Antonio, el bailarín que sedujo con su arte a Isabel II y a Picasso
- El documental Antonio, el bailarín de España llega a los cines el 22 de enero
- Su director destaca su "gran genio" y que "todos sus espectáculos fueron exitosos"
Ni Gades, ni Canales, Antonio, el bailarín era Antonio Ruiz Soler, un genio de la danza que triunfó en Hollywood, con una ambición sin límites, que impulsó el Ballet Nacional de España y puso el mundo a sus pies.
Nacido en 1921 en Sevilla, talento natural, genio y figura, se escapaba de la escuela para bailar por las calles. Su formación comenzó muy pronto y también las giras internacionales. Haciendo pareja con Rosario debutó en el Festival de Lieja.
“Realito fue mi primer maestro. Fue el primero que me puso un pie delante del otro y me empezó a enseñar las sevillanas”.
Con solo ocho años, Los chavalillos sevillanos, nombre artístico de la pareja, bailaron en los Reales Alcázares ante Alfonso XIII y la reina Victoria Eugenia. Una actuación de 1929 que conserva en sus archivos una universidad estadounidense y se puede ver en el documental Antonio, el bailarín de España, participado por RTVE.
Genio de la danza
En una entrevista con RTVE.es, el director del largometraje, Paco Ortiz, asegura que Antonio tenía un ego "desmedido" y una "personalidad aspirativa, alguien que siempre quiere más, algo propio de los genios. Era inconformista, perfeccionista, una persona también divertida y, sobre todo, una personalidad inolvidable".
Lo define sin dudar como "el gran genio de la danza española, un gran embajador de la cultura de nuestro país en un tiempo donde no pasábamos por las mejores horas de prensa internacional. Un creador polifacético, bailarín o bailaor, coreógrafo, escenógrafo y empresario incluso".
La reina Isabel II fue a verle en su camerino, después de una actuación en Londres, para demostrarle su reconocimiento y su dominio de la danza con un análisis muy certero. Por contra, tras verle bailar, el comentario ramplón de Franco fue "parece usted de goma".
Picasso en la piscina
Picasso admiraba su arte. El pintor malagueño le invitó a bailar en la fiesta para celebrar su octogésimo cumpleaños y le regaló un dibujo hecho en una servilleta en el que plasmaba su figura, dedicado "para Antonio" y fechado el 29 de octubre de 1961. Un boceto que el bailarín hizo reproducir en el fondo de la piscina de su casa de Marbella.
Dibujo de Picasso en el fondo de la piscina del Martinete. airbnb.es
Tocado por la diosa Fortuna: "Todos sus espectáculos fueron exitosos". Su nombre artístico evolucionó de Rosario y Antonio a Antonio y Rosario y finalmente Antonio, cuando emprendió su carrera en solitario en 1952. Un bailarín que no necesitaba apellidos, "admirado a por la gente del flamenco (Lola Flores), de la danza clásica (Nureyev) y por toda clase de artistas".
Cuando Mijaíl Barýshnikov llegó a España dijo a un taxista que le llevara a ver a Antonio: "El taxista le dijo: Hay tres millones de Antonios en España y la estrella del ballet le contesto: Es el único Antonio que existe, el único posible: Antonio el bailarín. Ahí, ese taxista ya sabía dónde tenía que llevarlo, a la calle Coslada número siete", apunta Ortiz.
El director del documental señala que "todo el mundo le rendía pleitesía porque desarrollaba un arte de una gran calidad. En sus espectáculos, bailaba música de Falla o de Turina, e hizo lleno tras lleno en teatros míticos, en Europa, en América e incluso en Suráfrica".
Canales y Duato
Antonio Canales, que conoció al maestro personalmente, recuerda su virtuosismo técnico, su exigencia, pero también su generosidad. Conserva un hermoso sombrero negro cordobés que le regaló y cuenta en el documental cómo era su trato con los jóvenes bailarines.
La academia de Nacho Duato en Madrid está en el mismo sitio en el que Antonio tenía su estudio. Un lugar en el que trabaja Aída Gómez, bailarina que debutó a los 14 años en el Ballet Nacional de España bajo su batuta y sigue sintiendo su presencia. En una silla, una foto, con un mantón y una vela encendida, recuerdan cada día al genio.
Duato reconoce que le "hubiera gustado lograr lo que consiguió Antonio" (triunfar en Hollywood, revolucionar la danza española, crear su propio ballet y dirigir el BNE, entre otros hitos). En su haber, la farruca del molinero de El sombrero de tres picos, el vertiginoso zapateado de Sarasate o incorporar los clavos a los zapatos flamencos.
Diario de la cárcel
Antonio llegó a ir a la cárcel por blasfemia, por decir "me cago en los muertos de Cristo", durante un rodaje para un telefilme. Ortiz indica que fue "un sainete", solo estuvo 14 días arrestado, luego fue indultado y durante su encierro escribió un Diario de la cárcel, que luego fue un éxito de ventas, con lo que volvió a convertir un fracaso en triunfo.
El director del documental cuenta que "haciendo la entrevista a Carmen Roche, hubo luces que se apagaban y se encendían. No entendíamos por qué estaba pasando. Esto unido a que los lugares, con la presencia de alguien tan magnético, se quedan como impregnados, parece que allí estaba, pero es simplemente una broma".
Ortiz destaca que "un país que no baila en un país triste y creo que sería muy importante que las nuevas generaciones sepan y se sientan orgullosas de que tuvimos a un gran bailarín que era Antonio, el bailarín de España".
El documental Antonio, el bailarín de España, con la participación de RTVE, llega a los cines el próximo 22 de enero.
“Si la muerte me sorprendiera bailando, me gustaría morirme a ritmo de martinete”.
Un palo flamenco que siempre seguirá resonando en memoria de Antonio, el primero que lo supo bailar.