Mohamed VI celebra su 63 cumpleaños bajo la sombra de la crisis migratoria de Ceuta
- El monarca de Marruecos llegó al trono hace 27 años como 'el rey de los pobres'
- Las últimas semanas han estado marcadas por la entrada masiva en la frontera de El Tarajal
En Marruecos, el rey es uno de los tres pilares sagrados e inquebrantables que construyen la identidad nacional. Los otros son la Patria y Dios; y la figura del monarca es el nexo de unión entre ambos. Desde 1999 quien ostenta ese poder es Mohamed VI, que llegó con la promesa de un cambio generacional que pondría fin a los años de represión, pobreza y corrupción del reinado de su padre, Hasán II. Ahora, cumple 63 años en plena crisis migratoria en Ceuta, provocada por la llegada masiva de migrantes a las costas de la ciudad autónoma, muchos de ellos marroquíes que salieron en busca de las oportunidades que no ofrece su país.
A su llegada al trono el 23 de julio de 1999, la propaganda oficial lo apodó 'el rey de los pobres' y lo vendió como un rey que venía dispuesto a trabajar en materia de derechos humanos, democratización y modernización de la economía marroquí. Sin embargo, tras 27 años de reinado repletos de luces y sombras, para muchos la monarquía marroquí sigue siendo una institución millonaria que acapara toda la riqueza de un país precarizado y desigual, donde las regiones empobrecidas del este y sureste del territorio contrastan con las del eje atlántico industrial, mucho más desarrollado.
Este 21 de agosto, en su cumpleaños, Marruecos celebra la llamada Fiesta de la Juventud. Como ocurre en esta y otras fechas señaladas del país norteafricano, el rey ha concedido el indulto a 667 personas condenadas por distintos tribunales del país. Esta medida, conocida como gracia real, es bien conocida por los marroquíes y ha generado polémicas sonadas como la excarcelación en 2013 del pederasta español Daniel Galván, incluido por error en una de estas listas de indultados. Finalmente, fue detenido y encarcelado en España.
Más de 27 años en el trono
Mohamed VI comenzó su reinado entre promesas de apertura social y reformas, ahora estancadas. En sus primeros años, prestó atención a las mujeres marroquís, subrayando la necesidad de reformas en materia de divorcio y poligamia y aprobó un Código de Familia con avances que no han dado grandes pasos más allá cerca de tres décadas después.
En 2004, el monarca creó la llamada Instancia de Equidad y Reconciliación, que atendió e indemnizó más de 17.000 casos de violaciones de derechos humanos. En 2011, se enfrentó al descontento social de la llamada 'primavera árabe', con protestas que reclamaban avances democráticos y que fueron convocadas tras las elecciones legislativas de 2007, en las que la tasa de abstención superó el 60%.
Fue entonces cuando Mohamed VI anunció una revisión de la Constitución que fue presentada como un "nuevo capítulo de democracia" en la historia del país que, sin embargo, no aportó grandes cambios en lo que se refiere a la posición de liderazgo absoluto y omnipotente del monarca. El rey pasó de ser una persona "sagrada" a alguien "inviolable" en un territorio en el que criticar su figura está prohibido por ley y puede acarrear cuantiosas multas e incluso la cárcel.
El monarca celebró su 27 aniversario el pasado 30 de julio, el día clave de la entrada masiva de migrantes a Ceuta. En la frontera, un grupo de jóvenes que habló con RTVE Noticias relacionaba la celebración de la Fiesta del Trono con la laxitud del paso del Tarajal. "Muchos soldados no estaban trabajando por eso. Nos dejaron pasar", aseguraban. La convocatoria, sin embargo, se realizó a través de las redes sociales y resultó en más de 80.000 migrantes, la gran mayoría jóvenes marroquíes, agolpados en el paso fronterizo que separa Ceuta de Castillejos, buscando un futuro lejos de Marruecos.
En las redes sociales fue también donde brotó el germen de las protestas de 2025, impulsadas por la Generación Z (nacidos entre finales de los 90 y principios de la década del 2010). Bajo lemas como "No queremos Mundial, queremos sanidad", miles de jóvenes salieron a la calle exigiendo reformas en sanidad y educación, además de oportunidades de empleo y justicia social. El Estado, sin embargo, respondió con represión y sofocó las protestas a golpe de violencia y detenciones.
Dos años antes, en 2023, un terremoto en las montañas del Alto Atlas dejó casi 3.000 muertos y puso de manifiesto la precariedad de las aldeas afectadas. Allí, viviendas y edificios construidos con adobe se derrumbaron por completo y dejaron 300.000 personas afectadas por los daños, muchos irreparables.
La crisis migratoria en Ceuta
Entre los migrantes marroquíes que llegaron a Ceuta en los últimos días de julio se repetía una queja: "En Marruecos no hay trabajo". Muchos ven en Mohamed VI un rey ausente, que pasa grandes periodos fuera del país —a veces para tratamientos a causa de su debilitada salud— y que vive rodeado de riqueza sin solucionar los problemas de la ciudadanía. "Marruecos tiene mucho dinero, pero su gente no", se quejaba Mohamed, un hombre de Fez que llegó hasta la frontera acompañado de un amigo que murió a pocos metros de Ceuta.
A pocos metros de la valla que separa Marruecos de la ciudad autónoma, fallecieron cientos de personas. Según la ONG Caminando Fronteras fueron al menos 141, con 63 cadáveres recuperados en territorio marroquí y 78 en Ceuta. La causa de las muertes fue ahogamiento o aplastamiento, a raíz de la avalancha provocada en la costa por la entrada masiva del jueves 30 de julio.
"Vengo a buscarme la vida. Si quisiera robar, hay mucha gente rica en Marruecos", aseguraba desde Ceuta Muhad, un joven de 20 años que lamentaba que, pese a estar formado, no encontraba empleo en su país. Ese era el drama de muchos.
"Lo de Ceuta es una manifestación masiva contra un sistema socioeconómico extremadamente corrupto y un régimen elitista, autoritario y que desprecia al pueblo llano", resumió el historiador y profesor universitario Maati Monjib en declaraciones al periodista de RNE Francisco Carrión.
Las autoridades marroquís culpan de lo sucedido a las mafias y las redes sociales. El Ejecutivo español apoya esta versión y añade como detonante una interpretación errónea de una sentencia del Tribunal Supremo publicada a principios de julio, que prohibió las devoluciones en caliente de inmigrantes que lleguen a nado. Pero el episodio recordó al sucedido en 2021 en el llamado 'salto a la valla', vinculado a la hospitalización en España del líder del Frente Polisario, Brahim Gali, y a la grave crisis diplomática desatada entre España y Marruecos.
Juan Rodríguez Garat, almirante retirado y autor del libro Tambores de Guerra, lo explicaba así en declaraciones a la periodista de RTVE Inés P. Chávari: "La inmigración es un fenómeno natural, siempre espoleado por las regularizaciones, que dan esperanza a los migrantes y, en este caso, avivada también por la sentencia del Supremo. Pero las dimensiones solo se justifican porque, cuando le conviene, Marruecos presiona a España mirando para otro lado".
"La política española hacia este conflicto tiene una relevancia particular por ser la antigua potencia colonial y la responsable en gran medida de la situación de todas estas décadas", señala Fernández Molina. Este cambio de postura formal del Gobierno español "abrió la puerta a un poco a este efecto dominó [...] que llevó a actores influyentes de la comunidad internacional a moverse hacia posiciones cada vez más inequívocamente pro marroquíes", explica.
En mayo de 2021, el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, sorprendió al trasladar a Mohamed VI el respaldo a la propuesta de autonomía presentada por Marruecos en 2007 para el Sáhara Occidental. Fue un giro diplomático interpretado por algunos analistas como el fin de la neutralidad española con respecto al conflicto y como un alineamiento oficial con Rabat.
Este cambio de postura "abrió la puerta a un poco a este efecto dominó [...] que llevó a actores influyentes de la comunidad internacional a moverse hacia posiciones cada vez más inequívocamente pro marroquíes", explicó a este medio en 2025 la profesora de la Universidad de Exeter Irene Fernández Molina. Tras aquello, países como Francia o Reino Unido también reconocieron la soberanía marroquí sobre el territorio saharaui, que perdía cada vez más autonomía.
Un país que crece, pero que castiga a los jóvenes
Mohamed VI está licenciado en derecho, habla cinco idiomas y pasó parte del reinado de su padre en las sombras, sin que apenas trascendieran detalles de su vida privada. Heredó el trono a los 35 años y su llegada al poder estuvo acompañada de un enorme entusiasmo popular, sobre todo entre los más jóvenes, ahora los más castigados por la política de un país que, pese que no ha sabido traducir los buenos resultados económicos, de los que suele presumir, en mejores condiciones para su población.
El Banco Mundial alertó en mayo de que pese a que la economía marroquí crecía, el país no generaba empleo suficiente, por lo que recomendaba "reformas estructurales". Los más afectados, alertaba el organismo, son los jóvenes y mujeres de un territorio con más de dos tercios de la población ocupada sin contrato formal.
En un informe sobre la situación del país, el BM alertaba de que pese a que Marruecos "tiene muchas empresas", también genera "pocos empleos". El país, señala el texto, "cuenta con una población más educada, más conectada y con mayores expectativas de inclusión y movilidad económica" que "se enfrenta a una estructura económica que no ha evolucionado al mismo ritmo".