Más allá de las bellas estampas japonesas del ukiyo-e: "La voz de las mujeres nunca pudo ser sofocada"
- Bellezas del mundo flotante puede verse del 12 de febrero al 31 de mayo en Alcalá 13
- Las 77 obras maestras del grabado japonés provienen de la Colección Pasamar-Onila
Un hombre ama a otro hombre, uno de los amantes muere, el otro cae en la depresión y busca consuelo en la belleza del arte. Ese varón es Víctor Pasamar, su amado era Marianne Emile Onila, que renegaba de su nombre y se hacía llamar Pedro. En su memoria, este aragonés de Gallur ha ido comprando estampas japonesas hasta reunir más de un millar en la Colección Pasamar-Onila que ahora puede verse en Madrid.
Los grabados japoneses más conocidos son los ukiyo-e o mundo flotante que transmiten la idea de la felicidad en lo efímero, frente al mundo doloroso de la religión budista. Dentro de estas estampas, las más populares fueron las que representaban "imágenes de mujeres bellas" bijin-ga y las que bajo el poético nombre shunga "imágenes de primavera" plasmaban escenas eróticas de alto voltaje.
Bellezas del mundo flotante, Bijin-ga en la edad de oro del ukiyo-e se expone en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando del 12 de febrero al 31 de mayo. Se exhiben 77 obras de la Colección Pasamar-Onila con la colaboración de la Diputación Provincial de Zaragoza y el Ayuntamiento de Madrid.
'Cortesanas de la Casa Tamaya sita en Edo-machi icchōme', 1843-1847, de Utagawa Sadahide. Javier Romeo Frances FOTO: Javier Romeo Francés
La esencia del ukiyo-e giró en torno al ideal de sofisticación, iki, como modelo de comportamiento y expresión formal. Desde esa construcción teórica, las escenas y sus protagonistas, así como las propias estructuras compositivas, responden a una concepción idealizada de lo real que se traduce en el empleo de estereotipos y sistemas de representación canónicos.
En el género bijin-ga se representa a cortesanas de alto rango de los barrios del placer, en particular las oiran del distrito de Yoshiwara, solas o en compañía de sus jóvenes kamuro. Ahora bien, los artistas ukiyo-e también apreciaron la belleza femenina en las escenas cotidianas, en la privacidad de su hogar, leyendo o escribiendo poesía, y también viajando por los lugares famosos de Edo, el monte Fuji, el río Sumida, la isla Enoshima.
'[La cortesana] Miyato de [la Casa] Kado Tamaya' de Isoda Koryūsai. Serie ‘Modelos de moda: diseños de Año Nuevo tan frescos como hojas tiernas’. Javier Romeo Frances Javier Romeo Francés
La muestra reúne obras de los maestros clásicos de la edad de oro del grabado japonés, entre el último tercio del siglo XVIII y la primera mitad del XIX. Se exhiben preciosas estampas en formato ōban, el más común de la época, también un grupo de ocho insólitas hashira-e, "imágenes de pilar o columna" muy alargadas, dípticos verticales o kakemonos, sofisticados trípticos y un políptico excepcional de seis hojas de Utawaga Kunisada.
'La casa de baños de Akashi' de Utawaga Kunisada, políptico de seis hojas. Javier Romeo Francés FOTO: Javier Romeo Francés
Durante el período Edo (1615-1868), el mundo flotante alcanzó su máximo esplendor, los ukiyo-e circularon en las ciudades, sobre todo en Tokio, la nueva capital del shogunato Tokugawa, centro de la producción y distribución de arte gráfico, impulsado por la prosperidad de comerciantes y artesanos, cada vez más alfabetizados y cuya demanda satisficieron los editores que competían por ofrecer las mejores estampas y libros ilustrados.
Escenas de sexo
De la belleza al erotismo solo había un paso, que se manifestó en el hedonismo sexualmente explícito del género shunga. Esta especialidad la trataron todos los grandes maestros del ukiyo-e. Debido a su elevado precio, las obras shunga se alquilaban, además de venderse, y eran un selecto regalo, que se consideraba de buen augurio para propiciar la fertilidad.
Los editores y libreros ganaron fortunas con su comercio en tiradas de miles de ejemplares. Aparte de la clientela masculina, está también documentado su uso por mujeres y, de hecho, la protagonista de una de las estampas de la exposición, Bellezas chinas en un banquete (1790) de Kitagawa Utamaro, se recrea contemplando una escena de shunga.
Bellezas chinas en un banquete, 1790, de Kitagawa Utamaro. Javier Romeo Frances FOTO: Javier Romeo Francés
Utamaro fue un artista reconocido en su época, pero sus escenas licenciosas le pusieron en el punto de mira de las autoridades. El comisario de la muestra, Daniel Sastre, explica a RTVE.es que las estampas tenían un sello de la censura, que literalmente rezaba "revisado", pero que el gremio de editores realizaba una autocensura previa. Como "aquello era un coladero" en los años posteriores se añadieron más detalles como el nombre del funcionario (el censor) y la fecha del visado.
Artista entre rejas
En cuanto a Utamaro, pese a que las estampas shunga no estaban firmadas y se vendían bajo cuerda en las librerías o en transacciones privadas acabó en la cárcel con los cargos habituales "atentado contra la moral y las buenas costumbres". Para que su castigo fuera ejemplarizante, permanecía en prisión con las manos encadenadas, lo que le impedía seguir dibujando y dañaba de forma permanente su medio de vida.
Como curiosidad, Sastre apunta que las escenas shunga eran consideradas un regalo apropiado para una joven casadera, en ocasiones formaban parte de la dote que le enviaba su nueva familia política y solían guardarse en la almohada, para que las parejas pudieran contemplarlas juntos en la cama.
[La cortesana] Tachibana [de la Casa] Tsuruya y [sus asistentes] Sakon y Ukon del primer bloque de Kyōmachi, Kikugawa Eizan, c. 1830. Javier Romeo Frances FOTO: Javier Romeo Francés
El estudio de las actitudes y de los atuendos de las mujeres retratadas permite documentar los hábitos sociales y los cambios en la moda, se puede apreciar qué colores, cortes y motivos se llevaban en los kimonos de cada época. Las imágenes del ukiyo-e llegaron a Occidente, a través de los impresionistas franceses, entusiastas coleccionistas de estampas. El vivo colorido de estos grabados les cautivó por su experimentación con los efectos de la luz, sensualidad y elegancia.
Tacos con distintos colores
La técnica de grabado en madera al hilo se debía a expertos artífices que cortaban tacos con cuchillas o gubias en planchas de cerezo (no se trataba de xilografías que se hacen con buriles en madera de boj). La identidad de muchos de aquellos virtuosos grabadores quedó oculta bajo la sombra de los maestros creadores de imágenes en papel, cuyas composiciones luego transferían los entalladores.
A partir de 1760 se impuso una modalidad de estampación a color con varios tacos grabados, nishiki-e. Este método, del que nacían estampas elaboradas a base de colores planos perfilados con dibujos de línea gruesa, fue aumentando su complejidad, en un alarde de virtuosismo técnico similar al de las telas brocadas. Los artistas buscaron la variación tonal mediante la gradación de colores, bokashi, y la incorporación de volumen o textura en el papel al estampar detalles en seco.
Recreación de ‘La historia de Genji’. El jardín de noche, 1853, de Utagawa Hiroshige y Utagawa Kunisada. Javier Romeo Frances FOTO: Javier Romeo Francés
En una entrevista con RTVE.es, Víctor Pasamar apunta que era habitual que los artistas colaboraran cuando se trataba de series largas, por ejemplo, la serie de 100 poemas ilustrados de la literatura japonesa se las repartían entre tres y cada uno hacía 33 escenas. Otra posibilidad era que un pintor especializado dibujara el fondo y otro las figuras. En la escena de la vida de Genji (ver arriba) Hiroshige pinta el lago y el bosque "un paisaje maravilloso" y Kunisada diseña los personajes.
Mujeres de letras
Pasamar destaca el peso de las mujeres en la literatura japonesa, la primera novela moderna en la que los personajes muestran rasgos psicológicos diferenciados es La historia del príncipe Genji escrita por la dama de la corte imperial Murasaki Shikibu, en torno al año 1000, también menciona El libro de la almohada, un diario de la misma época de Sei Shōnagon, y cita a Ryōnen Gensō, monja budista cuyos versos han inspirado a Rosalía su canción "Porcelana".
“La voz de las mujeres nunca pudo ser sofocada“
El coleccionista subraya que hubo mujeres pintoras en Japón a las que les encargaban biombos, pero fueron muy pocas. En algunas estampas vemos a damas con pinceles en la mano, pero están haciendo caligrafía.
Entre los grabados expuestos ninguno tiene autoría femenina, pero ellas son las protagonistas y se refleja su vida. Pasamar asegura que "la voz de las mujeres nunca pudo ser sofocada y si dedicamos una mirada atenta, vemos también la resistencia de las mujeres".