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Solución contra la obesidad o moda pasajera: el dilema de los medicamentos para adelgazar

  • En 2025 se vendieron más de cinco millones de unidades de estos fármacos, un 85 % más que el año anterior
  • “España tiene un grave problema de gordofobia”, dice Tania Llasera, a quien le han ofrecido pincharse gratis esta medicación para perder peso
  • En Portada emite La dieta del pinchazo el jueves a las 23:20 en La 2

Reportaje Reportaje

El dilema de los medicamentos para adelgazar, revisado por En Portada
Cajas del fármaco Ozempic EFE/EPA/ALLISON DINNER
Isabel Terán Terán (@Iteranes)
Isabel Terán Terán (@Iteranes)

Los medicamentos para adelgazar se han convertido en uno de los fenómenos sanitarios y sociales más comentados del momento. Son los medicamentos más virales de la historia. Solo en 2025 se vendieron en España más de cinco millones de unidades de estos tratamientos, un 85% más que el año anterior. Su presencia en redes sociales, medios de comunicación y conversaciones cotidianas han disparado el interés por unos fármacos que prometen ayudar a perder peso y controlar el apetito.

Marcas comerciales como Ozempic, Wegovy, Rybelsus, Saxenda o Mounjaro son ya ampliamente conocidas por la población. También empiezan a sonar sus principios activos, como la semaglutida o la tirzepatida. Algunos especialistas hablan incluso de una revolución médica comparable a la llegada de los tratamientos contra el colesterol o la hipertensión.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera la obesidad una enfermedad crónica y uno de los principales problemas de salud pública del siglo XXI. En España, afecta aproximadamente al 15% de la población adulta y cerca del 40% presenta sobrepeso. Entre los menores, las cifras también preocupan: alrededor de un 7% de los niños tiene obesidad y un 15% sobrepeso.

Del veneno de un lagarto a los medicamentos más populares

El monstruo de Gila (heloderma suspectum) es un lagarto venenoso del sur de México

Como muchas veces en la historia de la ciencia, fue una casualidad la que dio con la clave de estos “nuevos medicamentos”. Hace años, en un zoo de Estados Unidos, un lagarto conocido como el monstruo de Gila mordió a su cuidador, un hombre con diabetes tipo 2 y obesidad. La mordedura le provocó una hipoglucemia, a pesar de que se administraba insulina. Nadie le dio mucha importancia hasta que el suceso se repitió y, entonces, alguien pensó que tal vez había algo en la saliva del lagarto que provocaba ese efecto.

Así se localizó una sustancia similar a la hormona GLP-1 que tenemos los humanos, y que ayuda a regular el nivel de azúcar en sangre y a controlar el apetito. Tras años de investigación, la industria farmacéutica consiguió sintetizar la semaglutida, que lleva casi 20 años utilizándose en el tratamiento de la diabetes tipo 2. La investigación no ha parado y ahora mismo hay varias sustancias que se están recetando para tratar la obesidad y el sobrepeso. Lo cuenta Andreea Ciudin, endocrina y responsable de la Unidad de Tratamiento Integral de la Obesidad del Hospital Universitario Vall d’Hebron de Barcelona.

Cómo funcionan estos tratamientos

“La obesidad no es una cuestión de kilos, sino del funcionamiento del organismo”, puntualiza la doctora Ciudin. Estamos hablando de una enfermedad multifactorial —así la ha reconocido la Organización Mundial de la Salud—que afecta al 15 % de la población adulta española, mientras que casi el 40 % tiene sobrepeso. Los datos en menores hablan de un 7% de niños con obesidad y un 15% con sobrepeso.

“No es un problema de báscula”, nos dice esta especialista. De hecho, afirma que la vieja receta de “menos plato y más zapato” se ha demostrado errónea. A los especialistas les gusta hablar de “obesidades”, porque cada caso es diferente. No en vano influyen factores biológicos, genéticos y medioambientales. Hay quien dice que es una enfermedad donde afecta más el código postal que el código genético.

En este tipo de unidades se aborda el problema de una manera global. “Cuando alguien llega a la consulta le pesamos, claro, pero eso es solo una cifra. Hay que mirar más abajo en el informe y ver cuánto de ese peso es músculo y cuánto es grasa”. Hay que estudiar a fondo el tejido adiposo y, sobre todo, el metabolismo.

Magia o ciencia: cómo funcionan y qué efectos producen

Las personas con obesidad suelen presentar una disfunción en el apetito y en el metabolismo. Son personas que, a veces, le dicen a la doctora: “No como para estar así”. Pero nadie les cree hasta que se les estudia y se ve que tienen un metabolismo lento, que apenas gastan calorías en reposo o que no se sacian y siguen comiendo porque nunca tienen suficiente.

Ahí es donde actúan estos medicamentos, capaces de imitar una hormona natural, el GLP-1, que se produce de forma natural en un cuerpo sano. El GLP-1 le dice al hipotálamo: “Ya has comido suficiente”.

Estos fármacos prolongan esa sensación de saciedad, además de mantener la comida más tiempo en el tránsito digestivo. Esa es la ciencia y también la “magia”: los pacientes tienen menos hambre y, por lo tanto, comen menos.

Historias de éxito… y límites

Judit llegó a pesar 138 kilos sin ser plenamente consciente de la gravedad de su situación. “Siempre me decían que tenía que perder peso, pero llegó un momento en que sola no podía”, cuenta. Su caso revela una realidad frecuente: personas que, pese a cuidarse, no logran perder peso por alteraciones metabólicas.

Judit Càrtex: "mi metabolismo no funciona bien"

En la unidad de obesidad del Vall d’Hebron le dieron a elegir entre reducción de estómago o tratamiento químico. Escogió Mounjaro y ha perdido más de 50 kilos, pero también cuenta que ha cambiado sus hábitos de vida: hace ejercicio adecuado a su edad y sigue un plan nutricional que, reconoce, será para toda la vida. “He ganado salud y felicidad”.

El doctor Cristóbal Morales, endocrino a cargo de la Unidad de Obesidad del Hospital Vithas de Sevilla, recibe en su consulta a Javier para una revisión rutinaria. Tratado con Ozempic, ha perdido 32 kilos y ha mejorado todas sus constantes vitales. “He instaurado hábitos saludables en mi vida”, dice. “He aprendido a hacer deporte y a que me guste, he aprendido a comer y he mejorado psicológicamente”. El medicamento reduce, nos explica, el apetito físico, pero también el mental: “Dejé de pensar constantemente en la comida”.

“El fármaco no es la solución final”, dice el doctor Morales, “es el inicio de una nueva vida. No es para todo el mundo, no se puede echar GLP-1 en el agua”, afirma rotundo. En su opinión, estos fármacos nos “vacunan” contra la vida moderna. Pueden ser una herramienta útil para luchar contra una sociedad obesogénica, donde todo incita a la comida, donde los ultraprocesados están al alcance de cualquiera y donde se juzga y culpabiliza a las personas con exceso de peso.

Siempre con receta, pero no financiados

Ricardo, taxista, ha perdido casi 30 kilos tras año y medio de tratamiento. “Antes no perdonaba una comida; ahora, si no tengo hambre, no ceno”, explica. Se lo recetó su endocrino antes de ser operado de una hernia umbilical.

El tratamiento le va bien, pero se queja de que no ha tenido mucho seguimiento. Está gestionándolo un poco según su propio criterio. Se pincha una vez a la semana, pero no sabe durante cuánto tiempo tendrá que usarlo o si tendrá que cambiar la dosis.

Ricardo Corredor , ha perdido 28 kilos después de año y medio de tratamiento

De momento le compensa el esfuerzo económico, porque los fármacos funcionan, pero son caros. Los tratamientos oscilan entre 120 y más de 400 euros mensuales y, en España, de momento no están financiados para la obesidad, solo para la diabetes. La Organización Mundial de la Salud ha recomendado que sean accesibles para evitar una brecha de desigualdad, porque no todas las personas que los necesitan pueden pagarlos.

Es el caso de Laura, de 28 años, madre de tres hijos y con una reducción de estómago en su historial médico. Solo pudo costearse la medicación durante cuatro meses. “Costaba 180 euros al mes. Tenía que elegir entre la medicación o mis hijos”, nos confiesa. Le gustaría volver a tomarla porque le fue muy bien: le calmaba la ansiedad que le provoca una obesidad que arrastra desde niña. Los servicios sociales están intentando ayudarla.

Laura Hernández necesita la medicación pero no la puede pagar

Su caso plantea un dilema ético a la doctora Ciudin. Se sabe que la obesidad afecta más a poblaciones vulnerables y con menos recursos, precisamente quienes menos pueden acceder a estos medicamentos. “Se está generando una desigualdad sanitaria importante”, alertan los expertos. “Quien puede pagar se trata; quien no, no”.

Riesgos y efectos secundarios

Aunque eficaces, estos fármacos no están exentos de riesgos. Entre un 15 % y un 20 % de los pacientes experimenta náuseas, problemas digestivos u otros efectos adversos, especialmente al inicio del tratamiento. Por eso los especialistas recomiendan aumentar la dosis progresivamente y hacerlo siempre bajo supervisión médica. La obesidad es una enfermedad crónica y requiere un tratamiento a largo plazo.

Lo sabe bien Blanca, que lleva toda la vida luchando contra su obesidad. “Siempre he sido gorda”, confiesa, “y he hecho todas las dietas posibles para tratar de estar más delgada”. Se hizo incluso una reducción de estómago que funcionó durante un tiempo.

Ahora lleva tres años utilizando medicamentos para adelgazar. Empezó con Ozempic, pero ha probado varias fórmulas del mercado. Con 44 kilos menos, sigue en tratamiento y asume que será un proceso largo: “No quiero adelgazar rápido; sé que esto es para muchos años”.

Blanca Mejías tenía obesidad mórbida y ahora tiene sobrepeso

La presión estética y la gordofobia

El auge de estos tratamientos ha abierto además un debate social sobre la imagen corporal y la presión estética.

A Tania Llasera le han ofrecido la medicación gratis

A la preocupación por el precio se suma, para la comunidad médica, la popularización de estos medicamentos con fines estéticos. “No son para una ‘operación bikini’”, advierten desde las consultas especializadas. “Son tratamientos para una enfermedad crónica como es la obesidad”. Sin embargo, también se sabe que en muchas consultas y clínicas estéticas se están recetando.

La comunicadora Tania Llasera ha contado cómo un médico que le estaba realizando un tratamiento de belleza le dijo: “Te pincho gratis y así toda tu comunidad puede comprobar lo bueno que es”. Ella dijo no, al tiempo que denuncia que “la salud no tiene una sola imagen". "Podemos estar en pesos diferentes y estar sanos”.

A las personas gordas se les presupone falta de voluntad. Incluso, dice, se las considera peores personas. Y todo porque “España tiene un problema de gordofobia”. “Se sigue culpabilizando al individuo cuando hay factores biológicos y sociales detrás de una epidemia como la obesidad”.

La presión estética que sufren, sobre todo, las mujeres es brutal. “Hemos vuelto a la extrema delgadez”, dice la comunicadora, y recuerda cómo figuras públicas como la tenista Serena Williams hacen publicidad de esta medicación en anuncios que ven millones de personas en el mundo, como el emitido durante la Super Bowl.

Muchos especialistas coinciden en que todavía existe una visión simplista de la obesidad, centrada únicamente en la falta de voluntad, cuando en realidad intervienen numerosos factores biológicos y sociales.

La preocupación de parte de la comunidad médica aumenta al comprobar cómo estos medicamentos empiezan a utilizarse en algunos casos como herramientas para adelgazar rápidamente o cumplir determinados cánones estéticos.

“No son tratamientos para una operación bikini”, recuerdan los endocrinos. “Son medicamentos destinados a tratar una enfermedad crónica”.

Una herramienta útil, pero no una solución definitiva

La llegada de los agonistas del GLP-1 ha cambiado el tratamiento de la obesidad y ha abierto nuevas posibilidades para millones de personas. Sin embargo, los especialistas insisten en que no existe una solución milagrosa. La obesidad sigue siendo una enfermedad compleja que requiere un abordaje integral y a largo plazo.

Los nuevos medicamentos representan una herramienta médica importante, pero el debate sobre su precio, acceso, uso estético y efectos a largo plazo continúa creciendo.

Mientras tanto, el interés social por estos tratamientos no deja de aumentar y todo apunta a que seguirán ocupando un lugar central en el debate sanitario durante los próximos años.