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Un buen corsé aprieta, pero no ahoga: la prenda que regresa con actrices como Margot Robbie y Sydney Sweeney

  • Atuendos con historia: el corsé ha definido siluetas, estatus y cánones de belleza durante siglos
  • Madonna y Gaultier: cuando la ropa interior se convierte en icono, provocación y expresión
Una mujer ajusta el corsé de otra, destacando la tensión y el detalle de la vestimenta de época bajo una luz intensa proveniente de una ventana.
Nelly, la asistenta de Catherine Earshaw (Margot Robbie), apretando el corsé más y más en la película 'Cumbres Borrascosas'
*Aroa Arroyo García

Margot Robbie gritando "Tighter, tighter!" en Cumbres Borrascosas, el vestido de novia de Sydney Sweeney en Euphoria y la locura en redes por los diseños nupciales de Vivienne Westwood han vuelto a poner las prendas estructuradas, y especialmente los corsés, sobre la mesa en un momento en el que la tendencia es la extrema delgadez.

Vemos cada vez más modelos en las tiendas fast-fashion: con tirantes, con encaje, de escote corazón, con pliegues, drapeados, con varillas o sin ellas. Stradivarius afirma en su página web que "revisitar las siluetas históricas a través de una lente moderna" ha contribuido a que el corsé sea una de las "incorporaciones más emocionantes a la moda contemporánea". Disculpe, Inditex, el corsé no se incorpora porque nunca se fue.

Una invitada a la Semana de la Moda de París combina un corsé de denim azul con una falda de tul negro y largos guantes de cuero frente al desfile de Vivienne Westwood, durante la jornada del 8 de marzo de 2025.

Una invitada a la Semana de la Moda de París combina un corsé de denim azul con una falda de tul negro y largos guantes de cuero frente al desfile de Vivienne Westwood, durante la jornada del 8 de marzo de 2025. Raimonda Kulikauskiene/Getty Images

Usada a menudo de forma errónea, la palabra corsé se refiere únicamente a la prenda interior armada con ballenas y destinada a ceñir el cuerpo desde el pecho hasta las caderas. Sin embargo, solemos llamar corsé a cualquier prenda estructurada, como los jubones, las cotillas, los cartones de pecho o los bustieres.

Nunca han desaparecido del todo de la moda ni de las producciones audiovisuales. De todas ellas, el corsé es quizá la que mejor sobrevive al paso del tiempo: ha pasado de símbolo de la realeza a asociarse con las vedetes y, en distintos momentos, incluso ha sido cuestionado por su carácter constrictor.

Perspectiva histórica

Curiosamente, la etimología de la palabra corsé viene del francés corset, que se usaba desde el año 1239 para nombrar una "prenda masculina que cubre la parte superior del cuerpo". En la historia de la indumentaria, el corsé tiene como antecedente el cartón de pecho, usado por las cortesanas europeas para aplanar lo máximo posible el busto.

Compite a partir del siglo XVI con la cotilla o stay en inglés, de la que se diferencia por su ajuste de hombros a caderas. En España, en la corte de Felipe II, en el siglo XVI, se impusieron la rigidez y la solemnidad a través de las prendas de vestir de color negro ala de cuervo, el culmen de la distinción y la elegancia.

Se comienzan a usar corpiños interiores forrados de cuero o armados con cartones y tablillas para conseguir un busto rígido, un talle reducido y una pose erguida. En la Europa renacentista, la florentina Catalina de Médici lo trajo de Italia a Francia, donde fue un éxito rotundo.

Rigidez, contención y solemnidad en el retrato de Isabel Clara Eugenia con Magdalena Ruiz, pintado por Alonso Sánchez Coello entre 1585 y 1588

A finales del siglo XVII se va quitando la presión sobre los hombros del corpiño, los tirantes se van estrechando hasta que se decantan por el escote palabra de honor del corsé. Su función principal no solo era ceñir la cintura, sino aportar un soporte a la espalda y realzar mucho más el pecho, que ya con las revoluciones francesa e industrial experimentó una liberación.

Mujer con vestido «a la Circassienne», representada en una lámina de moda de 1790. La nueva silueta femenina, más ligera y de cintura marcada, refleja la transformación de la indumentaria que acompañó a la Revolución francesa y precedió a la consolidación del corsé en la moda del siglo XIX.

Varillas de ballena

El corsé era una prenda interior que protegía el cuerpo femenino de las pesadas telas de las faldas del siglo XIX, colocándose sobre una camisa y reforzándose con barbas de ballena rematadas con gruesos hilos de seda. Estas barbas, formadas por láminas córneas de queratina, proporcionaban la rigidez y flexibilidad necesarias para estructurar la prenda. Su alta cotización, provocada también por el consumo de grasa animal para la iluminación, generó una caza masiva.

Marineros despellejando una ballena durante una expedición de 1767-1774, en un grabado del siglo XVIII. La escena muestra la industria ballenera y el aprovechamiento de las barbas de ballena, empleadas como material de refuerzo en prendas estructuradas como el corsé.

En el siglo XX apenas se vieron piezas con barbas de ballenas porque ya no quedaban más por cazar, se optó por utilizar briznas vegetales o acero para entretelar el lino. Además, para esa época el uso del corsé estaba prácticamente democratizado, lejos quedaba ya la época victoriana de mediados del XIX, donde se asociaba directamente con el lujo y la aristocracia.

Comprar y adaptar

Para adquirir un corsé, se acudía al corsetero o corsetière, generalmente un hombre, quien, tras tomar las medidas pertinentes, iniciaba un proceso artesanal de unas cuarenta horas de duración, dependiendo de la calidad y complejidad de los acabados.

«Interior de la tienda de un sastre en el siglo XVIII», ilustración de Saint-Elme Gautier para Le Corset à travers les âges (1893). La escena muestra a los corsetiers durante distintas fases de elaboración y ajuste de un corsé.

Uno de los principales retos de su elaboración era el ajuste del vientre, cuya forma también estuvo sujeta a las fluctuaciones de la moda. Durante la época de la Regencia, a principios del siglo XIX, el corsé dejaba un espacio hueco y abultado en la zona bajoabdominal; a finales de siglo, en cambio, la tendencia era aplastarla por completo.

Esta última técnica, además, facilitaba la estandarización de las medidas y su aplicación a la fabricación en serie.

Corsé de lino marrón del siglo XVIII, expuesto en el MET de Nueva York, presenta un diseño cónico característico con pestañas inferiores para mayor comodidad

Para el Dr. Ángel Pazos-López, profesor de Historia del Arte en la Universidad Rey Juan Carlos, la concepción de vestirse ha cambiado mucho durante los últimos doscientos años. Hoy salimos de casa con unas prendas que podemos llevar durante todo el día; en cambio, antes cada conjunto respondía a una ocasión concreta: un baile, una recepción de té, una cacería o un viaje.

Corsé Y & N de costuras diagonales patentado en 1883. Su diseño sustituía las piezas verticales tradicionales por paneles diagonales y el tejido al bies, reduciendo la tensión sobre las costuras y favoreciendo una mayor adaptación al cuerpo. Unknown

El corsé de baile, confeccionado en satén, reducía el talle unos centímetros; el paralelo contemporáneo es elegir ropa ajustada para salir de fiesta. El de viaje, en cambio, debía ofrecer mayor libertad de movimiento y permitir que el cuerpo se expandiera durante los desplazamientos y los periodos de descanso en el tren. Para dormir, el corsé de noche, en piel de Suecia, prescindía de las ballenas para evitar una presión excesiva.

Montar a caballo requería un corsé largo, con las caderas elásticas para facilitar el movimiento, mientras que para andar en bicicleta se optaba por una versión mucho más sencilla: un cinturón ajustado mediante cordones.

Mujer con traje de amazona y sombrero, diseño de La Belle Jardinière, en un grabado coloreado de La Mode Illustrée, publicado el 13 de febrero de 1898.

Incluso las mujeres embarazadas disponían de corsés específicos, confeccionados con materiales elásticos, sin ballenas y con presillas de goma.

Corsé para embarazadas de 1900, expuesto en el Museo de la Comunicación de Núremberg en 2015. Diseñado para adaptarse a los cambios del cuerpo durante el embarazo, ejemplifica la diversidad de modelos de corsé según las necesidades de cada mujer

Vestir y pertenecer

Los corsés seguían una jerarquía determinada por sus colores y materiales. En la historia de la indumentaria, vestir apropiadamente no significaba simplemente ir elegante, sino llevar las prendas que respetaran el estatus, la ocasión y las leyes suntuarias que regulaban el lujo.

El corsé de satén blanco se asociaba con las mujeres consideradas más decentes y respetables. Era largo, estructurado y armonioso, con ballenas y sin perfume ni portaligas. El de satén tornasolado, una tela que se ve de distintos colores según la luz, constituía una variante más lujosa: incorporaba broches de plata, remates de puntilla y un ligero perfume. También existían modelos destinados a las mujeres aficionadas a deportes como la caza o la equitación, de estructura más cómoda, confeccionados en gamuza fina de color gris pálido y rematados en satén azul.

Corsé de 1900-1905, perteneciente a las colecciones del Museo del Traje. Confeccionado en raso de seda y armado con 72 ballenas, presenta una estructura recta destinada a aplanar el vientre y sujetar las caderas, reflejo de la transformación de la silueta femenina al comienzo del siglo XX.

En el extremo opuesto se encontraba el corsé de la mujer considerada "ordinaria", elaborado en satén negro, rojo o azul intenso y decorado con hilos de oro o plata. Los colores oscuros recibieron cantidad de críticas, aunque a partir de 1870 comenzaron a aceptarse porque eran más fáciles de lavar.

Corsé «Droit devant» de satén negro con forro de seda amarilla, perteneciente a Mrs. Van Eeghen-du Mée, una adinerada mujer de la alta sociedad de Ámsterdam. De autoría anónima y fechado hacia 1900.

A comienzos del siglo XX se rechazaban los corsés negros; sin embargo, según la prensa de 1911, los modelos de terciopelo negro adornados con ricos encajes se habían convertido en una de las máximas expresiones del lujo.

Tightlacing e higienismo, polos opuestos

Rotura de costillas, falta de respiración, aplastamiento de hígado y pulmones, cáncer de mama, desvanecimientos, reflujos... todos ellos, junto a otros tantos, conforman el abanico de maravillas que podían sufrir las aficionadas al tightlacing, la práctica de usar un corsé muy apretado todo el rato.

Una joven ayuda a otra a ajustar su corsé mediante los cordones de la espalda, en una fotografía estereoscópica de 1897.

Una joven ayuda a otra a ajustar su corsé mediante los cordones de la espalda, en una fotografía estereoscópica de 1897. JT Vintage / Glasshouse Images

Se ha superado la teoría de que todas las mujeres estrechaban los cordones del corsé hasta quedarse sin aliento. Es más, Pazos dice que en ocasiones se utilizaba la excusa del corsé para justificar las enfermedades femeninas, mientras que en la realidad los modelos más ceñidos solo se usaban en fiestas muy puntuales y tampoco eran tan apretados. Como en el presente, había mujeres obsesionadas con reducir la cintura.

Vivien Leigh, como Scarlett O’Hara, mientras Hattie McDaniel, en el papel de Mammy, le ajusta el corsé en una escena de Lo que el viento se llevó (1939)..

Vivien Leigh, como Scarlett O’Hara, mientras Hattie McDaniel, en el papel de Mammy, le ajusta el corsé en una escena de Lo que el viento se llevó (1939). La secuencia muestra el ritual de ceñir la prenda que contribuyó a construir la característica silueta de Scarlett. Silver Screen Collection/Getty Images)

Esto es algo que la corriente del higienismo criticaba durante todo el siglo XIX, defendía una vestimenta compatible con el bienestar físico dentro de una preocupación más amplia por los hábitos cotidianos. En España no era una novedad: el médico de la esposa de Carlos IV, la reina María Luisa de Parma, casi un siglo antes, escribió un tratado en el que culpaba a las costillas de los problemas de salud de las nobles altas. El periódico ilustrado El Censor comentaba la ronquedad en la voz de las chicas que usaban corsé periódicamente.

Manual de higiene pública elaborado por Pedro Felipe Monlau en 1852

Manual de higiene pública elaborado por Pedro Felipe Monlau en 1847

Los higienistas puros, como Pedro Felipe Monlau, criticaban que se ocultara el "talle natural" y manifestaban preocupación por esta "funesta moda" que poco ayudaba a la construcción de la New Woman, la mujer que se incorporaba paulatinamente al mundo laboral y necesitaba movilidad.

Aportaban ilustraciones que enseñaban el estrechamiento de caderas y tratados clínicos, pero en la realidad no existen evidencias médicas directas de que el uso adecuado del corsé involucre consecuencias negativas.

Corseteros y corseteras

Desde las primeras prendas que, en la Creta minoica, buscaban realzar y sujetar el pecho hasta los corsés que hoy regresan a las pasarelas, esta pieza ha sido mucho más que una cuestión de cintura. Ha vestido a reyes y reinas, hombres y mujeres; ha sido símbolo de poder, objeto de deseo, motivo de escándalo y protagonista de algunas de las historias más curiosas de la moda.

Diosa de las serpientes minoica, o sacerdotisa, procedente de Cnosos (Creta) y datada en el siglo XVIII a. C.

Diosa de las serpientes minoica, o sacerdotisa, procedente de Cnosos (Creta) y datada en el siglo XVIII a. C. La figura, realizada en fayenza, pertenece a las primeras representaciones de una silueta femenina estructurada en la historia de la indumentaria. CM Dixon/Print Collector/Getty Images

Isabel II de España, salvada por el corsé

Cuando la dirigía el ocho de febrero de 1852 a la Basílica de Atocha para presentarle a la Virgen a su hija recién nacida, Isabel de Borbón y Borbón, le atravesó el costado un estilete de Albacete de la mano del cura Martín Merino.

No es un día cualquiera - El corsé de la reina Isabel II

Las ballenas de la prenda desviaron la trayectoria del cuchillo y salvaron la vida a la monarca, además de arreglarle la vida a la dueña del establecimiento 'Las dos palabras', una fábrica de fajas madrileña que había resultado premiada por incluir un sistema especial de reducción del volumen del vientre. La auténtica predecesora de la faja turbo.

Corsé original de Isabel II atravesado por un estilete en 1852

Isabel I de Inglaterra

Bloody Mary o Gloriana utilizaba stays con tanta convicción que mandó fabricar uno con el que quería que la enterraran. Su objetivo no era el de la seducción por medio del alzamiento del pecho, sino conseguir que este fuera completamente plano y que su espalda y cuello estuvieran erguidos.

Retrato de Isabel I de Inglaterra, realizado por Johannes Corvus en 1575.

Retrato de Isabel I de Inglaterra, realizado por Johannes Corvus en 1575. La reina aparece con la silueta rígidamente estructurada característica de la moda cortesana isabelina, marcada por el corsé y las prendas interiores que definían la forma del torso. Getty Images

Arquitectura política con la que conseguía proyectar autoridad, así como hacer frente a la Armada Invencible de Felipe II, a su prima católica María Estuardo (reina de Escocia) y a numerosas sublevaciones internas.

Corsé de Isabel I de Inglaterra que se conservó en su efigie funeraria de la Abadía de Westminster. Data de 1603, es una de las pocas prendas interiores estructuradas que se conservan de la época de los Tudor y los Estuardo.

Jorge IV, rey del Reino Unido y de Hannover

Jorge IV (1762-1830), que entre regencia y reinado sumó en el trono inglés casi 20 años, llegó a pesar 111 kilos. Usaba el corsé, hecho para una cintura de 127 cm, para comprimir su abdomen y disimular la barriga.

Retrato de Jorge IV de Inglaterra, Thomas Lawrence (1816)

Retrato de Jorge IV de Inglaterra, Thomas Lawrence (1816)

La gota, porfiria y arteriosclerosis, combinadas con su peso, le complicaron el mandato. Destacan la victoria británica en las guerras napoleónicas y su mecenazgo a escritores como Lord Byron o Jane Austen.

Contemporáneo a este rey es el dandismo, un movimiento de elegancia y rebeldía masculina con el que George Brummell influyó en grandes como Oscar Wilde en el culto a la belleza. Como dato curioso, el autor dublinés rechazaba el uso de los corsés del diseñador Charles Frederick Worth, alegando que "cortaban la belleza natural".

Vestido de corte imperial ruso diseñado por Charles Frederick Worth hacia 1888. El cuerpo, rígidamente estructurado y ceñido a la cintura, muestra cómo el corsé constituía la base de la silueta de gala de finales del siglo XIX.

Vestido de corte imperial ruso diseñado por Charles Frederick Worth hacia 1888. El cuerpo, rígidamente estructurado y ceñido a la cintura, muestra cómo el corsé constituía la base de la silueta de gala de finales del siglo XIX.

Madonna y Jean Paul Gaultier

El corsé cónico de satén rosa que Madonna llevó durante el Blond Ambition Tour en los noventa es un hito del diseño y de la historia de la moda, que conjugó una simbiosis artística entre la cantante y Jean Paul Gaultier.

Madonna, durante su actuación en el Estadi Olímpic de Barcelona el 1 de agosto de 1990, con el icónico corsé rosa satinado de Jean Paul Gaultier, una de las piezas más reconocibles de su gira Blond Ambition Tour.

Madonna, durante su actuación en el Estadi Olímpic de Barcelona el 1 de agosto de 1990, con el icónico corsé rosa satinado de Jean Paul Gaultier, una de las piezas más reconocibles de su gira Blond Ambition Tour. EFE/Carlos Montañés/am

Fue un gesto de empoderamiento femenino que sentó precedentes para que Madonna se convirtiera en icono de la cultura pop. El diseñador ha confesado años después que el corsé lo diseñó originalmente para su peluche porque sus padres no le compraban muñecas para jugar.

Como entre reinas se entienden, Rosalía usa un sujetador similar en los shows de Lux Tour, la gira de su álbum estrenado en noviembre de 2025.

Rosalía en su primer concierto del Lux Tour en Lyon, con un sujetador rosa satinado

Rosalía en su primer concierto del Lux Tour en Lyon, con un sujetador rosa satinado EFE

Kidman, Knightley y Stone

Nicole Kidman en Moulin Rouge (2001), Keira Knightley en Piratas del Caribe. La maldición de la perla negra (2003) y Emma Stone en La Favorita (2018), las tres tienen en común que han interpretado a personajes mundialmente conocidos por sus corsés.

Al tratarse de películas de bastante duración y ser ellas las protagonistas, tuvieron que llevar la prenda durante largas sesiones de rodaje, en las que dicen haber sufrido agobio y en ocasiones aplastamiento de órganos.

Emma Stone como Abigail Masham en La favorita (2018), dirigida por Yorgos Lanthimos. El vestuario, diseñado por Sandy Powell, recupera las siluetas estructuradas del siglo XVIII mediante corsés, tejidos rígidos y volúmenes exagerados.

Emma Stone como Abigail Masham en La favorita (2018), dirigida por Yorgos Lanthimos. El vestuario, diseñado por Sandy Powell, recupera las siluetas estructuradas del siglo XVIII mediante corsés, tejidos rígidos y volúmenes exagerados.

La actriz australiana llegó a fracturarse una costilla mientras se lo ponía y Emma Stone inhalaba mentol para tener mayor sensación de amplitud al respirar.

Nicole Kidman interpretando a Satine en Moulin Rouge

Nicole Kidman interpretando a Satine en Moulin Rouge

Sin embargo, el corsé no merece la fama de pieza destructora que arrastra. Millones de personas lo han llevado en sus distintas versiones a lo largo de la historia y han salido ilesas, siempre que se haya utilizado de forma responsable. Más que una prenda condenada, el corsé ha demostrado ser un superviviente: se ha reinventado, ha cambiado de significado y ha pasado de símbolo de opresión a herramienta de expresión.

«Plastic Body», bustier (variación del corsé), diseñado por Issey Miyake en 1980 y expuesto en el Victoria and Albert Museum. Realizado en fibra de vidrio y resina de poliéster.

«Plastic Body», bustier (variación del corsé), diseñado por Issey Miyake en 1980 y expuesto en el Victoria and Albert Museum. Realizado en fibra de vidrio y resina de poliéster.

Hoy sus reinterpretaciones llenan las tiendas y las pasarelas, adaptándose a nuevos cuerpos, estilos y formas de entender la moda. Porque quizá el verdadero poder del corsé nunca estuvo en cambiar el cuerpo, sino en demostrar que la moda también puede cambiar con nosotros. Mientras sigan existiendo diseñadores dispuestos a desafiar sus límites, el corsé seguirá apretando fuerte, pero esta vez para hacerse un hueco (aún más grande) en el presente y en el futuro.

*Aroa Arroyo García es alumna de Doble Grado en Periodismo e Historia en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Sara Gómez Armas, jefa de Internacional de RTVE Digital, ha supervisado la elaboración completa de este texto.