La cara disidente: los movimientos pacifistas dentro de Israel contra la ocupación en Palestina
- Los partidos abiertamente pacifistas representan aproximadamente un 10% de la cámara
- En octubre se esperan nuevas elecciones presidenciales y un cambio en la Kneset
Israel acudirá a las urnas a elegir un nuevo gobierno el 27 de octubre, después de que la administración de Benjamín Netanyahu haya completado su mandato, algo que no ocurría desde hace más de medio siglo. Cuatro años de gobierno que han estado marcados por la guerra en Gaza —expertos coinciden en calificarlo como genocidio— desde el ataque de Hamás en octubre de 2023. Una tragedia mundial que ha vuelto a poner bajo el foco mediático un conflicto que se remonta a muchas décadas atrás. Pese al supuesto alto el fuego que entró en vigor el pasado mes de octubre, el país hebreo ha matado a más de 1.200 palestinos, que se suman a los 73.000 que han sido asesinados desde el inicio del conflicto.
Desde que el mandatario asumió el cargo, se ha caracterizado por una oratoria dura contra los palestinos, negando la posibilidad de que exista en el futuro una nación palestina. Estos mensajes han logrado calar en la mayoría de la población, reafirmada en ese posicionamiento sionista que se ha intensificado desde el aumento de la violencia. Sin embargo, no todo Israel vive conforme a estos parámetros. El pasado 30 de abril, Tel Aviv acogió la Cumbre Popular por la Paz, que organizaba la coalición It's Time, formada por 80 organizaciones israelíes pacifistas. Los reportes indican que asistieron cerca de 5.000 personas. El objetivo de este acto consistía en "poner fin al conflicto árabe-israelí mediante un acuerdo político que garantice el derecho de ambos pueblos a la autodeterminación y a una vida segura".
Existe una minoría disidente dentro del país, consciente de las acciones del Ejército israelí en los territorios palestinos, que rechaza la violencia cometida y acepta la existencia de un estado para los palestinos.
El camino hasta el sionismo hegemónico
El sionismo surge en el siglo XIX con el objetivo de crear un Estado para el pueblo judío dentro de la región histórica de Palestina. Este pensamiento nace en respuesta a siglos de antisemitismo en la Europa oriental. En esencia, defendían el derecho del pueblo judío a la autodeterminación. Sin embargo, a medida que este término ha ido evolucionando, y tras la consecución en 1948 del Estado de Israel, el concepto "sionismo" se ha ramificado en diferentes lecturas de sus bases iniciales.
Mair Margalit, catedrático y, hasta hace dos años, concejal en Jerusalén del partido izquierdista Meretz, distingue que históricamente han existido tres vertientes diferentes dentro del sionismo: "Por un lado, durante el mandato de David Ben-Gurión, el primero en ocupar el cargo de primer ministro de Israel, surgió lo que Margalit denomina como "sionismo socialista". El mandatario fue uno de los pioneros en tratar de alcanzar una reconciliación entre árabes e israelíes.
Más adelante, el filósofo austrohúngaro Martin Buber marcó un sionismo humanista: "Ya en los años 20, Buber consideraba que sí, hacía falta un estado judío, pero estaba a favor de la existencia de un estado binacional. Una corriente sionista que era consciente de que un pueblo vivía en esas tierras".
Por último, existe una tercera vía en la línea del dirigente Vladímir Jabotinsky, el sionismo duro y revisionista. "Ese es el sionismo que representa el partido Likud de Netanyahu y su gobierno. Es el hegemónico en la sociedad israelí actual", explica Margalit.
La visión de los grupos de la Knéset
De los múltiples partidos y coaliciones que conforman el entramado del parlamento israelí (Knéset), tan solo hay tres formaciones políticas que defiendan abiertamente una postura defensora de la soberanía palestina y en contra de la ocupación israelí: el partido árabe de inspiración comunista Hadash, qué posee 5 escaños; el partido árabe islamista Ra'am, con cinco parlamentarios; y el partido denominado como Los Demócratas, compuesto por una coalición entre el antiguo Meretz y el partido Laborista, con cuatro asientos. Tres partidos, todos en la oposición al gobierno de Benjamin Netanyahu, representan 14 diputados de los 120 que componen la Kneset. Offer Cassif, diputado por Hadash, explica que también "hay diputados individuales" dentro del partido de Yair Lapid, líder de la oposición, que creen en la solución de "dos estados", pero que actúan como "miembros de partido".
Cassif fue encarcelado durante la Primera Intifada (1987-1993) cuando ejercía el servicio militar en las Fuerzas de Defensa de Israel, por declararse como "objetor de conciencia" y negarse a participar en la "invasión a los palestinos". Él aclara que la visión del Partido Comunista considera que "la solución más justa y más realista es la de los dos estados": "Creemos que el pueblo palestino vive bajo un sistema de apartheid y tiene el derecho de vivir en un Estado soberano y libre. Los miembros del Partido Comunista consideramos que los palestinos tienen derecho a resolver su situación de acuerdo a las resoluciones de la ONU".
La formación Los Demócratas —que aglutinó al antiguo laborismo, fuerza dominante en las primeras décadas del Estado de Israel, y el partido sionista, pacifista e izquierdista Meretz— es presidida por el militar retirado Yair Dolan. Llegó a ser jefe adjunto del Estado Mayor de las FDI, y durante su carrera política ha criticado duramente el duro comportamiento del Ejército con los palestinos. Ha condenado duramente la guerra en Gaza: "No puede ser que nosotros, el pueblo judío, que hemos sido objeto de persecución y actos de aniquilación a lo largo de toda nuestra historia, seamos quienes estemos tomando medidas simplemente inaceptables", declaró en mayo de 2025 en una entrevista en la cadena pública Kan. Golan es uno de los principales críticos del gobierno de Netanyahu.
Después de que la izquierda israelí cosechara su peor resultado electoral en 2022 —el laborismo logró el mínimo de cuatro escaños y Meretz desapareció del arco parlamentario—, las últimas encuestas pronostican una amplia subida de los demócratas en el próximo proceso electoral hasta los 10 escaños. Unas cifras que aún están lejos de los 49 que llegó a aglutinar el Partido Laborista en los años 60.
El resto de la Knéset, por lo tanto, se compone por los grupos que conforman el gobierno de coalición, que aglomeran 67 de los 120 asientos que conforman la cámara. Esta coalición la forman 6 partidos, entre ellos, el Likud liderado por Benjamín Netanyahu, que ha estado en el gobierno en 26 años de los últimos 35 y que ha adoptado una postura agresiva respecto al conflicto árabe palestino, incrementada en las últimas legislaturas. Desde 2022, año en el que fue constituido el actual gobierno israelí, han aumentado en un 78% el número total de asentamientos de colonos israelíes en Cisjordania aprobados.
Su plan respecto a los territorios en discordia es claro. Formar el Gran Israel, un territorio expandido por todo Oriente y que, interpretando geográficamente el Israel bíblico, abarca Gaza y Cisjordania, Egipto, Jordania, Siria , Líbano, Irak y partes de Arabia Saudí.
Pero el Likud no está solo. Junto a él, otros 5 partidos completan la coalición gubernamental. Las facciones ultraderechistas Otzma Yehudit (Poder Judío), Partido Sionista Religioso; y dos grupos ultraortodoxos: el partido sefardí Shas y el asquenazí, Judaísmo Unido de la Torá (UTJ), que juntos suman 18 escaños.
Al inicio de la legislatura, Netanyahu obtuvo el apoyo de los ultraortodoxos otorgándoles una exención del servicio militar obligatorio a aquellos jaredíes que dedican su vida al estudio de la Torá. Sin embargo, en junio de 2024 el gobierno eliminó esta exención, lo que provocó las protestas de miles de estos grupos.
Manifestantes judíos ultraortodoxos portan pancartas mientras bloquean la principal vía del tranvía ligero durante su protesta contra el reclutamiento militar en Jerusalén. Abir Sultan / EPA / EFE
Bajo el marco estrictamente teológico, los ultraortodoxos son definidos como antisionistas debido que consideran que el Estado de Israel no debe establecerse antes de la llegada del mesías. Sin embargo, en la práctica, solo una pequeña minoría de la comunidad haderí no reconoce la legitimidad del Estado de Israel y coopera con los ciudadanos palestinos: "Actualmente, la mayoría de su población se ha integrado políticamente al Estado. Lo único que quieren es que sus jóvenes no sean reclutados para el ejército, pero apoyan todas las aventuras militares", manifiesta Yoav Haifawi.
La otra porción de la Knéset la completan los partidos sionistas de la oposición, liderados por el partido Yesh Atid, el segundo con más asientos en la cámara, con 23 escaños. Su presidente, Yair Lapid, explica que el grupo busca representar a los israelíes laicos de clase media y terminar con los pactos con los ortodoxos. Respecto al conflicto árabe, Lapid defiende una posición más moderada que el Likud, aunque no pretende ceder a los palestinos las tierras de Cisjordania colonizadas por Israel. El pasado mes de septiembre, cuando Reino Unido, Australia y Canadá reconocieron el Estado de Palestina, Lapid convirtió este acontecimiento a un fracaso gubernamental por parte de Netanyahu: "El reconocimiento es un desastre diplomático, un paso dañino que recompensa el terrorismo", afirmó.
La evolución del pensamiento de la sociedad israelí respecto a la ocupación
Margarit estima que aproximadamente el 15% del país se muestra en contra de las políticas gubernamentales de Cisjordania. Establecer el número real de disidentes en el país es complejo debido al dinamismo y a la evolución a lo largo de los años desde que iniciase el conflicto árabe-israelí. Tras los Acuerdos de Oslo de 1993, que establecían la creación de la Autoridad Nacional Palestina que administrase la Franja de Gaza y Cisjordania, Cassif expone que la población israelí se mostraba generalmente muy reacia a la confianza en los palestinos. Sin embargo, a medida que pasaron los años, esta desconfianza fue desvaneciéndose: "La mayoría de las personas no pensaban demasiado en ello. Antes del 7 de octubre de 2023, quizás la mitad de la población israelí no estaba a favor de la ocupación", narra Cassif. "No pensaban demasiado en ello, porque uno empieza a pensar en un problema cuando sabe que existe. Y normalmente eso ocurre cuando hay violencia".
Sin embargo, llegó el 7 de octubre, con el ataque de Hamás en el sur de Israel, donde murieron unas 1.200 personas, en su mayoría civiles, y se llevaron a otras 251 a Gaza como rehenes. Tras esto, se volvió a producir un vuelco en el pensamiento de la población a favor de la ocupación: "Muchas personas que estaban en contra del apartheid y la limpieza étnica cambiaron de postura y dejaron de interesarse por el futuro de los palestinos".
Yoav Haiwafi, activista antisionista en la ciudad de Haifa, considera que, después del 7 de octubre, "los sionistas entendieron que no podían simplemente esconder el problema palestino 'debajo de la alfombra', como habían hecho hasta entonces".
3 años después del atentado, Cassif nota que la población poco a poco se ha relajado, que cada vez hay "más información y más documentos sobre las acciones militares en Cisjordania", y que poco a poco el sector pacifista vuelve a ampliarse, aunque siga siendo minoritario.
En julio de 2025, el Instituto para la Democracia de Israel (IDI) señala en una encuesta que el 67% no estaban "preocupados en absoluto" por los informes sobre hambruna y sufrimiento entre la población palestina, mientras que un 31% sí aseguraba estarlo; ahora, esta misma institución. Además, esta misma institución publicó cómo el apoyo de la población israelí a la solución de los "dos Estados" ha descendido a lo largo de los años. Su mayor porcentaje de apoyo llegó en 2007, con un 70% de los ciudadanos en favor de esta medida. En 2018, más del 50% se mostraba reacio a la existencia de un Estado Palestino. Tras el inicio del conflicto en Gaza, esta cifra cayó a menos del 40%.
Los movimientos pacifistas
Tras octubre del 23, la cuerpos y fuerzas de seguridad israelíes prohibieron las protestas públicas contra la guerra en Gaza. Según relatan los activistas, era prácticamente imposible conseguir un permiso para manifestarse. Offer narra que en muchos "estudiantes y trabajadores fueron arrestados por la policía por protestar contra el genocidio en Gaza".
Adel Abu Saleh, abogada de la Derechos Civiles y Políticos, ha representado a más de 280 manifestantes de Haifa que han sido detenidos durante manifestaciones pacifistas. Según explica, entre sus clientes detenidos había tanto palestinos como judíos antisionistas. Nos cuenta que la primera manifestación después del atentado de Hamás y la invasión en Gaza tuvo lugar el 19 de octubre de 2023, un día después de un bombardeo que se produjo en el Hospital Bautista de Gaza: "Se celebraron dos manifestaciones: una en Haifa y otra en Umm al-Fahm. Ambas fueron disueltas por la policía y hubo numerosas detenciones".
Manifestantes sostienen pancartas durante una protesta contra las continuas violaciones cometidas por soldados israelíes, en Tel Aviv Jamal Awad - Getty Images
Un mes después, el 18 de noviembre, se produjo la primera gran protesta antiguerra en Tel-Aviv. De entra las organizaciones que han organizado estas manifestaciones, destaca Standing Together, un movimiento social judío-árabe israelí en contra de la ocupación y que lucha por la convivencia entre árabes e israelíes. A partir de diciembre, Standing Together reunió a miles de personas en sus manifestaciones de Tel Aviv y también organizó encuentros de menor envergadura en la ciudad de Haifa, donde vive Yoav, que explica que manifestaciones de esta localidad suelen albergar a 50 personas como mucho. "Hay muchas protestas en Israel en apoyo a los derechos palestinos, pero como mucho reúnen a cientos de personas en barrios judíos", explica Yoav.
Otra asociación importante dentro del Israel antisionista es Breaking the Silence (BTS), una organización no gubernamental (ONG) israelí establecida en 2004 por veteranos de las FDI. Su objetivo es brindar al personal israelí retirados y a los reservistas una vía por la que pueden relatar confidencialmente, con testimonios anónimos, sus experiencias en los territorios palestinos ocupados. La web de BTS publica colecciones de tales relatos para educar al público israelí. Una iniciativa que pretende "romper el silencio" que rodea a las actividades militares en Cisjordania dentro del país.
Represión
El inicio de la guerra llevó a los "antisionistas" a vivir en un entorno social y político hostil. "Durante los primeros meses después de la masacre, la situación era horrible. Yo y mis camaradas casi no podíamos hablar sobre la situación en Gaza", explica Offer, que llegó a estar suspendido del parlamento israelí por denunciar la ocupación.
Según narra Adel Abu Saleh, durante estos casi tres años defendiendo a manifestantes detenidos, ha presenciado cómo se ha producido un uso abusivo "e incluso ilegal" de las facultades otorgadas a la policía. En la mayoría de las detenciones, los tribunales ordenaban la puesta en libertad del cliente uno o días después: "Sin embargo, esas liberaciones casi siempre estaban sujetas a condiciones. Por ejemplo, se les prohibía entrar en Haifa o acceder al lugar concreto donde se había celebrado la manifestación".
En el Estado de Israel, explica, una manifestación requiere un permiso cuando ocurren tres condiciones: cuando participan más de cincuenta personas; cuando incluye una marcha o recorrido, en lugar de ser una concentración estática; y si contiene discursos sobre cuestiones políticas: "Si no se cumplen esas tres condiciones, la manifestación no necesita autorización", aclara Adel "Ahora bien, incluso cuando una manifestación no requiere permiso, un comandante de policía puede acudir al lugar, declararla ilegal y ordenar su disolución alegando que existe una conducta susceptible de alterar el orden público". Esta supuesta "conducta susceptible de alterar el orden público", provoca que una persona pueda ser detenida por sostener una pancarta o corear una consigna.
La policía israelí interviene contra los manifestantes mientras un grupo de israelíes se reúne para protestar contra el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y las políticas militares y políticas del actual gobierno, cerca del edificio del Ministerio de Defensa en Tel Aviv Mostafa Alkharouf/Anadolu/GETTY
Asimismo, Abu Saleh también señala una persecución en las redes sociales: "Hemos documentado más de 400 detenciones basadas únicamente en publicaciones realizadas por ciudadanos palestinos en sus perfiles".
Cassif considera que, además de la violencia policial contra los disidentes, otra consecuencia de esta represión es el temor que provoca entre los ciudadanos que, aunque "quieren asistir a manifestaciones, no van porque tienen miedo": "Y personas como yo, que somos conocidas públicamente, a veces no podemos caminar tranquilamente por la calle", concluye.
La situación de los habitantes palestinos en Israel
En Israel, cerca de un 21% de los habitantes son palestinos. Sobre el papel, son ciudadanos con pleno derecho, con posibilidad de votar y de entrar en el parlamento, aunque con matices: "Según la ley de la Knéset israelí, para poder presentarte a las elecciones debes declarar tu apoyo no solo al Estado de Israel, sino también a Israel como un Estado judío", explica Yoav Haiwafi. "Los partidos árabes que van a la Knéset tienen que aceptar de antemano que no van a cambiar el carácter del Estado basado en la supremacía judía".
Para Abu Saleh, teóricamente, los judíos y árabes son iguales ante la ley en el país, pero con un matiz importante: es importante mencionar la Ley Básica: Israel como Estado-Nación del Pueblo Judío, aprobada en 2018. Esa ley establece que Israel es el Estado-nación del pueblo judío y que el derecho a la autodeterminación nacional dentro del Estado de Israel pertenece exclusivamente al pueblo judío. En la práctica, sitúa a los ciudadanos judíos en una posición de superioridad y relega a los ciudadanos árabes a una posición inferior".
Esta discriminación social se vive de forma dispar según el territorio en el que se resida. Jerusalén y Tel Aviv son las dos ciudades más grandes del estado israelí, pero sus realidades sociales son significativamente diferentes. Margarit describe Tel Aviv como una ciudad más "cosmopolita y laica", más cercana a la cultura occidental y la más secular de todo el país. El Jerusalem Institute for Policy Research estima que, mientras que en Tel Aviv el número de personas consideradas como ateas o laicas asciende a más del 70% de los ciudadanos, en Jerusalén el número de no creyentes no alcanza el 25%.
"Si vivís en Tel Aviv, es mucho más fácil expresar tu disidencia respecto a Palestina, es más liberal en ese sentido", apunta Margarit. "Si vives en Jerusalén, en cambio, vas a pagar un precio alto. En el trabajo, te van a echar de alguna manera".
Margarit cree que el movimiento pacifista seguirá trabajando, aunque a "fuego lento", porque cada vez será "más difícil" llamar al fin de la guerra: "Ser pacifista es muy difícil. La gente está cansada, llevamos tres años luchando desde que comenzó el conflicto en Gaza y es complicado llamar a la gente a volver a manifestarse. Estamos agotados".