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El QR, más allá de la carta del bar: tintas dinámicas, pagos móviles y ciberseguridad

  • Nació en los años 90, pero tuvo una gran expansión durante la pandemia del COVID-19
  • Pese a su estructura sencilla, esta herramienta tiene un gran potencial tecnológico y de marketing
Las funcionalidades del QR más allá de la carta del bar
P. BAYÓN / A GOLPE DE BIT (REE)

Los vemos en los bares cada vez que consultamos la carta, en los aeropuertos al enseñar nuestro billete y ahora a la hora de pagar en algunos comercios a través del móvil. También en esta Casa, RTVE, para llegar desde la pantalla del televisor a un contenido web.

A modo de llave virtual, los QR —códigos de barras en 2D en una cuadrícula blanca y negra que permiten acceder a información cuando se escanean con un dispositivo— nos han abierto, en la vida cotidiana, un mundo de contenidos digitales cada vez más rico. Sin embargo, pocas veces nos preguntamos cómo ha llegado ahí, qué son esos 'puntitos' blancos y negros que lo forman o si son seguros.

Tampoco reparamos en que, con una estructura aparentemente sencilla, este elemento tiene mucha ciencia detrás y un gran potencial tecnológico. Desgranamos algunas de sus 'QRuriosidades':

Su parecido con un juego y la clave del éxito

Es posible que a muchos les sea difícil recordar cuándo fue la primera vez que vio un código QR. Pero tal vez no tanto situar su expansión: la pandemia de la COVID-19 en el año 2020 generalizó su uso en España en certificados de vacunación, restaurantes, teatros u otros establecimientos para evitar el contacto y la impresión en papel.

Lo cierto es que este ‘pequeño compañero’, ya es un treintañero: nació en 1994 de manos del ingeniero japonés Masahiro Hara, y lo desarrolló en Denso, la empresa del sector del automóvil para la que trabajaba. Su objetivo era encontrar un elemento que pudieran incorporar a cada componente y que se escaneara con mayor velocidad y efectividad que los códigos de barras tradicionales. De ahí su nombre “QR”, que en inglés se refiere a las iniciales de “Quick Response” (código de respuesta rápida). Su uso continuó y comenzó a popularizarse en todo el mundo a partir de los años 2000.

En cuanto al porqué de su curiosa estructura, lo ha explicado a RTVE el investigador y profesor de la Universitat Oberta de Catalunya y la Universidad de Barcelona, Ismael Benito. Según ha indicado, está compuesto por “módulos” —el elemento más pequeño, es decir, los cuadrados negros y blancos— y “patrones” de detección de posición (cuadros grandes situados en las tres esquinas), de alineación (cuadro más pequeño situado en la esquina restante en algunos modelos), y de tiempo, “para reconstruir la matriz de puntos de datos”. También cuenta con información de formato y de corrección de errores que permite recuperar contenido.

“La clave es que el QR es muy resiliente, por eso ha durado tanto. El código QR tiene mucho espacio para corrección de errores y esto significa que se puede jugar con él y cambiar ciertos aspectos. Es muy versátil, es muy fácil poner una imagen o cambiarle los colores, algo que no ocurre en códigos de barras tradicionales unidimensionales”, indica el investigador sobre el éxito de este tipo de herramienta.

La clave es que el QR es muy resiliente, por eso ha durado tanto

Funcionalidad y estética: la búsqueda del QR perfecto

Más de una vez, sin embargo, nos habremos topado con alguno difícil de abrir con el móvil. Ismael Benito hizo una investigación sobre cómo hacer más legibles estos códigos en superficies no planas (botellas, paquetes, bicicletas, etc.) e impulsó un algoritmo que aprovechaba las características del QR para extraer la superficie en la que se encontraba y ajustarla. También sobre cómo aplicar colores en ellos, pero no cualquiera sino con tintas dinámicas que cambian en función del material o gas con el que estén en contacto.

“Hicimos varios estudios y de hecho tenemos una patente de unos alumnos de la Universidad de Barcelona que se llama Color Sensing, que la explota. Generamos unos códigos QR que tenían, por un lado, la información digital (ceros y unos, blanco y negro) y le añadimos colores a de forma retrocompatible. Esto significa que cualquier móvil puede seguir leyendo este código, pero con tintas dinámicas que cambian de color en presencia de ciertos gases como CO2, o de amoniaco, etc.”, indica el investigador, lo que lo hace un posible “objeto de deseo” de la publicidad y el marketing.

En todo caso, Ismael Benito asegura que se necesita un dataset general más amplio con los QR que se están creando para mejorar la investigación. Y es que el mundo de estos códigos no se queda ahí: se está experimentando, a su vez, con su tamaño. Hace semanas, un equipo de la Universidad Técnica de Viena consiguió el QR más pequeño del mundo. Mide 1,98 micrómetros cuadrados, es decir, es más pequeño que la mayoría de las bacterias y se necesita un microscopio electrónico para verlo. Además, fue grabado en cerámica con el objetivo era poder acceder a datos durante miles de años sin consumir electricidad, lo que podría significar un gran cambio en la manera de entender esta herramienta.

Comprobar el origen del QR

Con la introducción de pagos móviles o su uso para datos en formularios, otro de los elementos que rodea a estos códigos es su seguridad, ya que, en ocasiones, se han utilizado para intentar estafar a los usuarios.

En este sentido, el investigador considera que, en su versión física, no es posible modificarlo de manera eficiente, pero si señala otras formas: “El riesgo real es que el QR en vez de apuntar a nuestra web, vaya a otra página en medio. Esto se produce cuando, en vez de realizar nosotros el código, hemos utilizado un proveedor que ha decidido poner una pasarela en medio y que pasemos por su servicio. Puede que conozcamos el proveedor y este sea seguro, pero si no el código puede llevar a sitios indeseados y que el QR se convierta en un problema”, afirma, por lo que recomienda, en la medida de lo posible, comprobar el origen de los QR u observar con atención las condiciones del proveedor a la hora de crearlo.

Habrá que estar atentos, por tanto, a cómo evoluciona este elemento, uno de los más distintivos de la era digital. Pronto podríamos ver más QR coloridos, pequeños, grandes, con nuevas funcionalidades 3D o con Inteligencia artificial… pero no se debe dejar de perder nunca el foco en la ciberseguridad y su función principal: la de unir a usuarios e información.