Proyecto Wafira: de jornaleras en España a pequeñas emprendedoras en Marruecos
- 225 temporeras marroquíes se forman en Huelva para montar sus propios negocios al volver ahora a su país
- Cada año vienen 20.000 trabajadoras temporales de Marruecos con contrato en origen
Una mujer hace autostop en un cruce de carreteras a las afueras del pueblo onubense de Gibraleón. Se llama Samira. Mientras vuelve a la finca donde trabaja y donde vive, nos explica su vida con unas pocas palabras de español. Desde hace ocho años, Samira es migrante de temporada en España. En enero salió de su casa en un pueblo cerca de Marrakech, en Marruecos, para trabajar recogiendo fresas y arándanos en una finca entre Gibraleón y San Bartolomé de la Torre, en Huelva. Volverá a su hogar a finales de julio.
Tiene ganas, porque desde hace seis meses no ve a sus tres hijas y a su hijo, a los que, como cada año, tiene que dejar al cuidado de su marido y otros familiares mientras ella se gana el dinero que los mantendrá durante el año. Pasó miedo cuando esta zona se incendió en junio y la tuvieron que desalojar a ella y a sus compañeras.
Samira es una de las más de 25.000 personas de 17 países que trabajaron en Huelva en 2025 por medio de los programas de migración circular, es decir, con contratos en origen y retorno al acabar la cosecha. La mayoría lo forma el contingente de 20.000 mujeres marroquíes que, como ella, acuden durante seis o siete meses, de enero a julio, a las temporadas de la fresa, la frambuesa y el arándano.
Migración segura y digna
La migración circular, segura y con condiciones laborales dignas es el tema de una jornada que ha reunido el 25 de junio en el Foro Iberoamericano de La Rábida a autoridades de España, Marruecos, Mauritania, Cabo Verde, Túnez, Portugal, Francia, la Unión Europea (UE) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT), además de representantes de cooperativas y empresas agrícolas, y de sindicatos.
En el encuentro, la ministra española de Migraciones, Elma Saiz, y el ministro marroquí de Inclusión Económica, Younes Sekkouri, destacaron que el modelo legal español Gecco (Gestión Colectiva de Contrataciones en Origen, para temporadas agrícolas u hosteleras de hasta nueve meses) sirve de modelo para empresas de otros países europeos, como Francia, que quieren traer mano de obra extranjera para cubrir empleos estacionales.
El motivo central de la cita Governanza de la migración circular y reinserción socioeconómica: ¿qué papel para el sector privado? fue presentar como caso de éxito el proyecto Wafira, por el que 225 de esas 20.000 temporeras marroquíes se forman antes, durante y después de su estancia en la provincia, para que luego monten sus propios negocios al volver ahora a su país. El programa lo financia la UE y lo coordina la OIT.
Emprendedoras de 209 negocios
Wafira, que en árabe significa "abundancia", concluye su segunda edición con el objetivo de que estas mujeres pasen de ser jornaleras en España a pequeñas emprendedoras en Marruecos. En la primera edición ya lo consiguieron 209, dice a RTVE.es la directora en Huelva de Cooperativas Agro-Alimentarias de Andalucía, Natalia Aguilera Sobrino, que es la entidad que las forma en la fase de Huelva. "Wafira es un proyecto que parte de Gecco, que es la contratación en origen circular que llevamos haciendo en Huelva desde hace 25 años. El éxito es que ya se han montado 209 negocios, de un primer bloque Wafira, que se realizó hace tres y cuatro años", explica Aguilera. Ella espera que en la segunda edición consigan tantos negocios más como nuevas mujeres participantes, 225.
Las obreras agrícolas proceden sobre todo de zonas rurales de Marruecos, más pobres, y tienen familias a las que sustentar. ¿Qué tipo de pequeños negocios han creado o planean? Nahida Dahbani Ridaoui, que trabaja como mediadora y traductora con las temporeras en Huelva en el proyecto Wafira, pone como ejemplo que una de ellas abrió una carnicería, rompiendo el estereotipo de género que dice que cortar carne es algo "muy de hombres". "Nos enorgullece que una mujer emprenda en negocios. Partimos esas barreras de género", se felicita Ridaoui.
En Huelva, estas 20.000 temporeras marroquíes (de las que algo más del 1% participa en Wafira) representan el grueso, el 80%, de la llamada "migración circular", la de los extranjeros contratados en sus países de origen para trabajar en la provincia durante la campaña agrícola que termina en julio. "El balance es muy positivo. Nosotros creemos que la migración circular es el modelo a seguir", dice el gerente de la patronal fresera Freshuelva, Rafael Domínguez. Y detalla que el sistema Gecco se extiende, con contingentes mucho más pequeños, a otros países africanos, como Senegal y Mauritania (con un primer grupo de 50 personas este año, que aumentará con 100 más el próximo), e iberoamericanos, como Colombia, Ecuador, Honduras, Guatemala o Paraguay, el último en incorporarse.
Reducir la explotación
Los empleadores proporcionan alojamiento y atención a las temporeras marroquíes que vienen con contrato en origen. En cambio, hay otros cientos o miles de inmigrantes, hombres y mujeres, con o sin contrato, que trabajan en explotaciones freseras al margen de ese marco legal, y que tienen que vivir en chabolas construidas por ellos mismos junto a las fincas, en campamentos dispersos y semiocultos, como en Lucena del Puerto, Moguer o Lepe, debido a la falta de vivienda y a la discriminación en su acceso. El responsable de la Organización Internacional del Trabajo, Marc Cenarola, que coordina el proyecto Wafira desde Rabat, defiende que la salida a esa exclusión pasa por la migración regular organizada a través de autoridades, empresas y sindicatos.
La migración temporal de ida y vuelta, en concreto, "es un modelo que puede ser exportable a otros países" y "va a contribuir a disminuir la explotación laboral y la situación de violación de derechos humanos y de riesgos de todo lo que conlleva la inmigración irregular, en el marco del respeto de la dignidad humana", sostiene el experto español de la OIT.
Al despedirnos a la entrada de la finca donde vive y trabaja, Berries del Sur, Samira, la temporera marroquí, dice que ella ya no quiere ir y volver cada año y estar separada siete meses de sus hijos y su marido, sino obtener un contrato y un permiso de residencia permanentes, para traérselos con ella a España y echar raíces aquí todos juntos. La vía de la migración circular no permite esta reagrupación familiar. La alternativa para ella podría ser entrar en la próxima promoción del proyecto Wafira y crear un negocio en Marruecos para no depender más de la emigración de temporada. Pero si la vida no mejora, al menos sabe que el año que viene no le faltará trabajo en estos campos de Huelva.
Según convenio, son 62,39 euros al día, el salario mínimo en España. Cuatro veces más que al otro lado del Estrecho.