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Muere el documentalista Frederick Wiseman a los 96 años

  • Su primera película fue prohibida durante 25 años en Estados Unidos
  • En 2016, ganó un Oscar honorífico por el conjunto de su carrera
Muere el documentalista Frederick Wiseman a los 96 años
En cineasta Frederick Wiseman en 2024. LOIC VENANCE / AFP
RTVE.es

El director de documentales Frederick Wiseman ha fallecido este lunes a los 96 años. Un cineasta que ha radiografiado durante más de 50 años la sociedad estadounidense, con una mirada crítica sobre sus instituciones, desde el sistema penitenciario a la ópera y ha inspirado a otros realizadores.

El cine fue una pasión tardía para Wiseman. Nacido en Boston el 1 de febrero de 1930, siguió los pasos de su padre, un abogado judío ruso y estudió Derecho en la Universidad de Yale para luego dar clases en la Universidad de Boston.

Antes de comenzar su labor docente, pasó dos años en París donde filmó películas amateurs en 8 mm sobre su vida en la capital francesa. De vuelta en Estados Unidos, decide producir The Cool World, una historia sobre un gueto negro a medio camino entre la ficción y el documental. "Al observar el rodaje, me convencí que podía hacerlo yo mismo", contaba en una entrevista.

Película prohibida

Su primer documental en blanco y negro fue Titicut Follies, estrenado en 1967, en el que muestra de forma cruda la vida cotidiana de un hospital psquiátrico para enfermos mentales con condenas penales en Massachusetts. La película fue polémica y el Estado de Massachusetts logró prohibir su exhibición en las pantallas de EE.UU. durante 25 años por "atentar contra la intimidad de los pacientes".

Maestro del cine directo, Wiseman rueda a un ritmo de un largometraje al año. Desde su primera obra, todo lo que marca su estilo ya está presente: filma hombres y mujeres muy de cerca, sin voz en off, sin entrevistas, sin música ni iluminación adicional.

"Lo que más me interesa es filmar el comportamiento de los humanos en situaciones diferentes" decía Wiseman en 2017. Desde los inicios del siglo XXI, pasaba una parte del año en París y su obra se compone de una cincuentena de documentales, algunos con varias horas de duración, realizados en Estados Unidos y Francia.

De la salud a la educación

El director ha explorado con su cámara la educación (High school, At Berkeley), una oficina de ayuda social en Nueva York (Welfare), unos grandes almacenes (The Store), los hospitales (Hospital, Near Death), un alojamiento social (Public Housing), teatros y operas (La danse, le ballet de l'opéra de Paris, La comédie française ou l'Amour joue)...

El cineasta se ocupaba de cuestiones de fondo que era capaz de encarnar de forma muy concreta desde la democracia a la justicia o el Estado de derecho con una gran intuición. Entendía el documental como cine, no como un reportaje largo, según el director Nicolas Saada tenía "un enfoque artístico de su trabajo", cuidaba mucho los sonidos y poseía "un gran ojo para el encuadre".

Realizador y escenógrafo, rodaba con un equipo muy reducido, un cámara, Wiseman se encargaba de captar el sonido y a veces usaba un asistente sin ensayos previos. La mayoría de las secuencias están tomadas con la cámara al hombro, filmaba mucho material, durante semanas enteras y tardaba meses en la mesa de montaje.

Oscar de honor

Gran lector, amante del esquí, la danza y el teatro también ejerció de dramaturgo en París con montajes de La última carta de Vassili Grossman o Los días felices de Samuel Beckett. Tenía un agudo sentido del humor, le gustaba reír y bromear y no se tomaba la vida demasiado en serio.

Consiguió el primer León de oro de la historia a un documentalista en 2014 y dos años después fue premiado con un Oscar honorífico a toda su carrera. Sus películas han influenciado a otros cineastas como Stanley Kubrick en La chaqueta metálica, Milos Forman en Alguien voló sobre el nido del cuco o a Gus van Sant y Wes Anderson. "A veces, los directores de ficción copian secuencias de mis films", constataba.

Wiseman logró atrapar la vida estadounidense de una forma inédita. El padre del documental moderno ha muerto, pero su legado sigue vivo.