Entretelas de la Semana Santa: "El hábito de cada cofrade es muchas veces su mortaja"
- Las cofradías disponen de bancos de hábitos para que nadie deje de salir en la procesión por no tener la ropa
- El precio de un conjunto nuevo de tres piezas (túnica, capa y capuchón) varía según el tejido y los detalles
La tradición aprieta, pero no ahoga. El mercado sale al rescate de los cofrades a los que les falta presupuesto o determinación. Vestirse para salir en una procesión de Semana Santa requiere contar con el hábito y los complementos correspondientes, que suponen un desembolso considerable muchas veces, y hay que tener en cuenta que el atuendo se usará a lo sumo una o dos veces al año. Y eso si no llueve.
Es costumbre encargar un hábito propio y conservarlo bien durante años: así se hace en la mayoría de las familias. Sin embargo, en el caso de muchos niños y jóvenes que no están aún convencidos de querer seguir en la cofradía con el paso de los años, caben opciones provisionales o más económicas: acudir a los bancos de hábitos de las cofradías o rebuscar en mercados de segunda mano.
"Hay mercado en internet, en internet hay de todo, pero no hay tantos hábitos en circulación como podría parecer. Ten en cuenta que son miles y miles de cofrades los que han salido en procesiones. Pero generalmente cuando fallece un cofrade, dona el hábito a la cofradía", explica Julián Díaz, vallisoletano experto en Semana Santa.
Dona el hábito a la cofradía cuando no lo deja en herencia a sus descendientes. Aunque hay un destino frecuente y más inesperado: "Muchas veces el hábito es la propia mortaja del cofrade. Hay cofradías que lo tienen puesto en su regla, que es su propia mortaja y son enterrados con ella. Y en otras son casi siempre los propios cofrades los que lo piden: 'El día que vaya a reunirme con el Señor, quiero llevar el hábito de la cofradía'".
Bancos de hábitos: préstamo solidario
En la sacristía de la iglesia de Las Esclavas de Valladolid cuelgan del perchero media docena de prendas, las pocas que quedan ya pendientes de recoger o no han hecho falta. Son túnicas, capas, mucetas... las distintas piezas blancas y celestes que conforman la uniformidad de esta cofradía, vestida con los colores de la Purísima. Es a principios de cuaresma cuando se reparte el medio centenar que la Hermandad Penitencial de Nuestro Padre Jesús Atado a la Columna custodia y gestiona en su banco de hábitos, un servicio ya frecuente en todas las hermandades.
"Casi todas las cofradías tienen un banco de hábitos, sobre todo para los niños, que crecen muy rápido, y hacer una inversión en un hábito que cuesta un dinero es complicado", explica Julián Díaz, presidente de la Asociación Paso a Paso. Silvia Arribas mide la estatura de Leire para comprobar qué talla necesita este año y ofrecerle la vestimenta adecuada. Nos explica que el sentido de estos préstamos es solidario: "Igual que los libros de texto en los colegios, pues así damos oportunidad en las cofradías con los hábitos, que nadie diga que no sale en una procesión o en una cofradía porque no tiene el hábito".
El precio de este alquiler es en realidad una donación simbólica: 25 euros para los hábitos de niño y 30 para los de adulto. También hay en el banco complementos; por ejemplo, zapatos. "No vale un zapato cualquiera, el nuestro es negro, muy plano, sin apenas suela... así que si en el último momento alguien se encuentra con que lo tiene estropeado, roto o lo que sea, pues aquí también se lo podemos prestar".
Puede parecer exagerado, pero cada detalle está especificado en los estatutos de las cofradías y del rigor de la uniformidad hasta el extremo depende que la puesta en escena logre el efecto deseado: un impacto de armonía colectiva.
Uniformidad de tejidos, largos y puntadas
De esos códigos inflexibles saben mucho quienes trabajan en los talleres de confección al servicio de los cofrades. Generalmente, cada hermandad tiene un taller o modista de referencia, "pero hay quien es mañoso y con buena intención se lo hace en casa, si tiene costumbre de coser... ahí empiezan los líos", explica Jesús Muñumer, de Artesanía Jorge Guillén.
La clave para lograr la deseada homogeneidad empieza en el tipo de tela: "Una uniformidad en el tejido es muy importante para que no parezca el ejército de Pancho Villa. Que vaya todo en el mismo tono, el mismo tejido, la misma calidad, que la gente vea la procesión y diga ¡mira qué cofradía más bien vestida! Y tiene que haber una uniformidad en la confección también. Que no diga uno 'yo hago esta vista a tres centímetros' y diga otro 'pues yo la hago a uno' o 'yo la quedo a esto de bajo' y otro 'yo la quedo a esto', es que tiene que ir a la par, es que está todo estudiado, vamos", concluye mientras muestra la costura de remate de una capa en color gris de la cofradía del Cristo del Perdón.
En el ojo del experto está el juicio más severo. Igual que Jesús opina César González: "Es un bloque, todos tienen que ser iguales. Porque luego sales a ver las procesiones y ves unas túnicas más largas que otras, colores que no coinciden, habría que tener más cuidado". El diseñador de My Lovely Pulpo, acostumbrado a explorar su creatividad, dedica unos meses a este trabajo que no deja el más mínimo margen a la invención. Es una tarea rigurosa y minuciosa: "Cada pieza se elabora de una forma prácticamente artesanal y sobre todo teniendo en cuenta los códigos de cada cofradía. A nosotros nos implica una labor de investigación y sobre todo, de trabajo".
Desde 200 euros hasta varios miles
¿Cuánto cuesta un conjunto completo de cofrade? La respuesta es la misma en toda España: depende. "Depende un poco de la cofradía en la que te metas, así haces una inversión más grande o menos. Porque cada cofradía tiene no un hábito, sino un tipo de tejido", explica César González. No es lo mismo vestir de sarga, de raso o de terciopelo.
"Los hábitos pueden ir desde los 200 euros hasta los miles de euros. En Levante, por ejemplo, hay lugares donde un hábito puede costar cinco, diez o hasta quince mil euros. Están bordados a mano con hilo de oro y cuestan ese dinero", nos cuenta Julián Díaz. En Castilla y León no se llega a esos extremos, si bien el desembolso puede ser importante según la cofradía de la que se trate.
Lo que encarece la factura es el tejido si es rico y también la profusión de detalles: "Hay algunos que están hechos de terciopelo, llevan pasamanerías y toda esa inversión en tejidos suele ser grande, no menos de 300 euros solo en materiales. Un encaje, que se cose a mano, una pasamanería, que tienes que coserla al detalle para que no se quede fea... todo eso suma". Son muchas horas de trabajo fino. Jesús nos enseña el extremo de la manga de la túnica de San Martín, con su encaje y su bocamanga: "Si habéis oido la expresión de 'vete a hacer puñetas', viene de aquí -se ríe-. Tienes que hacer una doble tela aquí, cubrir, hacer esto otro a mano... esto es lo que más te puede entretener".
Y entretenidos están, asegura Jesús Muñumer: "Nos toca doblar turnos, sábados, domingos porque no te queda otra, es mucho trabajo concentrado en muy poco tiempo". Los cofrades no se diferencian de otra clientela en términos de plazos; también lo suelen dejar para última hora, aseguran los modistas. El pico de producción se concentra en apenas dos meses, los previos a la Semana Santa. Pero aseguran que no falla el año que están apurando puntadas en la máquina de coser mientras ven ya por la ventana pasar las procesiones.
Para César González, la Semana Santa representa en torno al 15% de su facturación; nota que el mercado crece: "Está entrando mucha gente nueva, gente joven además y sobre todo lo que piden son trajes para niños, que luego se van a hacer adultos. A medida que van creciendo, el hábito crece con ellos y luego ya se les cambia por uno de adultos, que es cuando empiezan a llevar el capuchón también".