Ceuta: hastío e indignación un mes después de la entrada masiva de migrantes
- Alrededor de 5.000 de las 72.000 personas que entraron de forma irregular continúan en la ciudad
- Los vecinos navegan entre el cansancio, la incertidumbre y la exigencia de soluciones
Hace un mes, los ceutíes asistían atónitos al que sin duda es ya el capítulo más traumático de su historia reciente. Imágenes que ya son históricas: miles de personas, prácticamente la misma población que compone la ciudad autónoma, llegando a nado hasta sus costas desde Marruecos. "Al principio pensábamos que esto era una broma, pero con el paso de los días nos hemos dado cuenta de que esto es una pesadilla", cuenta una de las vecinas que vivió de cerca la entrada de esos más de 70.000 migrantes, de los que se calcula aún quedan 5.000 en la ciudad autónoma.
El 30 y 31 de julio -y en menor medida las jornadas anteriores-, solo el infortunio del mar ejerció de resistencia para la multitud de personas que se lanzaron en su objetivo de alcanzar suelo español: se estima que más de 140 murieron a ambos lados de la frontera. Casi 90 en territorio español, que han recibido sepultura en el cementerio musulmán de Ceuta ante la negativa marroquí a admitirlos.
Cuatro semanas después, se desconocen los responsables de la crisis, que España desvincula del Gobierno marroquí y atribuye a bulos difundidos por foros de migrantes o redes de traficantes de personas que se extendieron por Marruecos y otros países africanos a raíz de una sentencia del Tribunal Supremo de finales de junio que establecía que no se puede devolver de manera inmediata -en caliente- a los migrantes que lleguen a España por mar. Una versión similar es la que ofrece el Ejecutivo del país alauita.
"Es una pesadilla vivida por todos: la gente de aquí de Ceuta e incluso ellos mismos (los migrantes). Ellos venían con una idea, y ahora se irán dando cuenta de que no es con la que venían. Pero ellos no se quieren ir de aquí y nosotros tampoco podemos vivir así en la situación que vivimos", explica a RTVE Noticias Gema Jaramillo, una ceutí que reside en la barriada de Juan XXIII.
"Les hemos tenido viviendo entre coche y coche, les ha hecho falta agua y se la hemos dado, pero llega un momento que ya no los puedes ayudar. No porque no quieras...", agrega.
Y es que en la ciudad de las cuatro culturas -cristiana, musulmana, hebrea e hindú-, con alrededor de 84.000 habitantes acostumbrados a la convivencia pacífica cultural y religiosa, la situación ha sobrepasado todos los límites. "Ha sido una avalancha. Ha sido, yo qué sé, una tragedia. Porque eso es una tragedia para estas personas. Mujeres, niños chicos... Una pena", opina Javier, un vecino que acostumbra a charlar con otros paisanos en una de las esquinas más céntricas de la ciudad. Aunque va más allá acerca de quienes no han regresado a Marruecos: "Están por todos los barrios, dando vueltas, robando y violando y eso no puede ser. Sánchez tiene que hacer algo".
"Prácticamente todos los que salieron del agua no conscientes estaban muertos"
Esos últimos días de julio, Julián Domínguez, jefe de Medicina Preventiva del Hospital Universitario de Ceuta, fue uno de los primeros en auxiliar a los migrantes llegados a la playa del Tarajal, justo en la frontera con Marruecos. "Es muy poquito el trocito que hay que nadar para pasar el espigón y la mayoría pasaban andando a través de las piedras. A razón de 60-100 por minuto. Después nos encontramos ya con personas que en el tropel de entrada habían sido empujadas hacia el fondo por parte de otros inmigrantes y salían ahogadas a la hora", relata.
"Prácticamente todos los que salieron del agua no conscientes estaban muertos, se habían ahogado ya", confiesa. Los principales problemas médicos que atendió fueron, además de los ahogamientos; traumatismos, heridas, contusiones, dislocaciones, luxaciones de hombro. "Y en las horas siguientes ya empezaron a aparecer personas que tenían descompensaciones diabéticas".
Uno de los que se echó esos días al mar fue Said -nombre ficticio-. "Vengo de la ciudad de Agadir... Lo que me hizo venir fue intentar buscar un futuro, construir una vida mejor, ayudar a mi familia", explica a RTVE Noticias. Lo encontramos sentado en las cercanías de la playa del Chorrillo. Allí no hay ahora campamentos, como sí ocurre en otras, pero es una a las que los migrantes suelen acudir para ducharse o pasar el rato.
Él es de Agadir, en el norte marroquí. Son cuatro hermanos y su madre es la que los saca adelante porque su padre está enfermo. Asegura que se encontraba trabajando en el Rincón, cerca de Tetuán, cuando se enteró de que miles de personas estaban cruzando a España, por lo que se desplazó a Castillejos -la ciudad marroquí más cercana a Ceuta- e hizo lo mismo. Cuenta que allí tenía empleo, pero que lo que ganaba no era suficiente para vivir cómodamente, solo para sobrevivir. No quiere que sus hijos vivan lo que él ha vivido durante su infancia y su juventud.
El marroquí Said en una calle de Ceuta este sábado 29 de agosto Rodrigo García
En los últimos días, los ceutíes han mostrado su malestar en las calles, clamando contra la gestión política de la crisis y exigiendo la vuelta a Marruecos de los migrantes. Said entiende su protesta, pero asevera que hay gente que ha venido "porque de verdad lo necesita", al tiempo que asume que hay una parte de las personas que han entrado "para crear problemas, para pelearse, para hacer vandalismo".
Colapso en los espacios de acogida y las calles
El Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) de Ceuta tiene una capacidad de 512 plazas, pero ya llevaba tiempo desbordado cuando se produjo la entrada masiva. Eso supuso que, tras recalar en la ciudad, miles de personas empezaran a instalarse y vagar en la intemperie.
Según los últimos datos del Gobierno, 3.800 de los 5.000 -entre ellos 1.500 menores- que aún permanecen en la ciudad ya se encuentran en los espacios de acogida temporal instalados posteriormente por el Ejecutivo. La previsión es que todos ellos puedan estar realojados dos o tres semanas tras la habilitación de nuevos espacios. Para acelerar los procesos, España ya ha solicitado a la Comisión Europea el apoyo de la Agencia Europea de Fronteras y Costas (Frontex) y de Europol en el triaje y posterior tramitación de los expedientes de devolución a Marruecos de los adultos.
Hasta que eso ocurra, diversos puntos de la ciudad, como las playas del Trampolín y Benítez, están sirviendo de particular campamento para muchos de los extranjeros, puntos calientes hasta donde están acudiendo algunas de las manifestaciones de los últimos días, en las que se han producido momentos de fuerte tensión por la exigencia de algunos de los participantes de que los migrantes sean enviados de vuelta a Marruecos.
"Somos muy pacíficos y siempre nos hemos llevado muy bien con las cuatro religiones. No somos racistas. El que sea racista es el que está hablando por la tele. Que venga a vivir aquí y que se meta en esa playa... a ver si sus hijos se pueden meter en esa playa", señala África, una mujer de 73 años a la que vemos tomando algo con sus amigas en una terraza.
Para tratar de enderezar la situación en medio de la crisis, el Gobierno central ha creado un mando único para centralizar la gestión de la frontera y coordinar la respuesta entre ministerios. Y ha aprobado junto a las comunidades autónomas -excepto Aragón, Castilla y León y Extremadura, gobernadas en coalición por PP y Vox- destinar 25 millones de euros a Ceuta para atender la emergencia de menores migrantes no acompañados, mientras se articula con las regiones el mecanismo para su reparto y derivación a la península.
El polvorín en el que se ha convertido Ceuta ha generado divisiones, como ha quedado patente en las protestas en las que la mayoría han manifestado su opinión pacíficamente mientras otros optaban por actitudes más violentas. Y Gema no duda en mostrar su tristeza. "Va a dejar racismo cuando aquí nunca ha existido. Porque aquí tanto los musulmanes como los cristianos nos hemos criado juntos". Insiste, con enfado, en que la llegada de "fachas" a la ciudad está enturbiando todo. Y denuncia abandono a la ciudad por parte del Gobierno.
"¿A quién no le hemos dado una comida? ¿Pero quién nos ayuda a nosotros? ¿Quién ayuda a la ciudad? ¿Quién ayuda al pueblo? Porque aquí nada más que nos ayudamos unos a otros. La Policía, los militares, son los primeros que están ahí para ayudarnos, pero ellos están cogidos de pies y manos. Ellos no pueden hacer nada más de lo que están haciendo", recalca.
A su lado está su amiga Nayua, española musulmana de origen marroquí, como tantos habitantes de la ciudad: "Cada uno lo está viviendo de una manera diferente... pero es una situación crítica. Pero tanto para nosotros, los que vivimos aquí, como para los inmigrantes que han entrado, porque son personas que han sido utilizadas. Y lo que quiero dejar claro es que no son solo marroquíes, que tenemos aquí 26 nacionalidades de subsaharianos, argelinos, tunecinos... Y de todas las edades. Hay mujeres, niñas, niños, personas adultas... Que no se piense en el resto de España que aquí solo hay gente de Marruecos", recalca.
Gemma Jaramillo y su amiga Nayua, vecinas de Ceuta, se dan un abrazo frente a la playa del Chorrillo de la ciudad RTVE
"Lo peor es que ya llevamos un mes y la gente está perdiendo la paciencia y están ocurriendo situaciones que no deberían ocurrir. Porque están saliendo a la caza de personas y que no se nos olvide que son humanos igual que nosotros. Que el que se tiene que encargar de la situación es el Gobierno, no el pueblo", añade.
Tanto Gema como Nayua se funden en un emotivo abrazo que simboliza a la perfección la histórica idiosincrasia ceutí, de convivencia y tolerancia. "¡No llores! De esta vamos a salir", le dice la una. "No hay derecho que nos quieran buscar los problemas que nos están buscando. No solamente con los inmigrantes, porque después de todo son personas y necesitan ayuda. Pero si no los podemos ayudar, por desgracia o por suerte porque no tenemos esas ayudas, el Gobierno tiene que buscar una solución", responde Gemma.
Expulsión de más de un centenar de migrantes
Según la Delegación del Gobierno, la criminalidad ha crecido un 5% en la ciudad autónoma en el último mes. Se han registrado 17 agresiones sexuales. La mayoría de las víctimas son menores migrantes. Se ha expulsado ya a más de 100 personas con autorización judicial, entre ellas 11 de los 12 detenidos por agredir a un grupo de militares. Interior dice que va reforzar la seguridad con 40 nuevos policías. En declaraciones a RTVE Noticias, desde el sindicato de Policía JUPOL denuncian las jornadas "completamente extenuantes, trabajando a veces en unas condiciones muy penosas, muy lamentables" en las que están los agentes.
Este mismo sábado, la Policía Nacional ha detenido a cuatro inmigrantes acusados de atacar, durante la madrugada, a un grupo de militares del Grupo de Regulares en Ceuta, un incidente en el que resultó herido un sargento del Ejército.
El dilema de los menores
Al cumplirse un mes del suceso, Amnistía Internacional ha mostrado su preocupación ante el "creciente clima de violencia y tensión en la calle" en Ceuta. Y ha pedido a las autoridades que protejan a todas las personas, incluyendo migrantes y refugiadas, y que garanticen que "el personal humanitario puede desarrollar su labor en condiciones de seguridad".
"Aunque AI conoce las dificultades a las que se enfrentan fuerzas de seguridad y fuerzas armadas en Ceuta, incluyendo el sufrir agresiones, la organización también ha recibido denuncias y testimonios creíbles de uso excesivo de la fuerza por parte de miembros de fuerzas de seguridad del Estado contra migrantes. También por parte de particulares, que en ocasiones acompañan sus agresiones y hostigamiento con insultos racistas", ha expresado la ONG, que califica de "especialmente grave" la quema de parte del campamento informal de migrantes en la playa Benítez, por la que no hay detenidos.
Igualmente rotunda se muestra Save the Children. La organización ve urgente identificar, registrar y acoger a todos los niños, niñas y adolescentes que todavía permanecen en situación de calle o sin acceso adecuado a alojamiento, alimentación, atención sanitaria e higiene. E insiste en que hay que acelerar los traslados a los sistemas de protección de otras comunidades autónomas para garantizar la acogida -un tema que está enredado en una enorme controversia política- y aliviar la presión que sufre Ceuta.
A dos de los menores no acompañados, de 15 años, los encontramos vagando por la calle, como tantos otros. Cuentan que reciben comida por parte de una ONG y están durmiendo en la calle, ya que pese a haber sido registrados aún no han sido trasladados a ninguno de los centros de acogida temporal abiertos en la ciudad. Llegaron tras nadar cinco horas un día antes de la entrada masiva y quieren quedarse en España. ¿Qué os dijeron vuestras familias cuando decidisteis marcharos?, les preguntamos. "Sus madres lo que hicieron fue hacer súplicas por ellos para que no les pasase nada", responde Nayua, cuya traducción nos ha ayudado comprender otra más de las tantas duras realidades que deja un mes que Ceuta nunca olvidará.