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Día Mundial del Teatro

Acrobacias, introspección y textos del Siglo de Oro: así se enseña hoy Arte Dramático

  • "Ya no vale con interpretar un texto", la escena actual reclama actores creativos y multidisciplinares
  • Los alumnos salen convencidos de que es lo suyo: "Es el veneno del teatro, esto entra dentro de ti y para siempre"
Día Mundial del Teatro: así se forman los futuros actores

La escena hace llorar. Una madre agonizante, al borde de la muerte, se despide de su hijo. En el ejercicio, cada alumna trabaja desde un lugar diferente. Ángela se mantiene muy firme, con la cabeza alta, su cuerpo revela un leve temblor. Inés entrega todo su rostro a un grito sordo. Sara está devastada, susurra tendida en el suelo. El personaje va creciendo en Iria, que se deja llevar y grita: "¡Cúbreme! ¡Cúbreme! ¡Cúbreme con tierra!". Entonces interviene el profesor: "Contén ahí, contén".

La escena hace llorar al espectador, pero no debe -no tanto- a las actrices. "Una parte importante de la formación es saber cómo gestionar esas emociones porque cuando llegas a una escena, te puede invadir una emoción muy fuerte, pero no puedes dejar que esa emoción te arrastre y no te permita hacer la escena", nos cuenta Lucía Bellota, alumna de cuarto curso del Grado en Interpretación de la Escuela Superior de Arte Dramático de Castilla y León (ESADCyL).

El actor: artista y creador

Aquí gran parte del Plan de Estudios se lleva por dentro. Hay que lidiar con lo que se siente, aprender a trabajar con el cuerpo al extremo y, sobre todo, aportar. De pie o desde el suelo, con un aullido o un murmullo. El mismo texto es distinto en cada actriz. Es la demanda de la escena actual, nos explica José Manuel Mora, director de la ESADCyL: "Ya no vale un actor donde el director ordene la escena, ordene el tráfico y le diga, 'sal, aquí tienes un texto, aquí reaccionas'... yo creo que hay algo más". Hay una exigencia artística nueva: "Demandan una implicación creativa muy grande y una implicación multidisciplinar".

Compañeros de cuarto curso de la Escuela de Arte Dramático de Castilla y León

Lo ha comprobado Yeray Calleja, estudiante del Grado de Dramaturgia y autor de la pieza, que es su Trabajo Fin de Grado: "Ha sido muy impactante ver que en todos los ensayos aparecían cosas que nos sorprendían o que nos inspiraban para hacer una nueva escena". Los actores de hoy tienen un potencial creador mayor y para eso les preparan en las escuelas superiores, donde siguen también fortaleciendo los mimbres clásicos. En esta escuela situada en Valladolid, por ejemplo, se trabaja y mucho el Siglo de Oro, pero también otras disciplinas más relacionadas con lo físico.

"El arte contemporáneo, la performance, las nuevas textualidades, las artes vivas,.. hay mucho con respecto a las artes que de una forma porosa está dinamitando, está ensanchando esas barreras a priori muy 'compartimentos estancos' de la labor del intérprete", explica Mora. Las asignaturas son un reto para los estudiantes, que se descubren capaces de cosas impensables cuando ingresaron: "Acrobacia, lucha escénica, danza... Es autoconocimiento puro y duro, probar posibilidades y no cerrarte", resume Lucía Bellota. Lo mismo concluye su compañera Inés Ndoka "Aquí aprendes a utilizar tu propio cuerpo como el instrumento (...) tu cuerpo por y para la escena, es el objeto de trabajo". Se trata también de evitar bloqueos mentales, de trabajar el personaje desde lo físico y no tanto, o no exclusivamente, desde lo psicológico.

Cuatro años distintos a los del resto

Buscar las siete diferencias con cualquier otro estudio superior (el grado es equivalente a uno universitario) es sencillo, salta a la vista. Desde el aula en la que trabajan, que es una sala de teatro con su escenario, su telón, sus luces y su patio de butacas, hasta la ratio de ensueño: 14 alumnos por clase.

"No tiene nada que ver con la formación que tenemos en el instituto. Llegas aquí y te ponen un espejo en el que te tienes que ver reflejado (...) para enfrentarte luego a los conflictos que tengan los personajes. En la sociedad en la que estamos parece que se busca un poco huir de esa introspección y aquí es todo lo contrario", cuenta Lucía. "Nada que ver. Muchas asignaturas, muchas horas, ensayos por la tarde, incluso lo que tienes que aprender es por trabajo y ensayo, no por una mesa y apuntes", explica Inés. También hay exámenes y también hay suspensos, eso sí: "Eso es lo único igual que en cualquier otra carrera", se ríe.

La experiencia es especial, aquí y en otros centros de enseñanza artística, explica Mora: "Una escuela es un espacio donde conviven dos generaciones como mínimo. Es un espacio donde los que vienen, ya llegan con esa pulsión, con ese deseo. En ese sentido es un lugar de resistencia, es un lugar maravilloso. Donde los profesores estamos constantemente aprendiendo y renovándonos... comparado con otras enseñanzas, fíjate: este teatro es un aula".

Como cualquier docente, no oculta su preocupación por las salidas laborales de los estudiantes, que ahora mismo se concentran en dos vías: la participación en producciones a las que pueden acceder, por ejemplo, a través de convenios de prácticas, y la formación de nuevas compañías por las que ya se decantan algunos alumnos.

"Una de las pocas cosas reales, humanas y del ahora"

A su favor para abrirse camino tienen sueños poderosos y una convicción que Inés describe rotunda: "Si quieres dedicarte a esto es porque de ninguna otra de las formas posibles te vale. Es decir, a mí no me vale tenerlo como hobby o tenerlo los sábados por la tarde una vez a la semana. No. No. Yo quiero dedicarme a esto los siete días de la semana, desde por la mañana hasta por la noche". Desde la veteranía, lo suscribe el director: "Es como un virus, que una vez que te ha contagiado tú ya no sabes vivir si no es con eso. Es una forma de vida." Se crea una necesidad que puede ser complicada si luego la vida real no acompaña. "Es el veneno del teatro. Esto entra dentro de ti y para siempre", claudica Lucía.

Y todos coinciden en que en tiempos de aislamiento y de inteligencia artificial, la escena tiene un valor nuevo. "Cada vez que veo la tele cada día y observo lo que ocurre en el mundo, mis dudas sobre el teatro se disipan y pienso que este es el espacio adecuado donde resistir y donde soñar", afirma Mora. Su alumno Yeray concreta el porqué: "Al final el teatro es de las pocas cosas que son reales, humanas y del ahora. Entonces creo que el valor del teatro es más grande todavía "

Los alumnos terminarán en julio su formación, serán egresados, serán actores, actrices y directores titulados en busca de su papel, de su obra, de su carrera hecha de lo efímero. José Manuel Mora define ese instante: "En el teatro sucede una cosa maravillosa, que es que en algunos momentos el tiempo se suspende y lo que observas es un presente radical. Y esa emoción, ese cuerpo, con todo tu bagaje y lo que tú depositas en eso que ves en escena es un momento sagrado, es un momento mágico que se te queda en la retina y desaparecerá... pero se quedará para siempre".