Morería, "la pequeña Pompeya de Mérida"
- El yacimiento alberga 15 casas romanas, calzadas, un trozo de muralla del siglo I a.C., talleres de cerámica, sepulturas
- Sobre el yacimiento se construyeron, sobre pilastras, las nuevas Consejerías de la Junta de Extremadura
Es el monumento menos visitado de Mérida. El último de los siete que se ofrecen con la entrada conjunta. Y sin embargo "su riqueza patrimonial e histórica es inmensa". Lo asegura Félix Palma, director del Consorcio de la Ciudad Monumental de Mérida. Una idea que comparte Miguel Alba, autor de más de una docena de artículos publicados sobre Morería, que define como "el enclave que mejor representa la vida cotidiana de la antigua Augusta Emerita". Conserva el tramo de muralla romana más extenso sacado a la luz hasta el momento (un lienzo de 200 metros del siglo I a.C.), cuatro puertas, portillos, pasos de ronda, vertederos, sepulturas. También una calzada romana, con su empedrado original, su cardus y decumanus. "Allí entiendes perfectamente cómo eran las calles porticadas hace 2.000 años, cómo tenían el tratamiento de grandes avenidas, como eran sus casas, cómo organizaban su vida. Es como una pequeña Pompeya", dice.
“ El estado de conservación es excepcional. A diferencia de Pompeya, Mérida siguió viviendo. Morería muestra qué pasó con las casas romanas, cómo se ocuparon en época visigoda, en la islámica, cómo evolucionó en sus más de 2.000 años de historia“
El espacio más espectacular de Morerías es la "Casa de Los Mármoles", llamada así porque el patio aún conserva (dos milenios después) el pavimento con losas de mármol. El brocal del pozo también está completamente hecho de mármol, las columnas, los capiteles. "Era la casa de una familia especialmente próspera", dice Alba. "Tenía 1.000 metros cuadrados sólo en la planta baja, con unas termas magníficas. Se pueden apreciar perfectamente las diferentes estancias: la cocina, la bodega, un salón inmenso, los baños privados que ¡hasta tenían agua corriente! Se conservan unas escaleras que llevarían a una segunda planta, en la que estarían los dormitorios". Félix Palma añade: "El frigidarium de la casa (la piscina de agua fría) invadía tres o cuatro metros de la calle, una relajación de las normas municipales que sólo se explica por el gran poder que tendría su propietario y su influencia social.
Morería, proyecto "Mecenas" 2026
Algunas de estas razones han motivado que la Casa de los Mármoles haya resultado elegida como proyecto Mecenas 2026, que financian emeritenses anónimos comprometidos con el patrimonio. Han decidido por votación popular que su dinero vaya a la adecuación integral de esta joya arquitectónica inigualable.
“Una de las sorpresas de Morerías es que las casas, en intramuros, tienen más de 500 metros. La que se puede visitar, "la de los Mármoles", tiene 1.000 metros cuadrados en planta baja, con dos alturas, decorada con mármoles, termas y agua corriente“
Su elección vuelve a poner el foco en un yacimiento excepcional para entender el pasado romano de Mérida, pero también el visigodo, el islámico, el medieval cristiano, el moderno y el contemporáneo. "Ningún edificio como éste cuenta de una manera tan precisa y tan bien documentada toda la evolución histórica de la ciudad", presume Miguel Alba. "Fue a partir de Morerías cuando se empezaron a destacar las otras épocas históricas de Mérida. Incluso a nivel peninsular fue pionero en esa superposición de etapas". El director de la excavación fue José Luis Mosquera Müller. "Me llamó porque apareció un horno de alfarero. Pero es que enseguida salieron a la luz muchos tesoros más. Todo lo que aparecía era importante. Intentabas documentar una pieza o una estancia de una época, y al momento salía otra de otro momento histórico diferente, pero igual de valiosa". Alba trabajó durante ochos años en las excavaciones, de 1989 a 1997; un periodo en el que coincidió con Félix Palma, "a Morerías le tengo mucho cariño porque fue mi estreno profesional como arqueólogo".
Navarro Baldeweg conjugó pasado y presente. Usó micropilotes para que el edificio administrativo sirviera de cubierta a los restos arqueológicos
Los restos aparecieron durante la construcción del edificio de las nuevas Consejerías de la Junta de Extremadura, un trabajo que coordinó Juan Navarro Baldeweg, que más tarde sería reconocido con el Premio Nacional de Arquitectura.
"Extremadura acababa de nacer como comunidad autónoma y se necesitaba un gran edificio administrativo", rememora Palma. "La obra se adjudicó a la empresa Ferrovial y se eligió una zona digamos residual, donde estaba el antiguo matadero municipal, ya en desuso, y algunas viviendas, que se expropiaron". En esa época Mérida renacía con la capitalidad y quería mostrar músculo con el edificio administrativo y el puente de Calatrava. A pocos metros, quedaba el pasado, soberbiamente representado por el Puente romano y la Alcazaba árabe.
“Si Rafael Moneo se fijó en el mundo romano para diseñar el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida, Navarro Baldeweg tomó como referencia la Alcazaba árabe“
El proyecto apostó por una solución integradora, construir oficinas para funcionarios sin destruir el tesoro que afloraba en el subsuelo. El resultado, un edificio vanguardista, tipo palafito, con 64 o 65 pilares o micropilotes, que sirve de cubierta al yacimiento. Revestido de cristales, refleja las aguas del río Guadiana y la Alcazaba árabe (la fortificación musulmana más antigua de España). Aunque el proyecto original era bien distinto. "Al principio, Navarro Baldeweg pensó hacer aparcamientos subterráneos, pero cuando vio la importancia de los restos arqueológicos decidió modificarlo y se supeditó a ellos. Por ejemplo, Morería sigue la forma de la muralla romana. De hecho, la fachada tiene esa inflexión. Se separa para dejar las calles romanas que están al aire libre, por eso el edificio tiene dos partes. Lo concibe como un puente para dejar pasar la luz, las vigas tienen un diseño especial. Y, por último, le da un acabado con un revestimiento de planchas de granito, a imitación de la Alcazaba árabe en abstracto."
De los militares que iban a tomar bocadillos al bar Mora a los funcionarios que trabajan en las consejerías del Paseo de Roma
Su nombre, Morería, viene de la Edad Media, del sigo XIII, cuando los leoneses conquistaron la ciudad y expulsaron a los musulmanes. "Algunos decidieron quedarse a las afueras, en la zona extramuros, en el arrabal", explica Miguel Alba. "Después, pasó a llamarse General Margallo, calle los Olleros, de los Alfareros, del Rey, pero siempre mantuvo el topónimo de Morería".
Lo corrobora Jacinto Mateos, que vive en Mérida desde los cuatro años. "De niño, pasábamos por la zona de Morería para ir a jugar cerca del Guadiana, donde todavía había barcas que cruzaban de un lado al otro del río. En esa época (años 60 y 70), cuando el barquero se iba a su casa, aprovechábamos para navegar nosotros (¡esto no se hace chavales!). Y después me acuerdo mucho sobre todo de los bocadillos de calamares del Bar Mora. Allí nos juntábamos jóvenes y militares de cuando aún estaba en Mérida el cuartel Hernán Cortés".
Hoy el edificio pasa sin pena ni gloria para los propios emeritenses, quizá por su fácil acceso. "La transparencia, el no estar encerrado fue otro de los criterios que se tuvo en cuenta para su construcción", puntualiza Miguel Alba. "A cualquiera que le preguntas por Morerías te dice, muy seguro, que ya lo ve cada vez que pasa por el Paseo de Roma, pero yo les contesto que no, que hay que entrar para ser consciente de todo lo que albergan esos 12.000 metros cuadrados. Algo parecido siente el turista, que suele ponerlo a la cola de su visita a Mérida, ofuscado por la majestuosidad del teatro romano o la grandiosidad del Acueducto de los Milagros. Y, sin embargo, nada como Morería refleja los ritmos de esta ciudad durante sus más de 2.000 años de historia ni explica todos sus brillantes momentos históricos que le han hecho merecedora del título de Patrimonio de la Humanidad.