'Marty Supreme': Timothée Chalamet, tras la redención del antihéroe americano del ping-pong
- Se estrena la película de Josh Safdie nominada a ocho premios Oscar
- Chalamet, favorito al Oscar a mejor actor, interpreta a un deportista sin escrúpulos
El género picaresco es siempre más salvaje en Estados Unidos: cuando las víctimas de las estafas de un buscavidas tienen armas, la cosa se complica. Marty Supreme, la película por la que Timothée Chalamet apunta al Oscar a mejor actor, se aprovecha de eso -y del talento del cineasta Josh Safdie- para componer un chute de adrenalina sobre un arribista neoyorquino de los años 50 sostenido, narrativamente, sobre el esqueleto del subgénero del drama deportivo.
¿Qué cuenta? Inspirándose en la vida de Marty Reisman, un extravagante jugador estadounidense de tenis de mesa que plasmó en sus memorias que tenía el “ego, ambición y pasión” para ser campeón y que jugar era “como ser Einstein, Hemingway y Joe Louis en un solo cuerpo”, Safdie, junto al guionista Ronald Bronstein, crearon a Marty Mauser: un individualista feroz que persigue el sueño de ser el mejor con la pala mientras pisotea a su entorno con una torpeza y estupidez absoluta.
En su alocada epopeya, siempre tratando de rapiñar todos los dólares que pueda engañando a cada ser humano con el que se cruza, embaraza a una joven casada (Odessa A'zion), tropieza con peligrosos gangsters (Abel Ferrera), seduce a una estrella de cine venida a menos (Gwyneth Paltrow), y encuentra su némesis deportiva en un jugador de tenis de mesa japonés sordo.
Casi hasta su final, Marty Supreme es una película de gozosa acumulación -acorde con su descerebrado protagonista-, y puro ritmo -sostenido por la energía pop, en la línea de Anora, de la anacrónica música ochentera de Tears for Fears o Alphaville. Sumando la fotografía del legendario Darius Khondji y el atractivo, por improbable, mundo del tenis de mesa, Marty Supreme posee una personalidad genuina mezclando sátira y violencia.
Josh Safdie es uno de los auténticos herederos de Martin Scorsese porque en su cine no solo se puede rastrear las marcas de estilo del director de Taxi Driver, sino que comparte también su vocación de retratista de los bajos fondos neoyorquinos de hoy y ayer: Marty Supreme puede resumirse como el encuentro del dinamismo disparatado de ¡Jo, qué noche! con el espíritu de época de Toro Salvaje.
¿Crítica o justificación del individualismo?
Safdie, separado, al parecer definitivamente, de su hermano Benny con el que firmó Good times y Diamante en bruto, encontró en la historia real de Reisman un eco personal: la de su propia aspiración para conseguir hacer Diamante bruto, travesía obsesiva en la que tuvo que superar innumerables trabas. El cineasta ha explicado que, tras filmar película, sintió un vacío que le llevó a reflexionar sobre el sentido de la ambición.
Gwyneth Paltrow, en 'Marty Supreme'.
Marty Supreme dialoga con dos películas claves del cine estadounidense de 2025. Comparte con The brutalist la crítica a la explotación del talento a cargo del capitalismo: si en la película de Bradley Colbert, el mecenas violaba al arquitecto, en la de Safdie, es un empresario de plumas estilográficas el que azota, literalmente, al deportista.
En cambio, navega en dirección opuesta a The mastermind, donde Kelly Reichard subvertía de verdad el género picaresco mostrando las destructivas consecuencias reales que sufría el patán atracador que encarnaba Josh O'Connor. En ese sentido, la película de Safdie puede ser perfectamente interpretada con las intenciones contrarias declaradas por su director, ofreciendo una convencional salida de éxito y redención familiar.