La Bóveda Global de Semillas de Svalbard gana el Premio Princesa de Asturias de Cooperación Internacional
- Hasta la fecha, almacena más de 1,3 millones de muestras de semillas de unas 6.300 especies
- Informe Semanal viajó hasta Svalbard para conocer la cúpula: ver el reportaje
La Bóveda Global de Semillas de Svalbard, en Noruega, donde se almacenan simientes de distintos países para salvaguardarlas para las generaciones futuras, ha sido galardonada con el Premio Princesa de Asturias de Cooperación Internacional 2026, ha anunciado este miércoles el jurado.
El repositorio, conocido por su nombre en inglés es Svalbard Global Seed Vault, consiste en un banco subterráneo de semillas situado en la isla de Spitsbergen, en el archipiélago noruego de Svalbard, que fue inaugurado en 2008. Tiene una extensión de más de 1.000 metros cuadrados, repartidos en tres almacenes.
Su objetivo es preservar la diversidad de semillas de cultivos destinados a alimentación para garantizar el suministro futuro en caso de pérdida debida a desastres naturales, conflictos humanos, cambios en las políticas, mala gestión o cualquier otra circunstancia.
El jurado destaca el legado para las generaciones futuras
"Con más de 1,3 millones de muestras que representan miles de variedades de plantas cultivables, esenciales para la seguridad alimentaria de la humanidad, el jurado ha valorado la cooperación silenciosa de esta infraestructura crítica y estratégica como legado para las generaciones futuras", ha explicado el presidente del panel que ha otorgado el galardón, Gustavo Suárez-Pertierra .
14.16 min
Transcripción completa
Es uno de los pocos lugares del mundo en el que preciados
tesoros de amigos y enemigos reposan juntos.
El ex secretario general de la ONU, Ban Ki Moon,
la calificó como un regalo de Noruega para la humanidad
y símbolo de paz.
Es la Bóveda Global de Semillas de Svalbard.
"Hoy hemos depositado semillas de tres nuevos bancos de genes.
Así que, en total,
ahora tenemos semillas de 114 bancos de genes diferentes
de todos los continentes.
Ya hay 1 280 677 muestras".
"Estamos a la entrada de la cúpula de Svalbard,
donde hemos depositado las semillas que hemos traído este año.
Vinimos hace dos años y ahora es la segunda vez
que venimos a traer semillas.
Pero esto tiene que ser una forma sistemática.
Son ya muchos los bancos genéticos que han depositado sus semillas
en esta especie de caja de seguridad,
inaugurada por el Gobierno de Noruega, en 2008.
Sólo abre para recibir nuevas cajas de semillas".
"Ya sabemos la dificultad que tenemos todas las naciones
en ponernos de acuerdo.
Aquí hay un ejemplo de haberlo logrado y de estar aportando algo
que es para el futuro.
Se trata de salvaguardar semillas para las generaciones futuras.
La bóveda está construida en una montaña
cerca de Longyearbyen, la capital de Svalbard,
un peculiar archipiélago bajo soberanía noruega,
situado en el océano ártico.
En él viven ciudadanos de más de cincuenta países
y fue la explotación del carbón la que condujo a poblar
de forma permanente este inhóspito lugar".
A unos 4300 kilómetros, en Alcalá de Henares,
se encuentra el Centro de Recursos Fitogenéticos
del Instituto Nacional de Investigación
y Tecnología Agraria y Alimentaria, integrado en el CSIC.
Aquí están depositadas semillas de especies vegetales
de diversos bancos genéticos de España.
"Nosotros conservamos el material que nos han donado los agricultores
que ellos han conservado y han cultivado durante décadas
para que pueda ser útil para la alimentación del futuro.
Las características de ese material,
ya sea resistencia a altas temperaturas, a plagas,
a enfermedades, o simplemente el sabor que tenían esos materiales
y que recordamos en platos o en comidas
que hacían nuestros abuelos las queremos mantener en el futuro.
Es aquí también donde se preparan las semillas que se van a llevar
al banco mundial de Svalbard".
-¿Cuánto tiempo puede vivir una semilla?
-Pues cientos de años.
España tiene que apostar por la biodiversidad
y tiene que apoyar todas las iniciativas que se hagan
en ese sentido.
Y España tiene que estar en Svalbard
y tiene que llevar material a Svalbard.
El objetivo es que las muestras sean viables allí en Svalbard
y que las mismas muestras que tenemos aquí
en nuestra colección base sean la misma
que se ha mandado a Svalbard.
Aquí podemos ver las 44 000 muestras que tenemos aquí
conservadas, que provienen de los 14 bancos de semillas
que tenemos en España.
Aquí, además tenemos ya las cajas preparadas para llevar a Svalbard.
-¿Por qué tienen que estar a esta temperatura de -18?
-Porque se conservan durante más tiempo.
Por cada grado que bajamos la temperatura
o cada grado de humedad que bajemos,
aumenta la longevidad de las semillas.
Una vez en Svalbard, las cajas con las semillas
pasan los controles de seguridad del aeropuerto, bajo la supervisión
de Asmund Asdal, coordinador de operaciones
y de la gestión de la Bóveda Global.
Después, se trasladan a la que se conoce también
como la cámara del fin del mundo o el banco de semillas
del día del juicio final.
Hemos traído dos cajas con 208 tipos diferentes
de semillas, hay tomates, judías, berza, acelgas
y cosas tan nuestras como la borraja o el cardo,
que son verduras minoritarias,
pero de gran importancia conservarlas.
En el 2022,
trajimos otras 1000 muestras diferentes.
En ese caso eran más cereales, trigo, maíz.
La idea es poder tener aquí más del 40 % de las muestras
que conservamos en el sistema.
Las cámaras, en las que se almacenan las semillas,
se encuentran al final de un túnel excavado en una montaña
de permafrost, que se adentra a 130 metros de profundidad.
Es el lugar más seguro para las colecciones de semillas.
Hay capacidad para 4,5 millones de variedades.
Hay muchos ejemplos de bancos de genes
que han perdido sus semillas por guerras y conflictos,
inundaciones, incendios, falta de recursos,
no tener dinero para pagar la factura de la luz,
por ejemplo.
Así que todo el mundo tiene claro que asegurar los recursos genéticos
en más de un lugar es muy importante.
El cambio climático, que puede agravar
algunos de estos problemas, ha acentuado la necesidad
de contar con un depósito de semillas de reserva.
Las medidas de seguridad en esta bóveda global son estrictas.
Solo se permite el acceso a la misma
a los empleados y encargados de su mantenimiento
y gestión pertenecientes al centro nórdico de recursos genéticos.
Cualquier daño en su interior sería desastroso Asmund Asdal.
Aquí dentro hay semillas por valor de miles de millones.
Si alguien entrara con malas intenciones y ocurriera algo,
sería desastroso para el futuro suministro de alimentos del mundo.
Esto no deja de ser una réplica de seguridad,
pero también no pensando solo en nosotros,
en que podamos necesitar estas variedades en nuestra región,
sino que es que a lo mejor en un momento dado puede ser útil
en cualquier otra región,
sobre todo ahora que el cambio climático está ahí y entonces
pues puede estar sufriendo una situación climática
en la cual una variedad que era importante
o que es importante en nuestra región,
empieza a serlo en la suya.
Aquí tenemos refrigeración artificial.
Aquí abajo hay -18 grados.
No dependemos del permafrost.
El permafrost, por supuesto, proporciona una seguridad adicional
en caso de que algo le suceda al equipo.
Si se cortase la electricidad, seguiríamos teniendo esta baja
temperatura más de un año.
Así que habría tiempo de sobra para instalar nuevos equipos.
Todo esto tiene que ser un proceso constante en que todos los años
vengamos a traer diferentes tipos de semillas
a la cúpula de Svalbard.
Es algo muy emotivo.
La verdad es que yo creo que hace que te sientas parte
de algo especial.
Somos parte de un esfuerzo internacional.
Eso siempre es algo muy importante.
La bóveda global de semillas atrae también a muchos turistas
al que es el lugar del planeta que más rápidamente se calienta,
entre tres y cinco veces más que cualquier otro.
El cambio climático se percibe en Svalbard de forma dramática.
Longyearbyen acoge a centenares de estudiantes y científicos
dedicados a investigar el cambio climático y el calentamiento global
en el Ártico.
Aquí puedes ver lo resiliente que es la vida.
La vida tiene que sobrevivir a la noche y al invierno
y tiene dos meses para florecer.
Que a cámara rápida en mayo empieza, florece, vive,
se pone verde, todos los pájaros vienen, todo vive, todo se engorda.
Y, en septiembre, la hierba se congela de nuevo,
las plantas mueren, los pájaros se van
y todo vuelve a morir.
Y ver este ciclo de cómo la vida está luchando todo el año para
en dos meses hacerlo todo rápido.
Beatriz guía también expediciones turísticas
en moto de nieve a espacios salvajes e inhóspitos,
centrándose en la ciencia y con un ojo puesto
en el rey de Svalbard, el oso polar.
Cuántos osos polares has visto desde que estás aquí en Svalbard?
-Como individuos he visto más o menos unos 20, entre 18 y 22.
No te puedo decir una cifra exacta.
Pero casi siempre han sido madres con crías, con dos o una cría,
de machos solitarios, solo he visto una vez
y la mayoría de veces ha sido con barco,
en barco es mucho más fácil.
Va siguiendo la costa, la línea de la costa,
que es donde los osos están
porque es donde tienen mayor disponibilidad de comida.
Este es uno de la madre con la cría.
Esto es en la costa este, digamos.
Está grabado a través de los binoculares
y con el zoom del móvil.
Cualquier movimiento de los científicos sobre el terreno
requiere, en este archipiélago, una planificación de seguridad.
El oso polar no es la única amenaza.
Para ir a los sitios donde se sacan los datos
tenemos que viajar encima de glaciares,
tenemos que viajar encima de hielo marino,
por zonas donde puede haber avalanchas y obviamente aquí tenemos
todo lo que sería el tema fauna, o sea el oso polar.
Todo esto son temas
en los que siempre se tienen que considerar.
Entonces pues esto,
parte de mi trabajo es hacer una evaluación del riesgo.
El objetivo de la actividad científica aquí es hacer ciencia,
pero se tiene que hacer de forma segura.
En los confines de Longyearbyen hay un edifico en soledad.
Es Huset, construido en 1948 y el más antiguo de la ciudad.
Alberga el restaurante de alta cocina más al norte del mundo.
Al frente de sus fogones está desde hace más de dos años
el chef español, Alberto Lozano.
Queremos que el representante máximo del restaurante
sean los productos locales.
Y en torno a eso con lo que trabajamos.
En proteínas tenemos foca, reno ártico, perdiz blanca,
vieira ártica, gambas.
También de aquí, bacalao de Svalbard, lobo de Svalbard.
Esa es nuestra zona.
Cuando decimos Svalbard es lo que nos llega aquí
de nuestros pescadores o cazadores.
Y Ártico es nuestro límite en cuanto a proteína.
Alberto pasó por restaurantes y hoteles de varios países
antes de recalar en el Ártico para hacer una cocina creativa
y sostenible, ártica y con algún toque de su tierra.
Observamos que entre su particular vajilla hay fósiles.
Se pueden encontrar en la morrena de un glaciar,
al lado de Longyearbyen.
Muestran que antaño hubo aquí clima tropical.
Datan de hace 60 millones de años.
Como ya la nieve se va derritiendo, tenemos posibilidad de encontrarlos.
Vamos seleccionando según que piedra, según que planta
esta puesta en el fósil o ha quedado en el fósil.
Lo vamos utilizando para diferentes platos.
Tiene su parte histórica y la verdad que los clientes
se sorprenden de saberlo.
Alberto lleva todavía pocos años en este lugar,
pero ya ha podido percibir los efectos del cambio climático
y del calentamiento global.
Alberto He visto muchísimos cambios.
Luego aparte tenemos que entender que todo lo malo
que pasa en el sur llega al norte.
Tenemos las corrientes de aire y las corrientes de agua
que transportan todo lo contaminante y ya ves cambios
a la hora de temperatura de movimientos migratorios
en las aves y en los peces.
Todo es extremo en este archipiélago,
tanto el invierno, como el verano, pero,
aún así, sus habitantes
están atrapados por la magia del ártico,
una magia que puede acabar desapareciendo.
Svalbard sufre las consecuencias de la falta de cuidado
con la naturaleza más al sur.
Sus efectos en este lugar son una advertencia
e indicativos de lo que pasará en el resto del mundo.
Así terminamos Informe Semanal.
Gracias por acompañarnos en directo
y recuerden que tienen nuestros reportajes a su disposición
en RTVEPlay,
la plataforma de la radiotelevisión pública.
Disfruten, hasta la semana que viene.
El jurado ha señalado, además, que se trate de una iniciativa impulsada por un modelo de multilateralismo eficaz, con la colaboración de numerosos países, instituciones científicas y organizaciones internacionales "en torno al objetivo común de garantizar la base genética de los sistemas alimentarios y el conocimiento acumulado durante milenios por las distintas culturas agrarias de todo el planeta".
Guarda semillas de unas 6.300 especies de plantas
El depósito de las simientes se realiza de forma gratuita y estas son propiedad del banco de germoplasma (recursos genéticos) depositante, que es el único que puede solicitar su devolución.
Hasta la fecha, la Bóveda más de 1,3 millones de muestras de semillas de unas 6.300 especies de plantas, la mayoría variedades de arroz, trigo y cebad, pertenecientes a 129 instituciones y gobiernos depositantes. También tiene simientes de sorgo, especies de frijol Phaseolus, maíz, caupí, soja, el kikuyo y garbanzo.
Dos tercios de los depósitos provienen de los centros internacionales de investigación del Grupo Consultivo sobre Investigación Agrícola Internacional (CGIAR), así como de otras instituciones como el centro de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT) o de Investigación Agrícola en Zonas Áridas (ICARDA).
Los países que mayor aportación han realizado son Estados Unidos, Alemania, Canadá y los Países Bajos.
En pasado febrero, se hizo el primer depósito de semillas de olivo en la historia de la Bóveda, con una participación destacada de instituciones españolas.
En 2015, durante la guerra en Siria, ICARDA tuvo que evacuar su sede en Alepo y su banco de simientes, con 150.000 muestras de cereales, alimentos y piensos de más de cien países, acabó devastado, pero una parte importante de esta colección fue asegurada mediante duplicación y almacenamiento en la Bóveda de Svalbard. Finalmente, a finales de ese año y en una segunda fase en 2017, se pudo retirar para su siembra en el Líbano y Marruecos y se devolvió una copia a la cripta del archipiélago noruego.
En 2024, 61 bancos de genes depositaron más de 64.000 muestras —cifras récord en la historia de la Bóveda—, incluyendo 21 instituciones que lo hicieron por primera vez.
Más de 2.000 muestras han salido de la guerra en Sudán
Otro episodio relevante fue en 2025, cuando la Bóveda recibió más de 2.000 muestras de semillas de sorgo, mijo perla, cacahuete, sésamo, sandía y melón Vigna, del Banco Nacional de Germoplasma de Sudán, que fue atacado durante la guerra civil en el país africano.
El máximo responsable del almacén es el Gobierno de Noruega, en concreto el Ministerio de Agricultura y Alimentación, que lo gestiona a través del Centro Nórdico de Recursos Genéticos (NordGen). En su financiación participa el llamado Crop Trust, que es una organización internacional sin ánimo de lucro dedicada a conservar la diversidad de cultivos y hacer que esté disponible siempre para su uso en todo el mundo. En el Crop Trust participan países, instituciones y grupos privados, como el Gobierno de España, la Comisión Europea o la Fundación Gates.
La Bóveda cuenta, además, con un panel asesor internacional que supervisa su gestión, formado por miembros de los bancos de genes depositantes.
El jurado del Premio, convocado por la Fundación Princesa de Asturias, ha estado presidido por Gustavo Suárez-Pertierra e integrado por Miguel Ballenilla y García de Gamarra, Miguel Carballeda Piñeiro, Ana Covarrubias Velasco, Pedro Duque Duque, Pilar García Ceballos-Zúñiga, Rodrigo García González, Cristina Garmendia Mendizábal, Charo Izquierdo Martínez, Íñigo Méndez de Vigo y Montojo, barón de Claret, Pol Morillas i Bassedas, Juan Carlos del Olmo Castillejos, María del Mar Pageo Giménez, Isla Ramos Chaves y Gloria Fernández-Lomana García (secretaria).
La candidatura de la Bóveda fue propuesta por Manuel Toharia Cortés, miembro del jurado del Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica 2026.
La Bóveda forma parte del sistema internacional para la conservación de la biodiversidad fitogenética de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). El ex secretario general de la ONU Ban Ki-moon la describió como "una póliza de seguro global" y un "regalo a la humanidad y símbolo de paz" durante una visita a Svalbard en 2009.