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'La vida toda', un cómic que nos recuerda las consecuencias de las dictaduras y la necesidad de combatirlas

  • Ángel de la Calle y Jordi Sempere lo publican coincidiendo con el 50 aniversario de la dictadura argentina
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En primer plano, una pareja se abraza; uno de ellos, de espaldas, con cabello oscuro y camisa clara, muestra manos con heridas. Al fondo, se intuyen figuras de soldados y un tanque, evocando un contexto de conflicto.
Detalle de la portada de 'La vida toda'

Este 24 de marzo se cumplen 50 años del golpe de Estado de Jorge Rafael Videla en Argentina. Con este motivo, Ángel de la Calle (Molinillo de la sierra, 1958) y Jordi Sempere (Barcelona, 1963), presentan La vida toda (Garbuix Books), una novela gráfica que documenta el horror del terrorismo de Estado y rescata la dignidad de las historias mínimas sepultadas por la dictadura.

Una imprescindible novela gráfica que nos traslada hasta 2002 para contaros la historia de Daniel, un psicoanalista argentino de mediana edad que vive exiliado en París hasta que descubre que tiene una hija fruto de su relación con una novia idealista que perteneció a la organización política y revolucionaria de los montoneros y que “desapareció” durante la dictadura. Ese descubrimiento le obligará a enfrentarse a un pasado del que ha huido durante todos esos años.

Página de 'La vida toda' (Garbuix books)

Una estupenda novela gráfica en la que Ángel vuelve a reflexionar sobre las dictaduras, a las que ya se acercó en Pinturas de guerra (Mejor obra española en Cómic Barcelona 2018) “Cuando hice ese cómic, que hablaba sobre las dictaduras, el exilio y el arte contemporáneo, me encontré con algunas historias reales que me impactaron bastante y he usado dos de ellas para construir esta novela gráfica”.

“La primera –continúa-, era la historia de un hombre al que 25 años después de exiliarse, en 2002, le dicen que han encontrado a su hija en Argentina. Y mezclo esa historia con la del sobrino de una persona que apareció. Estos niños que desaparecieron siendo bebés, tienen ya entre 30 y 40 años. Y el personaje real me contó que, para poder conocer a su sobrino, una las condiciones que le puso es que no tocasen a sus padres adoptivos, porque había tenido una vida muy feliz con ellos”.

De hecho, a la hija del protagonista del cómic, casi le han lavado el cerebro para que no supiera nada sobre la dictadura argentina: “Eso era básico para la historia porque esta joven acaba renegando de todo lo que fue su madre. No quiere ser hija de unos terroristas asesinos que ponían bombas; quiere seguir viviendo con esos militares bien situados que le han inculcado la idea de que se defendieron de aquellos tipos que querían acabar con la civilización cristiana occidental”

“Igual que sucedió aquí con la dictadura franquista, mataban a las madres y se quedaban con sus hijos a los que reeducaban. Aquí asistiremos a ese reencuentro, pero, lo que en Hollywood habría sido un final feliz, aquí es solo el principio de la historia, porque muchos de esos hijos robados que han sido felices, no quieren saber nada de un pasado que no conocieron”, asegura el guionista.

Página de 'La vida toda' (Garbuix books)

La importancia de cerrar las heridas

El cómic también habla de las heridas, de la importancia de cerrarlas y de ese debate sobre enterrar o no el pasado. “En Argentina las heridas siguen abiertas, porque, por ejemplo, los condenados en los famosos juicios de 1985 viven maravillosamente. Solo hay uno que no quiere que lo declaren libre (Alfredo Astiz) porque, aunque vive a todo tren, sabe que en cuanto lo suelten el Estado francés mandaría a la Interpol a detenerlo por el asesinato de dos monjas francesas. Entonces sí que estaría preso en una cárcel francesa, como es debido, y no en el paraíso en el que lo tienen a él y a los demás represores, torturadores y genocidas”.

“El problema de las leyes de punto final, como bien sabemos en España, es que acabas teniendo a 100.000 personas en las cunetas –añade el guionista-. La diferencia es que allí son desaparecidos. No sabemos dónde están. Por eso los herederos de las víctimas y de los genocidas discuten continuamente si son 29.000 desaparecidos o 30.000, como si eso importase. Lo importante es que siguen desaparecidos. Cuando hablamos de la guerra civil, hablamos de ahora, y en Argentina es igual. En estos momentos tienen a un presidente que apoya a las genocidas”.

“Cuando juzgaron, en 1985, a Emilio Eduardo Massera (exalmirante y miembro de la primera junta militar argentina) se defendió con aquella famosa frase: "vencedores juzgados por perdedores". Y es que tanto ese torturador genocida como Videla no se podían explicar que ellos, que habían salvado a la civilización occidental, pudieran estar siendo juzgados. Por eso es tan importante la justicia y la reparación. Si hacemos como nosotros: olvido, olvido y más olvido... por ejemplo, cuando en el instituto nos saltamos la guerra civil, es que no vamos bien. Y en Argentina ahora mismo van muy mal”.

Eso lleva a los intentos de alterar la historia: “En Argentina, los que tienen en el poder están todo el día con ese tema. Con contradicciones como las de Patricia Bullrich, que fue ministra de Seguridad Nacional y que durante la campaña electoral dijo que era una montonera que ponía bombas. Y acabó siendo una de las mayores represoras políticas. Representa lo más despreciable en la política. Vivimos tiempos complicados”.

Página de 'La vida toda' (Garbuix books)

El intervencionismo norteamericano

En el cómic también está presente ese intervencionismo norteamericano en Latinoamérica, que estuvo detrás de muchos de los golpes de estado y dictaduras. “Es triste –asegura Ángel- que lo que hicieron entonces con tanques y con la Escuela de las Américas en Panamá, o sea, teniendo comprados y educados a los militares para que dieran los golpes de estado cuando ellos lo consideraban, ahora esté sucediendo democráticamente con elecciones”.

“En los gobiernos que llegaron a muchos de esos países 25 años después –añade Ángel-, sus dirigentes se reivindicaban en la memoria de aquellos luchadores contra las dictaduras, mientras que ahora, 20 años después, están los que reivindican la memoria de aquellos genocidas. Supongo que será algo cíclico y que más pronto que tarde volverá a haber una generación de dirigentes que reivindiquen la libertad, la democracia y los derechos humanos. Y que se reivindique a aquellos luchadores que llegaron a pensar que no podían cambiar el mundo con los votos porque cada vez que ganaban unas elecciones les daban un golpe de Estado”.

Destacar la estupenda documentación que maneja Ángel de la Calle. “Ya la tenía de Pinturas de guerra, porque ahí es donde tuve que entender lo que pasó en esas dictaduras. Me ayudó mucho la obra La Voluntad. Una historia de la militancia revolucionaria en la Argentina, de Eduardo Anguita y Martín Caparrós. Y tuve la suerte de poder conocerlos. También entrevisté a sobrevivientes de los campos de la muerte y a muchas otras personas. E internet también ha sido de gran ayuda”.

En cuanto a por qué ha decidido dejar la parte gráfica en manos de Jordi Sempere, Ángel nos confiesa: “Comencé esta historia en Angulema, aprovechando que me dieron una beca. Hice el guion entero y el storyboard, pero cuando volví a España tenía otras cosas y pedí a Sempere que la dibujase. Y Anna Ruiz (Barcelona, 1962) se encargó del color”.

“Jordi es uno de los mejores dibujantes de mi generación, muy popular por sus trabajos de humor gráfico. Conseguí convencerlo para que se implicase en esta historia larga y para que cambiase su estilo, para que dibujase de una forma más realista. Su contribución al cómic ha sido fundamental en todos los aspectos”.

Página de 'La vida toda' (Garbuix books)

Un dibujante excepcional

Para los que conocemos esa parte más humorística del trabajo de Jordi Sempere (TBO, El Jueves, Cairo), los maravillosos dibujos de esta historia han sido un descubrimiento. “Yo estaba trabajando en una historia mía, pero estaba un poco atascado. Y cuando Ángel vino con este guion tan interesante no lo dude. Lo curioso es que es la primera vez que me dan un storyboard, un guion prácticamente dibujado, lo que me permitió hacerme una idea muy completa de la historia”.

“Luego, eso sí, tuve que adaptarlo a mi estilo, porque yo tengo un sistema narrativo y un ritmo diferentes. Eso me costó un poco más. Lo que hice fue apropiarme del guion y desarrollarlo en base a mi forma de trabajar. Por ejemplo, yo hago más metáforas visuales, añado más fondos y me centro más en las caras de los personajes. Al final es una forma diferente de enfocar el mismo guion. Me he apropiado de él”.

Ángel también me pidió que no fuera efectista –añade Sempere-, en el sentido de buscar efectos gráficos inútiles o gratuitos. Quería que la narración fuera sencilla, sin buscar encuadres efectistas sin ton ni son. Por eso no hay picados, no hay grandes panorámicas, no hay paginaciones complejas… Hablamos mucho de lo que necesitaba la historia y nos pusimos de acuerdo en ese sentido”.

Página de 'La vida toda' (Garbuix books)

“Es una historia muy actual”

Aunque la historia esté ambientada en dos épocas (1975 y 2002), Sempere asegura que: “Yo la veo como una historia muy actual con lo que está pasando ahora mismo. Y me interesa mucho la reacción del protagonista. Porque, de alguna manera, no hace nada. Y eso impide que la historia progrese. Y ahora estamos en un momento parecido, en el que hay grandes acontecimientos a nuestro alrededor, y parece como si no nos importase”.

Y al final eso provoca que los problemas se enquisten –añade el dibujante-, que se queden en nuestro interior como una especie de deuda pendiente supurando bajo la piel. Eso provoca que al final acabe todo reventando. Eso es lo que más me llama la atención del protagonista, con el que no puedes empatizar, porque estás deseando todo el rato que tome por fin las riendas de su vida y haga algo”.

“Ese protagonista –concluye-, es una especie de metáfora de todos nosotros cuando no hacemos nada ante todo lo que está pasando a nuestro alrededor. Y, aunque sea una historia ambientada en Argentina, también tiene mucho que ver con lo que pasó en nuestra dictadura. Como el robo de hijos o el exilio. Todos esos temas nos tocan muy de cerca, porque las dictaduras son igual de crueles en todas partes”.

Por ejemplo, en el tema de robo de niños: “Lo triste es que mataban a las madres en el momento de parir, como quien dice, y daban esos bebés a familias adeptas al régimen. Con lo cual esa persona es fruto del entorno en el que crece. Y cuando piensas que tus padres adoptivos han colaborado en el asesinato de los biológicos, me parece una historia realmente dura”.

“Por eso admiro tanto el trabajo de las Madres de la Plaza de Mayo, ahora abuelas –asegura el dibujante-. Por eso nuestro protagonista tendrá que luchar para ganarse el cariño de esa hija que no sabía que tenía. Y por eso lo sitúo frente al mar, como una frontera que tiene que cruzar para poder comenzar otra vida diferente, no sabemos hacia dónde”

Sempere también insiste en ese intervencionismo norteamericano del que nos hablaba Ángel: “Está pasando literalmente lo mismo que en aquella época. No entramos demasiado en ese tema porque ya lo trató Ángel en Pinturas de guerra. Además, aquí hemos decidido no reflejar escenas de violencia explícita, más allá de la aparición de tanques”.

Página de 'La vida toda' (Garbuix books)

"Suelo basarme en personas que conozco"

Jordi Sempere logra una estupenda inmersión en la época gracias a su excelente documentación: “Por suerte tenemos internet, que incluso te permite pasearte por Buenos Aires y entrar en algunas de las villas más lujosas”.

En cuanto al color de Anna Ruiz, Sempere nos explica: “Es fundamental para la historia, porque nos permite diferenciar claramente las dos épocas en las que transcurre. Anna está acostumbrada a trabajar con más color, pero aquí o hemos limitado mucho. Un tono gris azulado para 2002 y un tono ocre con toques de rojo para 1975”.

Sobre el diseño de los personajes, el dibujante nos comenta: “Suelo hacerlos basándome en personas que conozco. Por ejemplo, la protagonista se basa en mi mujer y la hija también es la mía. Así también consigo que tengan ese aire familiar”.

“Y el protagonista es un personaje arquetípico –añade-. En su guion gráfico original, Ángel dibujó a Ricardo Darín, pero a mí me parecía que eso le daba un aspecto demasiado carismático y opté por un personaje más mundano. Aunque luego me di cuenta de una cosa divertida, de que su versión joven, con pelo largo y barba, se parecía al Macbeth que dibujé en 2013. Así que prácticamente he usado el mismo actor para dos papeles diferentes, aunque Macbeth estaba todo el día enfadado y gritando, mientras que aquí es un personaje amable”.

En cuanto a sus proyectos, Jordi Sempere nos comenta: “He empezado la novela gráfica que comentaba antes, ya llevo diez páginas y la idea es conseguir un ritmo más regular”.

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