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Chillida sueña el espacio en la patria común del horizonte

  • Eduardo Chillida. Soñar el espacio puede verse en Conde Duque hasta el 21 de junio
  • La exposición reúne 102 piezas del artista vasco entre esculturas y obra en papel
Chillida sueña el espacio en la patria común del horizonte
Detalle de la exposición 'Eduardo Chillida. Soñar el espacio' Jesús Hellín EP/ Jesús Hellín

"Eduardo Chillida era un hombre muy reflexivo, le daba mucha importancia a la línea, a las entradas, las salidas, los vacíos, los llenos, la luz y las sombras", así esboza los rasgos del escultor vasco Alicia Vallina, comisaria de la exposicón que acoge el Centro Cultural Conde Duque hasta el próximo 21 de junio.

Eduardo Chillida. Soñar el espacio reúne 102 piezas, una veintena de esculturas de pequeño formato y 180 obras sobre papel de un artista que, según cuenta su hijo Luis, "hubiera vivido debajo de un puente" de no ser por su madre, Pilar Belzunce.

Portero de la Real Social, una lesión le apartó del terreno de juego y le llevó a estudiar Arquitectura en Madrid, una carrera que abandonó porque "no se veía capaz, prefería algo más libre, más abierto". Pasó a dibujar en el Círculo de Bellas Artes y como su mano derecha "era demasiado hábil" se obligó a trabajar con la izquierda para "ser más torpe, más lento y pausar el tiempo".

Chillida en el Conde Duque

Dibujo de las manos de Eduardo Chillida y Pilar Belzunze, fechado en 1956.

Con la excepción de algunos autorretratos, retratos familiares y unas manos, no hay más dibujos figurativos en la exposición, pero siempre tienen una dimensión escultórica. Vallina explica en una entrevista a RTVE.es el peso de "la geometría donde la figura va ocupando y va pidiendo su espacio, lo mismo que las manos, donde retrata sus propias manos y también las de su mujer, Pilar Belzunze. Esas manos atrapan el espacio, lo intentan controlar, pero a la vez lo dejan libre".

La línea nos iguala

El visitante se encuentra con un estudio en hierro forjado a pequeña escala de El elogio del horizonte, la pieza emblemática del escultor situada en el cerro de Santa Catalina en Gijón. La comisaria, en una entrevista con RTVE.es, apunta que "Chillida decía que la línea era lo que nos igualaba a todos como seres humanos. Y esa línea que definía el horizonte podía ser la patria común de todos nosotros".

Vallina añade que "el arte puede ser un elemento de unión, un lugar de encuentro, como esa sirena varada, aquí en yeso, y que también está en el Paseo de la Castellana, en el Museo de Escultura al aire libre". Precisamente, el alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida ha destacado que obras de Chillida se pueden contemplar en la Plaza del Rey, el parque Agustín Rodríguez Sahagún, bajo el puente de Juan Bravo o en la Fundación Juan March y el Museo Reina Sofía.

Exposición de Chillida en Conde Duque

La escultura de Chillida 'La profundidad es el aire' en primer plano.

La exposición recoge todas las series de Chillida en las que el vacío invade sus reflexiones como artista. La comisaria destaca una escultura de alabastro que se titula Lo profundo es el aire (ver arriba) en la que "el aire penetra, entra y sale por las oquedades y juega con ese espacio".

Chillida es conocido por sus piezas en hierro, acero corten u hormigón, pero también trabajó el granito, la madera, el alabastro o el yeso. Eduardo Chillida. Soñar el espacio permite observar una de sus primeras piezas en yeso, realizada en París, expuesta en el Salón de Mayo "un material para él importantísimo porque lo descubre a través de sus constantes visitas al Museo del Louvre, admirando la Victoria de Samotracia y las obras griegas".

Vallida asegura que Chillida se reconcilia con la luz del Mediterráneo en el año 63 y hace un viaje con su mujer a Grecia "donde vuelve a recuperar el uso del alabastro. Esa luminosidad un poco más alejada del hierro, de la madera, que son materiales más del norte de España". Al artista vasco le gustaba definirse como un árbol "con las raíces en un país y las ramas abiertas al mundo".

Chillida en Conde Duque

Obra en papel de Eduardo Chillida. Jesús Hellín EP/ Jesús Hellín

La obra en papel de Chillida escapa de la bidimensionalidad para proyectarse en el espacio, con una calidad excelente del papel, el gramaje, transitando por el collage, con cortes en la superficie, sosteniendo las hojas "con cuerdas para darle movimiento, verticalidad, pero también musicalidad. La música era importante para él, por influencia de su madre (la soprano Carmen Juantegui)".

Papel tridimensional

Los grabados y dibujos articulan su pensamiento plástico y no se trata de obras preparatorias, ya que tienen su propio valor. Entre los ejemplos que se pueden encontrar en el recorrido, hay grabados realizados en tinta, carbón o sanguina y dibujos geométricos como el Boceto para la plaza de los Fueros de Vitoria o Jaula de libertad.

La retrospectiva sobre el artista vasco incluye además la serie Gravitaciones blancas y a tinta, realizada a partir de 1985, una producción muy interesante y vinculada a las esculturas, en la que se genera una tercera dimensión. Chillida "deja hablar siempre a la materia. No la controla, no la domina cuando la tiene en las manos. Deja que cada elemento hable por si mismo", concluye Alicia Vallina.

La exposición, patrocinada por Ibercaja, se vio antes en Zaragoza, y puede visitarse hasta el 21 de junio en Madrid, luego viajará a La Térmica de Ponferrada y más tarde recalará en Tarragona.