25 de marzo, el día de Extremadura no oficial que reivindica el orgullo campesino
- 90 aniversario de la ocupación de 250.000 hectáreas por parte de jornaleros y yunteros durante el final de la Segunda República.
- Un hecho inédito en España que permaneció oculto durante décadas en los libros de historia.
TVE se cita con Aníbal Martín. Un joven que reconoce que llegó al mundo de puro milagro. Porque a su bisabuelo, Juan Antonio Martín, estuvieron a punto de matarlo cuando el bando franquista entró en Extremadura arrasando con todo a su paso tras el golpe de Estado militar en julio de 1936. “Tuvo que estar escondido en un horno de pan durante unos tres meses”, cita.
Juan Antonio Martín fue uno de los cabecillas que comandó la ocupación pacífica de tierras en esta comunidad autónoma unos meses antes, en concreto el 25 de marzo del citado año. En un audaz movimiento de la Federación Española de Trabajadores de la Tierra. Ese que llevó a implantar por fin esa ansiada reforma agraria bajo el lema “La tierra para quien la trabaja”. Pero el hecho fue tan singular como fugaz.
Un éxito del campesinado frente a los terratenientes
Que alrededor de 80.000 jornaleros y yunteros acuerden ocupar las tierras que durante años habían trabajado para darles su pertinente uso agrícola podría parecer algo lógico. Incluso poco noticiable. Pero en marzo de 1936 el contexto emitía señales de que algo no funcionaba. La reforma agraria republicana no era efectiva. Grandes extensiones de terreno en manos de latifundistas estaban baldíos. Sin uso. Y el campesinado sufría años de acuciantes penurias. Todo parecía abocar a una acción desesperada para cubrir las mínimas necesidades de subsistencia. “Mi bisabuelo se unió a otros cabecillas de la alquería hurdana de La Huetre para ocupar las tierras salmantinas que habían trabajado, al límite con Las Hurdes, porque los marqueses de Ciudad Rodrigo ya no permitían cultivarlas, ya que solo dejaban que se practicase el pastoreo. Querían evitar que hubiese reclamaciones legales en plena era republicana con esos terrenos”, señala Aníbal. Así que, al igual que en otras 3.000 fincas de 280 pueblos, los campesinos, con hoces y demás aperos de labranza, ocuparon las tierras. De manera pacífica. Ni un muerto. Fue tal la convicción jornalera que los ayuntamientos además se encargaron de ordenar esas ocupaciones con actas concretas. Un ejemplo de eficiencia y legalidad que, a la postre, supuso facilidades para la represión franquista.
Un sueño que duró poco
Los asentamientos mediante decretos de urgencia conllevaban un sesgo de legalidad según el orden republicano, obligado por el brío campesino. En el caso de Aníbal “mi bisabuelo obtuvo para la familia 24 hectáreas que a día de hoy mantenemos en la finca Portero, en suelo salmantino, con distintos usos”. Esa ubicación remota, admite Aníbal, condicionó que la virulencia de las arremetidas falangistas en Extremadura no se cebasen con su familia tras la entrada de la columna del Teniente Coronel Yagüe. Pero no fue lo normal. En lugares como Badajoz, lo saben. Con 4.000 civiles ejecutados el 14 de agosto de 1936. En un margen de pocos meses, los jornaleros volvieron a ser desposeídos de eso que les devolvió la dignidad. Las tierras (además de la vida).
Un estereotipo victimista que no gusta
“La posterior represión franquista dejó 10.000 muertos solo en la provincia de Badajoz”, señala Carlos Sagüillo, historiador y miembro de la Asociación 25 de marzo. Colectivo que pide la declaración de esa fecha como el auténtico Día de Extremadura, en contraposición al 8 de septiembre, marcado por un sentido litúrgico e imperialista vinculado a la Virgen de Guadalupe, reina de la Hispanidad.
Sagüillo lamenta que el hecho fuese ninguneado en los libros de historia durante décadas y que, una vez destapado, imperase una visión meramente victimista cuando “no era así, esa jornada tenía un claro sesgo de lucha social, pero era una perspectiva que no interesaba remarcar porque además podía interpelar a la actualidad”.
La historia desde distintos ángulos. La herida, sigue abierta.