. Lo suyo no es solo liderar, estar vigilando desde arriba, agitar el árbol de la burocracia, exigir medios; también es buscar las causas.

'Cuelgamuros. Entre lo difícil y lo imposible', el documental sobre las criptas del Valle

Francisco Etxeberria trabaja con las muestras exhumadas DOCUMENTARTVE

Rayo, grita con fuerza. Sin quitarse el chaleco de plomo, coge con delicadeza el cráneo de la placa, y va a ver la radiografía. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis disparos... Son balas pequeñas, de cinco milímetros. Tiene una caja de madera con las más usadas durante la Guerra Civil. Esto no es un fusilamiento, nos cuenta sin dudar, es un asesinato. Alguien con una pistola pequeña que dispara hasta agotar la munición.

Es lo que escribirá en el informe pericial que acompaña a los restos que las autoridades entregan a las familias. Algo que siempre remarca Paco, es importantísimo. Porque en ese informe todos los especialistas, psicólogos, arqueólogos, antropólogos, genetistas dan sus conclusiones, hacen un perfil y reconstruyen la historia, con datos, de la víctima. Es el reconocimiento institucional de que existieron, de lo que sufrieron, de lo que les pasó, insiste una y otra vez, lo que nunca tuvieron, lo que realmente les faltaba.

Lourdes Herrasti, la labor más difícil

Herrasti también es vasca. Nació en Aretxabaleta, Guipúzcoa, en 1958. Antropóloga, fue profesora de Historia en un instituto del que sigue hablando con cariño. Cree que ahora con su trabajo en Cuelgamuros están reescribiendo precisamente esa historia que ella ha contado tantas veces a sus alumnos, y por eso, dice, estas exhumaciones dejarán marca. En las criptas, la suya es la voz que más suena, la que apuesta, la que abre camino. Lleva desde los años 80 en excavaciones prehistóricas. En el 2000, le pidieron ayuda cuando se iba a abrir la primera fosa común de la Guerra Civil de forma científica, la de Priaranza del Bierzo, León. Contestó que sí y desde entonces ha desenterrado a más de 2.000 víctimas.

Sus rodillas son un milagro. Maravilla verla de pie, agachada, de pie, agachada. Como si nunca se cansara. En todas las posturas posibles, cuidadosa, consciente siempre de que no trabaja entre huesos, sino entre lo que antes eran personas. Reconoce que es duro estar detrás de una caja con restos, un día y otro, y que no aparezca, se hace largo. Y más sabiendo que las familias están, dice, esperando.

Toque de atención al Gobierno

A veces también le molestan los frenos, los miedos de la Administración que no impulsa el proyecto a veces con la suficiente fuerza, nos explica, y tarda más de la cuenta en hacer los accesos que necesitan, en darles los medios para que puedan seguir trabajando. Burocracia que les ha mantenido parados durante meses en más de una ocasión. Como ahora que llevan casi un año a la espera de que Patrimonio Nacional, que depende del Ministerio de la Presidencia, les abra un acceso pequeño que se haría, dicen, en dos mañanas, para poder entrar, por fin, al último nivel de la capilla del Santo Sepulcro donde hay 4.200 cajas con restos. 43 familias creen que los suyos, todos combatientes franquistas, están allí y quieren sacarles, llevan décadas y décadas esperando. No pueden más. Aunque tras el verano, la situación parece que se ha desbloqueado y en breve, habrá buenas noticias, dicen, sobre esa quinta planta.

'Cuelgamuros. Entre lo difícil y lo imposible', el documental sobre las criptas del Valle

Trabajo sobre hallazgos en Cuelgamuros DOCUMENTARTVE

Lourdes se encarga de enseñarnos los objetos que aparecen junto a los restos, y que pueden llegar a aportar información muy valiosa sobre las víctimas. Como unas abarcas enormes hechas con neumáticos y las cintas con las que los agricultores se las ataban a las espinillas. Rígidas, incómodas, resistentes. O la madera del lápiz de algún profesor. O el carnet de piel que llevaba con su nombre algún ferroviario en el bolsillo. Y algo que a Lourdes se le quedó grabado para siempre, y que guarda con mucho cuidado entre papel de seda blanco: un ramo de rosas. Fue en una cripta, al levantar una caja, allí estaba, encima de otra. Imposible no pensar: ¿quién las dejaría?

'Cuelgamuros. Entre lo difícil y lo imposible', el documental sobre las criptas del Valle

Ramo de flores hallado en la exhumación RTVE.es

Elisa Cabrerizo, la registradora oficial

Cabrerizo es una de esas personas que, al menos en apariencia, nunca está de mal humor, de las que siempre anima. De Granada, de Lanteira, donde nació en 1961. Médica y antropóloga forense. Toda su vida ha trabajado en el Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Granada, donde fue jefa del servicio de Patología.

'Cuelgamuros. Entre lo difícil y lo imposible', el documental sobre las criptas del Valle

Labores de exhumación en Cuelgamuros RTVE.es

De las criptas, nos cuenta, no podemos sacar ni la tierra de las cajas. Nada, absolutamente nada. Al laboratorio solo bajan los restos con indicios de que podrían ser de alguien cuyos familiares han solicitado su exhumación. Si el ADN confirma que es así, se entregan a sus parientes. Si el resultado es negativo, vuelven a la cripta. Ella hace de todo, como todos, y sin quejas, siempre tiene ganas de ayudar. Nos enseñó, por ejemplo, cómo corta con una pequeña sierra eléctrica los huesos, para sacar la muestra de 10 centímetros que mandan al laboratorio de ADN.

Pero hay una cosa que le toca especialmente a ella: registrar. Es la de los cuadernos, grandes y pequeños. Todo, todo, todo, hasta el mínimo detalle lo anota. No se guarda nada. Siempre pegada en las criptas a los arqueólogos, a Lourdes y a René, que le van cantando todo lo que ven, todo lo que recogen. Y ella rápida con el boli; después lo pasa al ordenador. Es la forma de que la Administración tenga claro qué se está haciendo. Y sirve a otros profesionales, nos dice, que puedan llegar a entrar aquí en un futuro. También a observadores nacionales e internacionales que saben que este proyecto no es cualquier cosa, tiene envergadura, y no le quitan ojo.

El registro además es clave para ellos. No hay día que no vayan para atrás a buscar entre sus anotaciones para refrescar un dato, que les permita unir pistas, atar cabos respecto al caso que tienen entre manos. Por ejemplo, cómo era la arena de las cajas que venían de un pueblo. Si era blanca o muy arcillosa. De qué tipo de madera estaban hechas, o si la cruz que llevaban todas en la tapa era sencilla, negra, o más especial, como esas que tienen pequeñas florecitas en los bordes.

Si hoy aparece una de estas últimas, ya tienen otra pista: puede proceder del mismo pueblo que las otras cajas con esas cruces especiales que ya encontraron y anotaron en su día.

'Cuelgamuros. Entre lo difícil y lo imposible', el documental sobre las criptas del Valle

Trabajo de registro de los restos localizados en Cuelgamuros RTVE.es

Muchos grandes momentos

Además del registro arqueológico, con todo lo que encuentran dentro de las criptas, está el registro fotográfico y de video, con miles de archivos de su día a día grabados por todos ellos, como pueden. Y una especie de diario en el que Elisa apunta las horas, la temperatura, la humedad, quiénes están del equipo, pero también curiosidades. Si se han cruzado con alguien al entrar en la basílica, un comentario que les haya hecho algún benedictino o cómo se sienten.

Le pregunto con qué página de todas las que ha escrito se queda. No duda, con las que escribió cuando vinieron de visita los familiares que han solicitado exhumar a los suyos. Entonces, anotó sus preguntas, sus reacciones... También que un hombre, grande, alto, estaba ya saliendo para irse y de repente, se volvió y abrazó, emocionado, a todo el equipo. Y claro, ellos le abrazaron también, emocionados. Tanto como vuelve a estar ahora Elisa recordándolo.

René Pacheco, no se le escapa un rótulo

Girona, 1983. Pacheco es arqueólogo, licenciado en Historia. Siempre pensó que las criptas de Cuelgamuros no se abrirían. De lo de trabajar en ellas ni hablamos. Desde 2008, ha estado exhumando fosas en nuestro país con la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH). La búsqueda de desaparecidos también le ha llevado por medio mundo con importantes equipos forenses como el argentino EAAF o el Comité Internacional de la Cruz Roja. Ha estado en México, en Georgia, Indonesia, El Salvador. Pedro Almodóvar contó con él como asesor arqueológico y, de paso, figurante, en su película Madres paralelas.

'Cuelgamuros. Entre lo difícil y lo imposible', el documental sobre las criptas del Valle

Trabajos de exhumación en Cuelgamuros RTVE.es

En Cuelgamuros, es el gran experto en los rótulos que llevan las cajas de las víctimas indicando el pueblo o la ciudad de la que venían. Un dato clave, que facilita mucho la búsqueda. El problema es que, con el paso del tiempo y la humedad, están debajo de una montaña; muchos rótulos se han ido perdiendo. Solo quedan letras sueltas. Y ese es el punto fuerte de René. Ve una vocal, una mayúscula y, por cómo están hechas, si son más redondas, más afiladas, o el tipo de pintura, puede llegar a saber, comparando con todas las otras que ha encontrado, de qué lugar proceden. Así, por el tipo de "a", supo que podían estar ante las cajas que les faltaban de Calatayud, Zaragoza.

Para ello, a veces, utiliza luz morada que le ayuda a leer lo invisible. Como esa vez que estaba dentro de la cripta con Lourdes, mirando todos los laterales de una caja. Pero no había nada, ni un palito. Hasta que pasaron la luz, y de repente, como por obra de magia, apareció la L, la U, la A, la R, la C y la A. Pudieron leer incluso lo que venía después, Oviedo. De la nada, al todo.

En algún hospital que otro se ha visto por trabajar en sitios con restos cadavéricos, con riesgo biológico. En el caso de Cuelgamuros, de nivel dos en una escala de cuatro. Es decir, que puedes coger alguna enfermedad, sobre todo, respiratoria, aunque no contagiar. El riesgo no solo está en las partículas que quedan suspendidas en el aire, sino también en los hongos que residen en las criptas. Pero él no está preocupado. Siempre entran con protección, nos dice. No como Pedro Sánchez; le recordamos, que vino de visita y se lio, al meterse en las criptas sin mascarilla, pero con fotógrafos, y claro, a la prensa fue lo primero que nos saltó a la vista.

Inmaculada Alemán, la lectora de huesos

Catedrática, antropóloga física de la Universidad de Granada donde nació en 1968. La casa de Alemán fue en su día la academia donde estudio Federico García Lorca. Está especializada en identificación humana. Suyas son algunas de las investigaciones realizadas en una de las necrópolis más importantes de Egipto, la de Asuán, con momias con más de cuatro mil años de antigüedad. También la patente internacional de un premiado sistema que permite averiguar, con la superposición de imágenes, si un cráneo pertenece a un individuo. Y las dos mesas más largas que atraviesan el laboratorio de Cuelgamuros, donde extiende y ordena los fémures con los fémures, las tibias con las tibias. En otro montón enorme, las costillas.

Con un cepillo de dientes los limpia con tanta fuerza como delicadeza; son compatibles. Sabe lo que tiene entre las manos. Una vez preparados, se pone a emparejar, a casar los huesos que miden lo mismo. Lo hace a simple vista, es muy rápida, y le sobra experiencia.

Lo primero es descubrir cuántas personas había en las cajas. Los huesos, explica, no paran de hablar. Da igual los años que tengan, dicen muchas cosas: si son de un hombre, de una mujer, su edad, la estatura, si tenían mucha o poca actividad física. Incluso el tipo de alimentación. Dejan claro las enfermedades, las lesiones. Y cómo fueron de bien o mal tratados al ser exhumados por primera vez.

Algunos vienen partidos al ser cogidos en fosas comunes, con prisa y con azadas. La mayoría de los que Inma examina en el valle eran de combatientes, hombres jóvenes de entre 19 y 35 años.

'Cuelgamuros. Entre lo difícil y lo imposible', el documental sobre las criptas del Valle

Una científica mide un hueso exhumado en Cuelgamuros RTVE.es

Lo que más le frustra es que sus compañeros se esfuercen en localizar, entre muchas otras, una caja y que cuando por fin lo consiguen, la abran y los huesos, después de todo, se les deshagan en las manos, sin poder ella ya leer casi nada. Y, sobre todo, anulando las opciones de una prueba de ADN.

Acusaciones de profanación

Inma, controla las lágrimas, pero lleva su trabajo a flor de piel cuando le preguntamos sobre qué piensa cuando la Asociación para la Defensa del Valle o la de Abogados Cristianos les acusan de expoliar, de profanar tumbas. Se rebela, aquí insiste una y otra vez: exhumamos a personas de ambos bandos de la Guerra Civil. Cree que todos tenemos derecho a ir a un cementerio y saber dónde está nuestro padre, ponerle flores, cuando me pasa algo, contárselo. Sus ojos están vidriosos, vive lo que dice, pero sigue, no se viene abajo, está más que acostumbrada. Ese derecho, continúa, se lo tenemos que dar a las personas que lo están reclamando. Y eso, ver cómo nosotros podemos lograr cerrar el duelo de una familia, eso precisamente, dice, es lo que les hace seguir. Lo que les hace confiar en que, a pesar de lo difícil, es posible.

Bien lo saben, las 24 familias que por ahora han visto cómo Paco, Lourdes, Elisa, René e Inma, junto a los otros miembros del equipo, como el historiador David Tormo o el genetista, Pedro Barrio, han logrado sacar a los suyos de Cuelgamuros, y llevárselos a su lado.

Ojalá y tengan la misma suerte las otras 190 familias que también lo han solicitado. Como la de los hermanos Lapeña. Ellos consiguieron un auto histórico, el primero que autorizaba una exhumación en Cuelgamuros. Fue en 2016, pero igual que la hija de Rafael Abril, de 93 años, o los familiares de Domingo Páramos siguen esperando cruzando los dedos, aunque cada vez con menos fuerza.

Tres años después, nos cuentan algunas de ellas, cuesta mantener la esperanza porque tienen la sensación de que el tiempo se acaba, que en menos de un año hay elecciones generales, y tras ellas, dicen, podría ponerse fin al trabajo de los forenses en Cuelgamuros, y volver, quién sabe, a tapiarse las criptas.