La tortilla de patatas pierde el pasaporte español y se convierte en ¿tortilla francesa?
- COAG denuncia que tres de cada cuatro patatas que entran en España vienen de Francia
- Los agricultores achaca la situación a "la falta de información sobre la procedencia de la patata"
"Si este verano pides tortilla de patata en un bar, tienes que saber que probablemente esté hecha con tubérculo francés", es la denuncia que ha lanzado la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG) coincidiendo con la temporada estival: el sector hostelero aprovecha el boom del turismo veraniego para maximizar sus márgenes de beneficio utilizando esta materia prima barata de segunda calidad.
Según COAG, los grandes operadores de suministro del canal HORECA (hoteles, restaurantes y cafeterías), están sustituyendo masivamente este verano la patata nueva española por patata vieja de conservación procedente de Francia y provoca "una situación crítica para el sector agrícola nacional durante la temporada turística, precisamente cuando más se consume".
"La patata nueva española recién recolectada en Murcia (Campo de Cartagena) y Andalucía, sobre todo Sevilla y Cádiz, que en junio debería tener su momento de máxima demanda se acumula sin salida en el campo por culpa de este fenómeno", denuncian en COAG.
Patata "de mala calidad" a "precio de derribo"
La Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos quiere dejar claro que esta situación no tiene que ver ni con el consumidor ni con el dueño del bar que "la mayoría de las veces ni se entera". Aseguran que son los almacenistas y grandes distribuidores quienes han encontrado una oportunidad de alta rentabilidad al adquirir los excedentes de patata francesa de la cosecha de 2025 a "precios de derribo", situados entre los 15 y 20 céntimos por kilo.
El efecto dominó provocado por estas importaciones baratas ha hundido la cotización en origen de la patata española, situándola en una horquilla de entre 25 y 30 céntimos por kilo. Un valor que se posiciona notablemente por debajo de los costes de producción reales, que se han elevado hasta los 35-40 céntimos por kilo debido al encarecimiento del 50% en el gasóleo agrícola y del 40% en los fertilizantes nitrogenados de los últimos meses como consecuencia de la guerra entre Irán y Estados Unidos.
"La patata posiblemente sea uno de los cultivos hortícolas más afectados por las subidas de precios de los productos fitosanitarios" asegura a RTVE Noticias Alberto Duque, responsable de patatas de COAG. Y pone un ejemplo: "La urea ha pasado de valer 500 euros la tonelada el año pasado por estas fechas, a costar ahora mismo más de 800 euros. Es un encarecimiento muy grande que a nosotros nos afecta pero que, al final, paga el consumidor", asegura.
Como consecuencia directa, los productores españoles asumen pérdidas netas de entre 100 y 150 euros por cada tonelada comercializada, según denuncia COAG.
Los agricultores denuncian una campaña de desinformación
"No hay que demonizar la patata vieja de Francia", asegura a RTVE Noticias Luis Marín, director de Asociafruit, una organización que representa a los productores y exportadores de frutas, verduras y hortalizas de Andalucía. Pero apostilla: "Es importante saber lo que se está comprando. Yo nunca usaría una patata vieja para freír porque se pone negra y se deshace porque tiene más almidón, se queda mustia y el sabor que tiene es más dulce"
El resultado va en contra del consumo de todo tipo de patatas, asegura Duque: "Si a la gente un tipo de patata le sale malo y no sabe por qué, deja de comprar el producto sin saber de dónde viene, a no ser que sea un experto".
"El problema no está en los supermercados, sino en las tiendas más pequeñas y los bares que se abastecen de los mercados centrales", cuenta el director de Asociafruit. Nos explica que las grandes superficies etiquetan perfectamente el tipo de patata que venden y su procedencia pero las pequeñas superficies y algunos bares y restaurantes sí compran la patata vieja de conservación por su precio sin saber muchas veces cuál es su procedencia.
"Nosotros no estamos en contra del libre mercado", asevera Alberto Duque, "estamos en contra de la picaresca de no decir de dónde vienen las patatas, ni cuándo se han recolectado, ni nada, así engañas el consumidor y desincentivas el cultivo de patatas". El responsable de patatas de COAG es claro: "Es tan fácil como poner en la etiqueta esta patata francesa está producida en el mes de octubre, esta española en mayo y esta de Egipto se recolectó en febrero. Vale, ahí tú sabes de qué fecha es cada producto, eliges lo que quieres e identificas cómo se comporta la patata cuando la cueces o la fríes por la procedencia".
Una situación que viene de lejos
Los agricultores denuncian que la patata francesa ha ido ganando terreno a la española durante la última década. De hecho, según los datos que maneja COAG, las importaciones de patata gala aumentaron un 33% en diez años, pasando de 708.000 toneladas en 2016 a 941.000 toneladas en 2025, último año completo del que se tienen registros.
"Esta situación ha generado un tapón en la producción de patata española que ya venimos arrastrando año tras año. Llevamos ya cinco años en los que hemos ido perdiendo superficie, lo que nuestros agricultores han ido perdiendo, lo han ido ganando los franceses", denuncia Alberto Duque de COAG.
De este modo, actualmente, el 73,7% de toda la patata importada en España tiene procedencia francesa, lo que equivale a casi tres de cada cuatro kilos del producto foráneo en circulación.
RTVE Noticias se ha puesto en contacto con FEDIS HORECA, la Federación Española de Empresas de Distribución a Hostelería y Restauración. Desde la organización aseguran que "investigarán lo que está sucediendo y que no tenían constancia de ello".
Las reclamaciones de los agricultores
Las asociaciones de agricultores reclaman que los distribuidores apuesten por la patata española mientras la producción española sea suficiente, que es garantice un etiquetado claro para que el consumidor sepa qué está comprando. Recuerdan en COAG que "el etiquetado claro y visible con el origen de la patata es una obligación con el consumidor". También piden al ministerio de Agricultura que actúe con urgencia y que refuerce los mecanismos de control del cumplimiento de la Ley de Cadena Alimentaria que garantiza que no se comercialicen productos con un precio inferior al de producción. Por último, reclaman campañas en favor de la patata española, para que no baje su consumo.
Cómo diferenciar la patata nueva española de la francesa de conservación
La primera diferencia se observa en la fecha de recolección. La patata española se coge del campo ahora, entre los meses de mayo, junio y julio. La procedencia se sitúa especialmente en las zonas de cultivo de Cartagena, en Murcia y en las provincias de Cádiz y Sevilla. Por su parte, la patata francesa es de la campaña anterior, para conservarse se almacena en cámaras frigoríficas.
La patata española es un tubérculo fresco, sin aditivos. La francesa contiene anti germinantes para que pueda durar en buen estado varios meses, de una campaña a la otra.
Con respecto a la huella de carbono, la patata española es un producto de proximidad, que apenas recorre 50 o 100 kilómetros para llegar de origen a destino. Los tubérculos franceses recorren hasta 2.000 kilómetros hasta llegar a los restaurantes donde se van a servir este verano.
El resultado culinario es lo más llamativo: la patata española es más dorada, crujiente por fuera y cremosa por dentro, la ideal para hacer una tortilla española. La francesa se oscurece al cocerla y se deshace al freír porque absorbe demasiado aceite.